Dos días en las carpas de Rumichaca | Vistazo

Dos días en las carpas de Rumichaca

Fotos: Mauricio Torres A. | Edición: Wilfredo Riera Sábado, 15 de Diciembre de 2018 - 15:10
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Se escuchan reiteradamente frases como “No hay qué comer”, “quiero ayudar a mi familia”, “quiero un futuro para mí y mis hijos”. A pesar de esto, muchos ven su futuro con optimismo y esperan con ansias llegar a su destino final.

Sin embargo, algunos de ellos quedan atrapados en el paso fronterizo del Puente Rumichaca, en un clima al que no están acostumbrados, por falta de dinero o documentación; donde dependen netamente de donaciones y de la ayuda de la Cruz Roja. Todo esto, ante una creciente ola de xenofobia, irónicamente en un país de migrantes. Para la edición digital, Vistazo invitó al fotógrafo venezolano Wilfredo Riera a editar el trabajo de Mauricio Torres Álvarez, imprimiendo una visión única de lo que sus compatriotas viven ahora, como caminantes que -a veces- no ven el final de la vía.

El "carnet de la patria", un instrumento de control estatal para la repartición de alimentos y bienes subsidiados, viajó con muchos migrantes. Aunque algunos se consideran aún "chavistas" tuvieron que huir ante el deterioro sostenido de la economía del país.

Los papeles de entrada al Ecuador por el puesto fronterizo de Rumichaca. Los documentos de identidad venezolanos son calificado de "inseguros" en materia técnica y, además, son difíciles de obtener en el país.

El Permiso Especial de Permanencia (PEP) para venezolanos en Colombia. Es parte de la documentación que se entrega en la frontera con Ecuador para continuar el camino.

Una mujer barre las escaleras cercanas al refugio. Luego de caminar miles de kkilómetros hasta Ecuador, a muchos todavía le falta un trecho que recorrer.

Rumichaca, la puerta de entrada a Ecuador.

De acuerdo a un estudio de la Organización Internacional para las Migraciones, el 54% de los venezolanos que emigran viajan solos. En su destino deberán reiniciar toda su vida.

La migración no se limita a los jóvenes. Muchos adultos mayores se ven obligados a marcharse de Venezuela por la falta de medicinas para sus tratamientos.

La entrada hacia otro capítulo, o el destino final para algunos.

En las carpas se aloja un promedio de 80 a 100 personas. Familias enteras, mujeres con niños y adultos mayores tienen la prioridad.

“Todos pasamos por el páramo de Berlín (Colombia). Hay hasta bebés muertos ahí. Llegas a una loma, en la que ya no puedes respirar, el frío es horrible. Tú como adulto no lo aguantas, imagínate un bebé. Ese es el páramo de la muerte”

Los hombres carecen de un espacio específico para pasar la noche, por lo tanto deben acomodarse en cualquier lugar que encuentren.

“Como madre soltera me vi en una situación extrema. Encontraba solo comida para las niñas. Había que trabajar una semana, para comer un día”

“No había ni qué comer (en Venezuela), le di de comer a mi hijo comida para pollo”.

La vida entera de los migrantes, en una maleta.

“Ahora toca trabajar, para traer a nuestros hijos que se quedaron allá”.

Para muchos, la comida en la carpa será su primera completa en días. A veces, en semanas.

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