Las mujeres: el botin de la dictadura de Pinochet | Vistazo

Las mujeres: el botin de la dictadura de Pinochet

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Las mujeres: el botin de la dictadura de Pinochet

Redacción Miércoles, 11 de Septiembre de 2019 - 18:10
Casi todas las mujeres que fueron torturadas en Chile desde el golpe de Estado del 11 de septiembre 1973 –hace 46 años–, sufrieron también violencia sexual, sin distinción de edad.
 
Al menos unas 316 fueron violadas, entre ellas 11 que estaban embarazadas, reporta Diario El País (España)
 
Del total de las víctimas que declararon en la Comisión Nacional sobre Prisión Política y Tortura entre 2003 y 2004 un 12,5% eran mujeres (3.399).
 
De ellas, 229 esperaban un hijo y algunas lo perdieron; otras dieron a luz tras ser violadas por sus torturadores, y muchas pasaron por unas sofisticadas y recurrentes torturas sexuales que incluían agresiones físicas y vejaciones en las que se hacía partícipes a padres y hermanos.
 
“De acuerdo con los testimonios, las violaciones hetero y homosexuales se cometieron de manera individual o colectiva. En algunos casos se ha denunciado, además, que dicha violación se produjo ante familiares, como un recurso para obligarlos a hablar”, señala el informe de la comisión de hace 15 años, que recuerda ahora el libro Así se torturó en Chile (1973-1990), editado por el periodista Daniel Hopenhayn, donde se recogen los principales pasajes y se explican los antecedentes históricos de la tortura practicada en Chile en la dictadura de 17 años de Augusto Pinochet.
 
El editor explica que, a los 15 años de la publicación original del informe, consideró que “era un buen momento para difundir en un formato más accesible los pasajes que más importa proteger no solo del olvido, sino incluso de las inercias de una memoria oficial”.
 
Una mujer que fue detenida en 1974 en la capital chilena y permaneció dos años en prisión sin ningún proceso, relató: “Por violación de los torturadores quedé embarazada y aborté en la cárcel”.
 
“Sufrí shocks eléctricos, colgamiento de pies y manos, submarinos, simulacro de fusilamiento, quemaduras con cigarros. Me obligaron a tomar drogas, sufrí violación y acoso sexual con perros, la introducción de ratas vivas por la vagina y todo el cuerpo”, detalló la víctima.
 
El relato de la mujer a la comisión, reproducido en "Así se torturó en Chile", es desgarrador: “Me obligaron a tener relaciones sexuales con mi padre y hermano que estaban detenidos. También a ver y escuchar las torturas de mi hermano y padre. Me pusieron en la parrilla, me hicieron cortes con yatagán (un arma blanca de gran tamaño) en mi estómago. Tenía 25 años”.
 
Una muchacha de 16 vivió el infierno presumiblemente en un recinto de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), operativa entre 1974 y 1977: “Fui violada, me ponían corriente, me quemaron con cigarrillos, me hacían chupones, me pusieron ratas (…) Me amarraron a una camilla donde unos perros amaestrados me violaron”. También en un recinto de la DINA de Santiago, una joven de 17 años fue violada reiteradamente y sufrió quemaduras en su útero: “Viví torturas y sesiones de masturbaciones por parte de los encargados del recinto”.
 
La Comisión recogió testimonios de 20 mujeres que, producto de las torturas, perdieron sus embarazos.
 
Hubo 15 detenidas que tuvieron a sus bebés en prisión. Una chilena de 29 años, hija de una detenida de 15 años que fue violada por su torturador, dijo: “Después que me contaron, empecé a tomar, tomaba todo el fin de semana, escondida. Por eso siento que tengo muchas lagunas de mi adolescencia. Siento que nosotros, los niños nacidos igual que yo, fuimos tan prisioneros y torturados como los que estuvieron presos”.
 
Hubo algunos recintos de tortura especialmente enfocados a la violencia sexual. Como Venda Sexy o La Discotéque, un centro de la DINA que funcionaba en la capital. “Tenía música ambiental permanente, a alto volumen. En este recinto se practicó con especial énfasis la tortura sexual. Eran frecuentes las vejaciones y violaciones sexuales de hombres y mujeres, para lo que se valían además de un perro adiestrado”, según recoge el libro.