Contra la Iglesia y el Estado | Vistazo

Contra la Iglesia y el Estado

Alejandro Pérez | aperez@vistazo.uio.com Martes, 04 de Diciembre de 2018 - 16:06
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La habitación de Juliana Campoverde está intacta: sus peluches, la biblia sobre el velador, su ropa. “Somos de la misma talla y ella me hacía probarme la ropa que le gustaba para comprarla, luego la usábamos las dos”, recuerda su madre Elizabeth Rodríguez, quien aún no pierde la esperanza de verla entrar por el pasillo de la casa, donde están colocados decenas de afiches y pancartas con la foto de Juliana.  
 
Entre ellas no había secretos. Juliana incluso le contó cuando un desconocido le escribió un mensaje en Facebook: “Dios me reveló que debes casarte con el hijo menor del pastor de tu Iglesia”. Madre e hija asistieron durante diez años a la iglesia evangélica “Oasis de Esperanza”, hasta que llegó ese mensaje y empezaron las presiones para que Juliana acepte casarse. Una mañana de julio de 2012 las dos salieron de casa, en el sur de Quito, hacia sus trabajos. Pero Juliana nunca regresó; tenía 18 años.
 
Cuando contactaron con el pastor para preguntarle si sabían algo sobre el paradero de la chica, él respondió “Era obvio que tenía que desaparecer, eso les pasa por desobedientes y por irse de la iglesia”.
 
Días después de la desaparición, los padres de Juliana entregaron información a las autoridades que vinculaba al hijo mayor del pastor, Jonathan C. Él, ese momento lo negó todo y las autoridades le creyeron. Pero la primera semana de octubre de 2018, Jonathan se entregó para “colaborar con la justicia”. Durante  seis años los desesperados padres, de Juliana  no pararon de buscarla en otros lugares.
 
“Arriesgábamos nuestras vidas buscando a Juliana en burdeles y zonas rojas, pensando que allí la pudieron enviar por venganza. No se imagina la desesperación y la impotencia que uno siente”, relata Absalón Campoverde, padre de Juliana. En el transcurso de la investigación se encontró con fiscales, abogados y agentes que le decían que los pastores son buenos y no hacen daño a la gente.
 
Un día alguien le dio una idea: “Absalón, si el Estado no te ayuda debes meterte al Estado, es la única forma”. Él nunca se había imaginado como político. Fue profesor en la provincia de Zamora y luego se dedicó al negocio de la medicina natural. Pero no lo pensó dos veces y, en 2014, compitió para concejal de la provincia con el Movimiento CREO. Perdió, aunque obtuvo mejores resultados que otros políticos con trayectoria.
 
Eso le motivó a lanzarse como asambleísta en 2017. Antes de iniciar la campaña electoral recorrió su provincia y le contó a la gente porqué quería llegar a la Asamblea. Nadie se negó a darle el voto. Así que se arriesgó y vendió su auto, sus dos farmacias e hizo tres créditos.
 
“Era todo lo que tenía y lo que no tenía, pero no valía nada sin mi hija Me gasté 100 mil dólares en la campaña. Eso sí, como la gente ya sabía mi causa, en campaña solo hablé de las propuestas para mi provincia, nunca me victimicé hablando de Juliana”, comenta Absalón, quien dirige la Comisión Especial de Desaparecidos en la Asamblea Nacional. Reconoce que, en cierta medida, su posición en el Parlamento, ha logrado que la investigación avance, aunque él dice tratar todos los casos de desaparecidos con la misma importancia en la mesa legislativa.
 
Mientras Absalón hacía campaña, Elizabeth nunca paró de empapelar las ciudades a las que iba a buscar a su hija, incluso en Perú y Colombia. “No comíamos, no dormíamos. Un fin de semana salíamos sin rumbo, pegábamos afiches, preguntábamos, pero nada. Estuve a punto de perder mi negocio de medicina natural”, dice la madre.
 
Ella aprendió a usar redes sociales para contarle a todo el mundo sobre desaparición de Juliana. Pedía espacios en los medios de comunicación, escribía cartas, organizaba plantones con otros familiares de desaparecidos, mientras las autoridades diluían el proceso. “La Iglesia y el Estado se unieron para negarnos justicia durante mucho tiempo”, lamenta Elizabeth. 
 
A los pocos días de la desaparición lograron extraer la información de la cuenta de Facebook de Juliana. Descubrieron que quién envió el mensaje de “revelación divina” era Jonathan C., y que él luego manipuló esa cuenta para escribir un mensaje que aparentemente había dejado Juliana para decir que estaba bien y que no la busquen.
 
Seis años después, la décimo segunda fiscal del caso, Mayra Soria, logró cercar a Jonathan C., quien asegura haber enterrado el cuerpo de la chica en una quebrada en el centro norte de la ciudad. Soria afirma que, aunque se haya firmado un convenio de cooperación eficaz, no se puede saber si se le rebajará la pena hasta que no se encuentre el cuerpo de Juliana.
 
Los operativos de búsqueda no dan resultado y los restos de una osamenta encontrada no correspondieron con Juliana, tras una prueba de ADN. Soria prefiere reservar otros detalles que ya habría revelado Jonathan C.
 
Elizabeth y Absalón se separaron antes de la desaparición de Juliana y, aunque llevan vidas separadas, han estado juntos en la búsqueda de su hija, en estos seis años en que cada uno supo dar aliento cuando el otro desmayaba. “Ya no importa lo que ya hayamos sufrido. Nuestras vidas nunca serán las mismas. Solo queremos saber en dónde está y qué le hicieron a nuestra hija”, dicen los dos.
 
Si otra hubiera sido la historia, Juliana quizá ya se habría graduado de la carrera que quería: Ciencias Biológicas, o ya habría regresado de Argentina, donde quería estudiar música.