El tenebroso secreto de la segunda familia más rica de Alemania | Vistazo

El tenebroso secreto de la segunda familia más rica de Alemania

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El tenebroso secreto de la segunda familia más rica de Alemania

Patricia Estupiñán | [email protected] Lunes, 15 de Julio de 2019 - 14:37
Los Reimann son la segunda familia más rica de Alemania,  dueños de JAB, un conglomerado  que facturó 37 000 mil millones de dólares en 2018. En sus archivos se guardan secretos indecibles: un pasado turbio con nazis y el amor entre un nazi y una judía. Una historia de las contradicciones humanas.
 
Los grandes conglomerados alemanes tienen esqueletos en el closet. Muchos han debido admitir una colaboración estrecha con el régimen de Adolfo Hitler.  El último en hacerlo es el gigante JAB, cuyos propietarios, la familia Reinman, la fundaron en 1823 como una empresa para productos químicos Hoy es un conglomerado, cuya matriz está en Luxemburgo y cuyas operaciones abarcan cinco continentes.  Entre algunas de sus marcas más conocidas están  la soda Dr.Pepper, la cadena de restaurantes Panera, el  café Egberts, los electrodomésticos y cafeterías Keurig los cosméticos Coty y los productos anti-acne Clearasil, los zapatos Bally y Jimmy Choo.  En 2018, las ventas del grupo sumaron 37.000 mil millones de dólares, el equivalente al Producto Interno Bruto de Camerún y 5000 millones más que Coca Cola.
 
La empresa está en manos de la cuarta generación del fundador. Los cinco miembros de la familia Reinmman tienen una fortuna de 4500 millones de dólares cada uno y son considerados la segunda familia más rica de Alemania.  Son precisamente estos herederos quienes acaban de descubrir los oscuros secretos de su  familia.  Si hubiesen salido a luz cuando vivía Albert Reimann padre muerto en 1954 y su hijo Albert fallecido en 1984, hubieran ido prisión.  Simpatizantes de los nazis y de Hitler, durante la guerra produjeron armamento para el ejército alemán.   Lo hicieron utilizando como obreros a 175  prisioneros franceses, a los cuales habrían esclavizado y dado un trato inhumano.  Su capataz exigía que las mujeres trabajen desnudas y abusaba sexualmente de ellas. Un prisionero fue pateado a un campo donde se probaban bombas y murió. Cuando concluyó la guerra,  los dos Reimann fueron a prisión, pero se los liberó porque argumentaron que no eran nazistas sino que simplemente fueron forzados a contribuir con el régimen como los demás empresarios. No obstante hoy, se sabe que eran devotos del partido. En los archivos se ha encontrado una carta de Albert Reinman hijo donde manifestaba: “Somos una empresa aria pura con más de cien años de historia. Los propietarios somos fieles incondicionales de la teoría de la raza”.
 
En 1978 hubo una primera filtración  sobre sus nexos con Hitler y  el nacional socialismo.  Sin embargo, cuando el conglomerado empezó  a posicionarse mediante adquisiciones importantes en Estados Unidos y debía cotizar en la Bolsa se vuelve más importante, la transparencia. El actual CEO Peter Harf, quien no tiene relación familiar, convence a los herederos de investigar profesionalmente la relación con el  Nazismo.  
 
Peter Harf, actual  director ejecutivo de JAB. Fue quien motivó  a los herederos a  sacar la historia a la luz. Harf, hijo también de un nazi, ingresó a la empresa en 1981. 
 
En 2014, la familia encargó al  historiador Paul Erker de la Universidad de Munich un estudio a profundidad. El estudio está terminado y se divulgará en su totalidad en 2020.  Peter Harf, quien a su vez es hijo de un nazi, es un empleado de décadas. A la agencia DPA le dijo: "Cuando el profesor Erker presentó su reporte nos quedamos mudos. Nos avergonzamos y nos pusimos blancos como el papel. No hay nada que disimular. Estos crímenes son repugnantes". Después explicó al periódico Bild am Sonntag que al conocer la verdad, los herederos había decidido donar 12 millones de dólares como compensación a esos obreros esclavizados y crear una fundación.  “La decisión fue espontánea porque la familia está absolutamente avergonzada”, sostuvo Graf.  
 
La fundación llevará el nombre del abuelo materno Albert Landecker.  El nombre de la fundación revela tal vez el más tenebroso de todos los secretos. “Es una historia sobre las contradicciones humanas, donde se mezclan la muerte y la devoción”, narra el periódico New York Times. Albert fue judío y asesinado por los nazis. Un pasado del cual ninguno de los dos padres Emilie Landecker y Albert Reimann Jr. habló con sus hijos.
 
Corría el año de 1941,  Emilie Landecker era la hija mayor de un judío y una católica.  Su padre temeroso de su futuro, hizo bautizar y recibir todos los sacramentos cristianos a sus hijas y quiso enviarlas al extranjero. Cuando fue a Berlín y presentó sus papeles, los oficiales nazis no los recibieron.  Poco tiempo después lo apresaron y lo deportaron a un campo de concentración. Su familia nunca más supo de él.
 
Emilie comenzó a trabajar en la empresa de Albert Reinman, quien entonces era casado pero no tenía hijos. Por alguna misteriosa razón los dos se enamoraron. Ella se convirtió en su amante. Él la visitaba religiosamente los miércoles y los domingos. El romance se mantuvo en secreto. Fruto de ese amor nacieron tres hijos, que finalmente fueron adoptados por el padre en 1960. Emilie Landecker murió en 2017.
 
El historiador Paul Erker encontró algunas cartas enviadas por Emilie a Albert Jr. En ellas habla de su amor incondicional, de que comprende su situación matrimonial, pero que siempre lo extraña. Los hijos, en cambio, han dicho que sus padres fueron muy reservados y sobre todo ella, nunca mencionó su origen. 
 
Muchos de los documentos de la sórdida historia detrás de este imperio familiar, especialmente su relación con el Nazismo y  las raíces judías de Emilie fueron escondidos o destruidos, pero al crecer el imperio económico y convertirse en jugador global, fueron imposibles de ignorar.  El propio Peter Harf dijo al New York Times que: “Estaba convencido de que era falso lo que se decía que la organización no tenía nada que esconder”.
 
Sin embargo, revelar la verdad  tiene consecuencias.  En Estados Unidos donde la compañía es propietaria de varias cadenas de comida rápida ha habido reacciones contra el conglomerado. “Hay dinero nazi detrás de mi café favorito. ¿Debo seguir tomándolo?”, tituló el Boston Globe a un artículo sobre los Reimann. Algunos de los 180.000 empleados alrededor del mundo, han reportado a sus superiores que les han acusado de estar trabajando con los nazis.
 
“El ataque ha aflorado, sin que el público conozca cuán profundas fueron las convicciones Nazis de los Reimann, ni tampoco la historia de la familia, cuyos protagonistas son a la vez, víctimas y perpetradores”, explica el New York Times luego de que la familia en una entrevista sostuviera  que el asesinato de su abuelo materno “les ha forzado a enfrentar no solo su pasado, sino también su futuro”.
 
La Fundación Landecker recibirá un presupuesto anual de 28 millones de dólares para “concientizar sobre el Holocausto, promover la investigación y educación en memoria de las víctimas del Nazismo”. 
 
La realidad superó a la ficción.