¿Otra política será posible? | Vistazo

¿Otra política será posible?

Jueves, 22 de Marzo de 2018 - 14:29
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El despeñadero por el que cayeron las carreras políticas de José Serrano y Carlos Baca Mancheno permite al país hacer varias reflexiones urgentes.
 
Ya no cabe un discurso político que maquille ante la gente el perverso manejo de lo público por parte de funcionarios poderosos que se creyeron dueños del país. Sus comparecencias ante la Asamblea Nacional, el 9 de marzo, serán recordadas por el agotamiento de un lenguaje ‘patriótico’ que les resultó contraproducente.
 
El fiscal Baca no logró proyectar la imagen de hombre de Estado y de leyes, perseguido por unas supuestas mafias políticas, quien apelando a su condición de ser humano en peligro, justificó la filtración de un audio por fuera de todo procedimiento legal.
 
Y Serrano, quien hizo de la lucha contra la delincuencia su mejor carta de presentación, y de la reconstrucción de Manabí, su salvoconducto para seguir en la política, recurrió a la lamentable excusa de la “ingenuidad y la falta de malicia” para justificar lo que no tiene nombre: que el representante de la primera función del Estado tenga conversaciones amistosas y ocultas con un prófugo de la Justicia.
 
Serrano y Baca (y qué decir de Carlos Pólit) llevaron el ejercicio de la política al límite. Vaciaron de principios su sentido más profundo y demostraron que lo único que importa a estos hombres de Estado es administrar sus cuotas de poder de espaldas a las discusiones importantes de la nación.
 
La destitución de Serrano constató que ser el legislador más votado del Ecuador no es garantía ni blindaje, ¿o acaso se han visto movilizaciones populares masivas en su respaldo? Y con el juicio político a Baca, más allá de los resultados de la gestión que exhiba como Fiscal, se censurará lo más cuestionable de la década correísta: haber copado todas las funciones del Estado con figuras cercanas al caudillo para garantizar su impunidad y permanencia en el tiempo.
 
Hay quienes aseguran que solo el presidente Lenín Moreno podía debilitar y poner contra las cuerdas al autoritarismo y la corrupción que lo precedió. Es verdad, pues si Guillermo Lasso llegaba a la Presidencia, todo Alianza PAIS habría cerrado filas para combatirlo. La lucha política habría sido agotadora.
 
Pero tampoco se puede dejar de señalar que Moreno se vio obligado a dar una pelea que si la postergaba habría significado el fin anticipado de su gobierno. La presión social que sintió tras las elecciones del 2 de abril, en un triunfo marcado por la duda, hubiese permanecido activo y creciente.
 
La oposición ha logrado abrirse un espacio de fiscalización y agenda pública. Eso es positivo, pues el Ecuador vuelve a sentir que el disenso también es necesario. Moreno tiene un contrapeso político con el cual llegar a acuerdos como en el caso del PSC, y con el cual confrontar con ideas y procesos, como ocurre con CREO.
 
La transición, casi un año después, empieza a dar algunos frutos. Es como si la estructura institucional de Estado cobrara un nuevo orden; de la sociedad depende que esto no sea solo un simple espejismo.
 
No obstante, el gran desafío es plantear un modelo económico y productivo que trascienda las taras ideológicas que, lamentablemente, el actual gobierno no logra superar. Ojalá y cuando se den cuenta de ello, no sea demasiado tarde.