El trágico final del pequeño Etan Patz | Vistazo

El trágico final del pequeño Etan Patz

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El trágico final del pequeño Etan Patz

Redacción Lunes, 16 de Septiembre de 2019 - 18:13
La desaparición de un niño de solo seis años en Nueva York, en 1979, terminó convirtiéndose en una desesperada búsqueda familiar, policial y nacional. Su cara se imprimió en todos los cartones de leche en aquel tiempo. La búsqueda se extendió por 38 años.
 
Cuando despidió a su hijo de 6 años, el viernes 25 de mayo de 1979, Julie Patz no podría haber imaginado que sería el último día que vería a su hijo. La familia vivia en un típico barrio tranquilo, de clase media y trabajadora de Nueva York. Pero esa mañana el pequeño Etan no llegó a subirse a su autobus escolar, que debía tomar tan solo a dos cuadras de casa.
 
La alarma de los padres, Julie y Stan, se encendió recién ocho horas después, cuando a la tarde Etan no volvió de la escuela. La ronda de llamadas de Julie enseguida dio un resultado: Etan no había subido al transporte escolar ni había llegado a su colegio. Contactó desesperada a su marido. Poco después de hecha la denuncia, cien policías con perros salieron a las calles en su búsqueda. Helicópteros sobrevolaban la zona. La casa de los Patz rápidamente se convirtió en un centro de operaciones con investigadores, voluntarios y periodistas dando vuelta. Se buscaba a Etan puerta a puerta. 
 
 
Julie decía a los medios, tres días después de la desaparición, hablándole al posible secuestrador: "Deseo que esté con alguien que lo cuide… Yo no quiero lastimarte ni juzgarte, no importa quién sos, sólo quiero que lo traigas a casa".
 
Pero el dolor de los Patz se perpetuó década tras década, sospechoso tras sospechoso, juicio tras juicio, según rememora el portal de INFOBAE.
 
Las fotos de Etan estaban en todos lados: en paradas de autobuses, pegadas en paredes de negocios, en aviones, aeropuertos y colegios. La sociedad entera pedía saber qué había pasado.
 
En 2001, fue declarado oficialmente muerto. Habían pasado 21 años, pero los Patz nunca se habían mudado del departamento en el que vivían por si su hijo algún día regresaba. Tampoco habían cambiado su número telefónico, el que Etan sabía de memoria.
 
 
Un hombre llamado José López denunciaba haber escuchado contar a su cuñado, Pedro Hernández, que una vez había matado a un niño en Manhattan. Aseguraba que su cuñado se lo había contado a más personas.
 
Tras ser detenido, Hernández declaró -durante un interrogatorio de seis horas y media- que había visto al niño solo y lo había convencido, ofreciéndole una bebida, de que entrara al almacén, de la calle Prince esquina West Broadway, donde trabajaba. Este negocio quedaba pegado a la parada del autobús escolar.
 
Una vez dentro, lo había persuadido para que bajara al sótano donde lo asesinó asfixiándolo. Le apretó el cuello hasta que dejó de respirar. Dijo que luego metió al niño que aún respiraba en una bolsa, que conservó un rato el cuerpo entre el hielo de un freezer para luego meterlo en una caja que descartó en la basura, en un pasaje a dos cuadras de allí.
 
Se supo después que Hernández había revelado, de rodillas y llorando, a varios miembros de su propia congregación religiosa, que había matado a un chico. 
 
 
El 14 de abril de 2017, Hernández, fue sentenciado a 25 años de prisión después de nueve días de deliberaciones.
 
El entonces presidente de EEUU, Ronald Reagan, en 1983, a declarar el 25 de mayo "Día Nacional de los Niños Desaparecidos", en su honor. Stan y Julie, se convirtieron en activistas en estas causas y contribuyeron a lograr leyes para la protección de los jóvenes.