La agonía de Unasur | Vistazo

La agonía de Unasur

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La agonía de Unasur

Tristana Santos / @s_tris Martes, 27 de Febrero de 2018 - 13:57
La Unión de Naciones Sudamericanas cumplió en 2018 un año sin Secretario General y sin credibilidad por alinearse con el chavismo. Ecuador y Bolivia construyeron costosos edificios cuya utilidad está en duda.
 
A doscientos metros de la Mitad del Mundo se levanta un imponente edificio plateado y negro, una obra de arquitectura escultórica cuyos bloques volados desafían la gravedad. El arquitecto ecuatoriano Diego Guayasamín, premiado por este diseño, quiso evocar la libertad y dar la impresión de que el edificio alza vuelo.
 
Pero el organismo internacional para el que se construyó el edificio, la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), lejos de volar, agoniza en la inactividad.
 
Desde enero de 2017, cuando dejó el cargo el expresidente colombiano Ernesto Samper, la Unasur no tiene secretario general. Justamente la figura del líder y representante legal, quien puede hacer recomendaciones a los países, mediar en conflictos y emitir resoluciones, está vacante. Gran parte de las oficinas están desocupadas, y sus amplias salas de sesiones con tecnología de punta y pantallas, sistemas de audio y salas de prensa, se abren para contados eventos.
 
Hasta el expresidente Rafael Correa, quien inauguró este edificio en 2014, lo acepta: la Unasur ya es un mero “formalismo”. Lo dijo en una entrevista con el diario argentino Página 12. Pero es un formalismo que le costó al país 60 millones de dólares y que el actual gobierno aún impulsa. La canciller del Ecuador, María Fernanda Espinosa, realiza “intensas consultas” para la pronta designación de una persona que ocupe la secretaría general de Unasur, según divulgó el organismo en su cuenta en Twitter.
 
Luego de la salida de Samper, Argentina postuló para el cargo al diplomático José Octavio Borbón, pero Venezuela y Bolivia votaron en contra y no se logró la aprobación unánime de los 12 miembros. Por esto, en diciembre el gobierno de Mauricio Macri hizo pública su “profunda decepción” por la marcha de un organismo que “no produce ningún resultado de los objetivos que se planteó” y aceptó que está en estudio que Argentina abandone Unasur. Además está el detalle de que una estatua de bronce de Néstor Kirchner, expresidente argentino y primer secretario general de Unasur, adorna el edificio en Quito, que además lleva su nombre, y es precisamente el ícono de la oposición de Macri.
 
El gobierno argentino “no puede solicitar a sus pares regionales desbautizar el edificio”, reflexiona una nota de prensa argentina, “pero sí tiene la facultad de abandonar al organismo, o buscar sacarle peso político y diplomático”.
 
La Unasur, integrada por Argentina, Bolivia, Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela, nació con ambiciosos objetivos; la integración energética, industrial y financiera de la región, la interconexión vial y la cooperación comercial.
 
A la inauguración del edificio de Unasur en diciembre de 2014 acudieron nueve Jefes de Estado.
 
Su origen es la Comunidad Suramericana de Naciones, un intento del Brasil de Lula da Silva para unir el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones (la desaparecida CAN), para lograr un mercado común. Sin embargo, “bajo la influencia de Hugo Chávez, el hombre fuerte del socialismo de Venezuela, el grupo cambió tanto su nombre como su propósito”, escribe Michael Reid en The Economist. “Cambió su misión económica a favor de una ‘cooperación política’.
 
Su objetivo más o menos explícito fue desplazar a la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuya sede se encuentra en Washington e incluye a Estados Unidos”.
 
El costo
 
En mayo de 2008, cuando se aprobó el Tratado Constitutivo de la Unasur, se designó como sede permanente de la Secretaría General a Quito, y del Parlamento Sudamericano a Cochabamba, Bolivia. Después de Néstor Kirchner, quien fungió como Secretario General de Unasur por seis meses, en mayo de 2011 tomó el mando la excanciller colombiana María Emma Mejía, quien diseñó el sistema de aporte de cuotas de los países miembros.
 
El presupuesto 2017 que Unasur publica en su web es de 10,8 millones de dólares. El mayor aportante anual es Brasil, con 4,2 millones; le sigue Argentina con 1,8 millones; Colombia y Venezuela aportan 1,2 millones. Chile y Perú constan con 788 mil dólares cada uno. Ecuador aporta 400 mil dólares y los países más pequeños, como Bolivia, Paraguay y Uruguay aportan alrededor de 120 mil dólares.
 
 
Pero si además de los aportes anuales se suma la infraestructura, Bolivia y Ecuador son los que más dinero han puesto. En San Benito, Bolivia, se levantó el Parlamento de Unasur a un costo de 65 millones de dólares. Está listo desde 2016, pero su amplio centro de convenciones y suites presidenciales aún esperan presidentes que los ocupen.
 
Ecuador ha entregado unos cuatro millones en cuotas anuales a Unasur pero además invirtió 56 millones en el edificio de Quito y en la regeneración urbana de los alrededores. El Ministerio de Relaciones Exteriores que lideraba Ricardo Patiño, justificó esta construcción en un estudio que indica que la “limitada capacidad de consolidación del proceso de integración de Unasur”, se resolvería con una sede acorde a sus grandes objetivos.
 
Del gasto anual de Unasur, el rubro más alto es el de salarios: se asignan 3,4 millones para 54 funcionarios. El secretario general percibe 285 mil dólares al año, y su jefe de gabinete gana 130 mil dólares anuales. El colombiano Yuri Chillán, quien fue jefe de gabinete de Samper, se mantiene en su cargo aunque su única función el último año ha sido ordenar gastos y pagos. A los “servicios generales”, que incluye mantenimiento del edificio, se destinan 2,8 millones de dólares al año.
 
