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Necesidad impostergable

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Necesidad impostergable

Viernes, 01 de Febrero de 2019 - 12:06
“Quien quiera que batalla al monstruo de la corrupción debe asegurarse de no convertirse en monstruo”. En Ecuador, el excontralor Carlos Pólit Faggioni refleja la frase de Nieztche. No solo que no vigiló que los recursos del Estado se manejen con eficacia, eficiencia y prudencia, sino que se convirtió en cómplice de los corruptores, como la empresa Odebrecht que le pagó un soborno de 10 millones de dólares. Un informe de Naciones Unidas, encargado a prominentes empresas constructoras mundiales, confirma que las obras emblemáticas del anterior gobierno están mal hechas y costaron más. No sorprende entonces que Ecuador se encuentre entre los países más corruptos del mundo. El índice de Transparencia Internacional, ONG que mide la percepción sobre corrupción en 180 países, ubica al país en el número 117, muy por debajo de algunas naciones africanas.
 
Si bien ningún país ha logrado extirpar de raíz la corrupción, hay modelos exitosos para reducirla. El contralor Pablo Celi, quien luego de una buena gestión ha sido confirmado por el Consejo de Participación Ciudadana Transitorio para continuar en el cargo, ha propuesto que la Contraloría se transforme en Tribunal de Cuentas. En los países donde existen tribunales de cuentas, la función está conformada por un grupo de jueces y el presidente es igual entre iguales, de esta manera se asegura la independencia de los controladores de los controlados, que es lo que no ocurrió con Carlos Pólit. En España, modelo al que ha hecho referencia Celi, el tribunal “Es el gran hermano”, para vigilar que el gasto público se efectúe con honradez y eficiencia. También podría considerarse el modelo uruguayo por sus resultados. Ese país es segundo en percepción de transparencia y honestidad en América del Sur, muy cerca de Chile, que es el primero.
 
Sin embargo, el cambio de sistema será insuficiente para desbrozar la maleza de una década de corrupción y es posible que por el volumen de casos, muchos terminen en la impunidad, que a su vez genera más corrupción. Es imperativo, además, que el presidente Lenín Moreno cumpla con su promesa de solicitar una comisión especial a Naciones Unidas para investigar la década pasada. La eficiencia de un organismo extraterritorial, sin vínculos en el país está a la vista con el excelente trabajo hecho recientemente sobre los proyectos emblemáticos. No hay tiempo que perder.