Las nuevas tendencias arquitectónicas de Quito | Vistazo

Las nuevas tendencias arquitectónicas de Quito

Alejandro Pérez Miércoles, 12 de Febrero de 2020 - 16:15
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En unos cinco años, el Centro Histórico, baluarte de la arquitectura quiteña y ecuatoriana, tendrá su contraparte contemporánea al norte de la ciudad, donde se levantan edificios de 20 y 30 pisos con nuevos conceptos urbanos.
 
Ecuatorianos y extranjeros solo identifican la arquitectura de Quito por su período y herencia colonial, a pesar de que hay obras maestras de la modernidad que han quedado opacadas por el descontrolado crecimiento de la urbe, y otras no valoradas. El último gran período de vanguardia arquitectónica fue el brutalismo, un estilo con diseños geométricos, que expone los materiales de construcción en bruto, dejando el hormigón como fachada, por ejemplo. Joyas de esta corriente son el Teatro Politécnico y el edificio de Ciespal.
 
El brutalismo tuvo su auge en la décadas de 1960 y 1970, y gracias a los recursos del boom petrolero, también se levantaron los edificios del Cofiec, la CFN y el Hotel Colón, en la Avenida Patria. Eran las estructuras más altas y modernas. Desde entonces, Quito sigue creciendo pero no ha experimentado una nueva vanguardia, hasta ahora.
 
Desde hace un par de años, en el corazón financiero de Quito, alrededor del parque La Carolina, se levantan lujosos edificios que pretenden “extender la vegetación del parque al penthouse”. Son ambiciosos proyectos de hasta 32 pisos que ofrecen una privilegiada vista de 360 grados de las montañas y volcanes que rodean la ciudad. Con diseños escalonados para la incorporación de terrazas y balcones que alberguen árboles y demás flora, la arquitectura de la Capital adquirirá un nuevo toque contemporáneo y ecológico.
 
Los diseños están a cargo de súper estrellas de la arquitectura mundial como Barjke Ingels, de la firma BIG, el israelí-canadiense Moshe Sadfie, o el venezolano Carlos Zapata, convirtiendo a Quito en la próxima frontera de la vanguardia, según describe la revista especializada Architectural Digest, con sede en Estados Unidos y conocida por destacar las innovaciones y talentos internacionales de la construcción y el diseño. Son obras de la firma Uribe & Schwarzkopf, que apuesta por un Quito vertical, que por ahora tiene cinco proyectos con estas características alrededor de La Carolina.
 
Este edificio de 24 pisos pensado por el arquitecto danés Bjarke Ingels, se inspira en los colores del Centro Histórico de Quito. 
 
Casa adentro también hay altas expectativas. Rómulo Moya Peralta, arquitecto y director de la revista Trama, dice que en los próximos diez años, con el desarrollo de más y nuevos edificios de calidad, por primera vez, el Centro Histórico tendrá una contraparte contemporánea. Es decir, que las altas fachadas del centro-norte también se convertirán en un atractivo y símbolo de la Capital.
 
Los cuatro períodos
Quito, al menos, tendría cuatro períodos arquitectónicos definidos, según Rómulo Moya. El primero: el colonial, del cual se ha nutrido el arte y refleja la identidad quiteña. Tal es la magnitud de conservación, a diferencia de otros cascos coloniales, que en 1978, la Capital fue declarada Primer Patrimonio Cultural de la Humanidad, por la Unesco, junto con la cuidad de Cracovia.
 
El segundo tiene lugar con el arribo de arquitectos checos que escaparon de Europa durante la Segunda Guerra Mundial, como Carlos Kohn y Otto Glass. Precisamente, la casa de Kohn, todavía conservada demuestra el inicio de la arquitectura moderna en Quito, con innovaciones tan sencillas como grandes ventanas, conexiones de vegetación hasta el interior de la vivienda y desniveles.
 
Un tercer momento es el brutalismo, plasmado por las mentes de los ecuatorianos Oswaldo de la Torre, Milton Barragán, Ovidio Wappenstein (nacido en España), entre otros, que sumaron sus obras para que una corriente mundial tenga su lugar en Ecuador. Esta estética era un desafío para su época: mostrar lo monumental de una estructura. El edificio de Ciespal, por ejemplo, tiene la idea de un árbol. Otros baluartes construidos en los últimos veinte años son la Capilla del Hombre y la Sede de la Unasur.
 