Amigos de Chávez
 
La Unasur ha celebrado consejos de Ministros de Defensa y de Salud, ha enviado misiones de acompañamiento electoral, pero el defecto congénito del organismo, por el que perdió credibilidad, fue la afinidad con el régimen venezolano.
 
Entre 2012 y 2014 ocupó la Secretaría General de Unasur el venezolano Alí Rodríguez Araque, quien había sido ministro de Energía, de Finanzas y canciller de Hugo Chávez, y presidente de la petrolera estatal PDVSA. En 2013, cuando Nicolás Maduro ganó dudosamente las elecciones, la Unasur llamó a reconocer los resultados.
 
En agosto de 2014, Rodríguez pasó la posta de la Unasur a Ernesto Samper Pizano, controvertido político colombiano que fue acusado de recibir financiamiento del narcotráfico para su campaña presidencial y a quien el gobierno de Estados Unidos le había cancelado la visa en 1996. Ya como secretario general de Unasur, Samper pudo viajar con pasaporte diplomático 20 años después de no haber pisado Washington.
 
Esteban Santos, catedrático de relaciones internacionales de la UDLA, destaca que durante la escalada de violencia en Venezuela, la Unasur de Samper se limitó a rechazar las sanciones de Estados Unidos y a promover un diálogo que nunca se concretó y que más bien le sirvió a Maduro para ganar tiempo. Unasur cuenta con una herramienta que permite suspender a un estado miembro y adoptar sanciones diplomáticas “en caso de ruptura o amenaza de ruptura del orden democrático”, pero ha resultado inútil en el conflicto venezolano.
 
Ante la parálisis de Unasur, en agosto del año pasado, 12 países se organizaron por su cuenta y formaron el Grupo de Lima, que no incluye a Ecuador, para mediar en Venezuela.
 
En Cochabamba, Bolivia se levantó el Parlamento Unasur, de 65 millones de dólares, nombrado en honor a Hugo Chávez. No ha sido posible convocar a los presidentes de Unasur para inaugurarlo.
 
“La Unasur nació en una época de bonanza económica con ideales de la izquierda revolucionaria”, dice Santos. “Pero ahora está claro que los acuerdos económicos como la Alianza del Pacífico y el Mercosur son la vía de integración, ¿entonces de qué nos sirve la Unasur?”, pregunta Santos.
 
Latinoamérica tiene una larga lista de organismos de integración, como la CELAC, ALBA y CAN, que han ido perdiendo importancia gradualmente. Pero la Unasur será difícil de olvidar para los ecuatorianos, y para los bolivianos, por esos modernos edificios a los que quizá pronto haya que buscarles un uso.
 
ENTRELÍNEAS
 
“El colapso de Unasur tiene mucho que ver con Venezuela”
 
Mariano de Alba, abogado venezolano experto en derecho internacional y relaciones internacionales, director asociado del centro para América Latina Adrienne Arsht, del Atlantic Council, con sede en Washington.
 
¿Qué tanto pesa en la agonía de Unasur que no haya podido concretar un diálogo en Venezuela?
 
El colapso de Unasur tiene mucho que ver con Venezuela. La crisis en Venezuela exacerbó las diferencias entre sus países miembros, y en el año 2017 la mayoría de ellos tuvo una posición muy crítica hacia lo que estaba ocurriendo y la conducta del gobierno. Al mismo tiempo la institución no gozaba de gran confianza, pues Ernesto Samper no era percibido como una persona independiente que pudiera mediar o colaborar entre gobierno y oposición en Venezuela, sino más bien como un firme aliado del gobierno.
 
¿A Samper se lo vio siempre como un aliado del gobierno venezolano?
 
Sí. Desde su nombramiento fue percibido como un secretario general que otorgó demasiado peso a la posición del gobierno venezolano y no le exigió que diera muestras concretas de rectificación en momentos claves.
 
Esto incluso fue así más allá del ámbito político. Unasur, conjuntamente con un grupo de expertos, preparó una propuesta de reformas económicas a solicitud del gobierno, ya que en el año 2014 ya era evidente la crisis económica que se estaba gestando. A pesar que Unasur y el grupo de expertos transmitieron la propuesta, el gobierno nunca la adoptó por diferencias internas.
 
Samper hizo gestiones tratando de impulsar a la Unasur como la organización internacional que podía servir de mediador en la crisis política en Venezuela. Pero a diferencia del Vaticano, Samper nunca le exigió al gobierno que cumpliera con lo que había prometido en las conversaciones y tampoco que respetara las garantías democráticas. Esto agravó la crisis. 
 
Cuando se forma el Grupo de Lima, en agosto de 2016, para condenar la ruptura del orden democrático en Venezuela, ¿ahí se aceptó tácitamente que Unasur ya era inútil?
 
Claro. El Grupo de Lima es una consecuencia de la inutilidad de Unasur, pero también de la imposibilidad de llegar a un acuerdo en la OEA. Ese grupo básicamente surge porque los países más influyentes de la región se dan cuenta que en la OEA no iban a lograr avanzar en la presión por la democracia en Venezuela.
 
Unasur no publicó su presupuesto de este año ni presentó un informe de labores ¿es esto irregular para un organismo multilateral?
 
Por supuesto. Sin la debida transparencia es muy difícil que los gobiernos tengan confianza en esos organismos y continúen apoyando sus labores.