La espera por su liberación fue en vano | Vistazo

La espera por su liberación fue en vano

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La espera por su liberación fue en vano

María Belén Arroyo | [email protected] Jueves, 14 de Febrero de 2019 - 16:52
Lo que ocurrió durante el cautiverio del equipo periodístico de diario El Comercio, en marzo y abril de 2018, pudiera ser esclarecido por las Fiscalías de Ecuador y Colombia. Los titulares de ambas instituciones firmaron un acuerdo de cooperación.
 
Ruth Palacios, Fiscal de Ecuador, y Néstor Humberto Martínez, Fiscal de Colombia, suscribieron el “Protocolo de Confidencialidad en Materia de Cooperación Judicial Internacional”, en Quito. Tras el acto, el fiscal colombiano advirtió que ese instrumento permitirá investigar las actividades del frente Oliver Sinisterra, integrado por disidentes de las FARC, que no se acogieron al proceso de paz. El grupo irregular está integrado por colombianos y ecuatorianos, en nuestro territorio opera en el norte de Esmeraldas, Imbabura y Carchi.
 
Las interrogantes
 
¿Qué pasó esas críticas primeras 48 horas del secuestro de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra?
 
El libro “Rehenes: ¿Por qué ejecutaron a los periodistas de El Comercio?” –lanzado a fines de enero pasado en Quito- revela que los captores decidieron liberarlos. Muestra además impactantes imágenes, obtenidas desde el aire por un artefacto que registró las huellas calóricas de tres personas en actitud de espera: serían los tres cautivos. A poca distancia, se muestra lo que sería un anillo de seguridad y vigilancia. 
 
En la investigación periodística, por primera vez una autoridad ecuatoriana confirma que dos días después del secuestro, los captores del frente Sinisterra decidieron soltarlos. Pero inesperadamente cambiaron de planes. ¿Qué les hizo desistir e internarse selva adentro para asesinarlos el 7 de abril de 2018?
 
 
El exministro del Interior, César Navas, quien lideró el comité de crisis durante el secuestro, admitió que, tras las primeras 48 horas, las autoridades supieron que los captores iban a soltarlos. 
 
“Solo nos dijeron que de un momento a otro los habían movido de la zona. Con la información preliminar de que iban a liberarlos, movilizamos aviones y helicópteros. Ese dato se manejó al más alto nivel, y se preparó un equipo especial para los traslados y los chequeos médicos”. 
 
Durante los dos primeros días del cautiverio, Javier Ortega, periodista; Paúl Rivas, fotógrafo; y Efraín Segarra, el conductor de la camioneta, no estuvieron encadenados y tuvieron cierto margen de movilidad. No se hallaban lejos del límite fronterizo. 
La decisión de liberarlos fue conocida, en primera instancia, por las autoridades colombianas, la tarde del miércoles 28 de marzo de 2018. En Ecuador, el comité de crisis preparó la logística para recibirlos, y coordinó el desplazamiento del fiscal Christian Rivadeneira.
 
Él confirmó que durante varias horas esperó en el Batallón de Infantería de Marina de San Lorenzo (BIMLOR), y que todo estaba listo para trasladarlos por vía aérea a Tachina, en Esmeraldas, y a Quito.
 
Inesperadamente, se frustró. Según testimonios, tras constatar que se realizaban operaciones de tropas colombianas en la zona, los captores optaron por internarse con los rehenes en la selva. 
 
Las condiciones del cautiverio se endurecieron: con el paso de los días los encadenaron. Un factor actuó en su contra: el feriado de semana santa. El lunes 2 de abril, los disidentes enviaron el video casero, al canal de comunicación abierto a través del teléfono celular de los negociadores ecuatorianos. En él Javier clama: “Presidente Moreno, en sus manos están nuestras vidas”. 
 
La noche del sábado 7 de abril de 2018, Walther Patricio Arizala, Guacho, habría cumplido su amenaza. Y habría ejecutado al equipo periodístico del diario El Comercio, integrado por Javier Ortega, de 31 años; Paúl Rivas, de 45; y Efraín Segarra, de 60, acribillados por balas en la zona selvática de Los Cocos.
 
La investigación publicada en el libro “Rehenes” fue realizada durante más de nueve meses, tanto en Colombia como en Ecuador. El libro plantea que hubo operaciones combinadas de las policías de ambas naciones, y que esa ofensiva fue uno de los desencadenantes de la ejecución. Otra de las causas fue la tardía decisión del canje de los tres periodistas por tres colaboradores de Guacho, detenidos en la cárcel de Latacunga.