Un cuarto periodo arquitectónico parece surgir ahora en la ciudad con diseños eco-sustentables y de altura, por primera vez en Ecuador, dejando a Quito nuevamente a la vanguardia. “Las nuevas generaciones buscan lo eco-sustentable y los arquitectos de talla mundial ya no trabajan sin estos estándares”, dice Joseph Schwarzkopf, gerente de Uribe & Schwarzkopf.
 
El edificio de CIESPAL es uno de los registros de la corriente que se denominó 'brutalismo', por lo monumental de la obra y sus acabados o crudos en hormigón. 
 
Zona exclusiva
La construcción de estos nuevos edificios no es casualidad. Hasta antes de la salida del Aeropuerto, no se podía levantar más 8 o 16 pisos, dependiendo la zona. Pero en los últimos años, el Municipio introdujo una Ordenanza para que los promotores presenten proyectos con una matriz de “ecoeficiencia” que les permite hasta duplicar la altura permitida en cada perímetro. Se califican parámetros como ahorro de agua; sistemas de energía eficientes; y aportes ambientales, paisajísticos y tecnológicos.
 
Al menos 30 proyectos se han presentado a la Secretaría de Territorio para crecer en altura con esta normativa; 14 están aprobados, sin embargo algunos apenas crecen dos o cuatro plantas por sobre lo establecido, sin superar la altura de 20. Lo particular es que casi todos se levantan en las zonas de Iñaquito (parque La Carolina) y la González Suárez, las de mayor plusvalía, donde busca vivir la gente con más poder adquisitivo.
 
“La ecoeficiencia resulta un concepto novedoso y quizá pionero en América Latina, pero necesitamos que sirva a todo Quito”, dice Pablo Moreira, presidente del Colegio de Arquitectos del Ecuador, y del núcleo Pichincha. Precisa que la ordenanza debe revisarse porque hay parámetros técnicos que resultan muy costosos de asumir para otras inmobiliarias que desean suplir las necesidades de vivienda en sectores populares.
 
Al menos la zona de La Carolina tendrá un nuevo horizonte de altura, con la construcción de estos inmuebles que se terminarán en dos o tres años. La González Suárez también está en el mismo camino. El Metro, que entrará en operaciones en el segundo semestre de este año, podría atraer nuevas para un Quito vertical.
 
“Pero hay que tener cuidado de no perder el privilegiado horizonte de Quito rodeado de montañas, vista que puede quedar impedido por grandes edificios. La nueva arquitectura debe ir tener concordancia con su paisaje”, dice Marianela Cruz, coordinadora de la Maestría de Urbanismo, de Universidad Tecnológica Equinoccial (UTE). Son los nuevos retos de la Quito.
 
Por siglos, el referente arquitectónico en Quito ha sido su Centro Histórico. 
 
Otras zonas de crecimiento
Con el objetivo de repoblar zonas que antes eran centralidades como el eje de la 10 de Agosto, el Municipio de Quito planteó el anterior año el proyecto de un Corredor Metropolitano de 43 kilómetro, que vaya paralelo a la línea del Metro, y una el Norte con el Sur. Muchos predios e inmuebles en esta zona están abandonados porque sus habitantes prefirieron trasladarse a vivir en los valles.
 
La iniciativa plantea reconstruir la zona con áreas verdes, plazas, ciclovías para hacer una urbe más amigable con el peatón. También levantar nuevas soluciones habitaciones que concentren la población. El Municipio llamó a concurso para elegir las mejores propuestas; en noviembre se eligieron tres finalistas y se espera tener uno para los próximos meses.
 
Otro punto de crecimiento es el Parque Bicentenario, donde se ubicaba el antiguo Aeropuerto Mariscal Sucre. El Municipio emitió una ordenanza que permite crecer a esa zona en altura hasta 30 pisos. La iniciativa proyecta implantar proyectos inmobiliarios de gran escala en terrenos baldíos y subutilizados. Pero aún no hay propuestas.
 
Son zonas en las que podrían plasmarse nuevas corrientes arquitectónicas que den identidad a Quito, y superar el crecimiento desordenado de las últimas décadas.