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En el nombre del Padre

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En el nombre del Padre

Joao Pedroso de Campos, Editora Abril, S.A. Martes, 15 de Noviembre de 2016 - 17:31
En 1993 después de la muerte de Pablo Escobar, su viuda Victoria y su hijo mayor, entonces de 16 años negociaron sus vidas con algunos traficantes y consiguieron del gobierno de Colombia nuevas identidades para dejar el país. Él, junto a su madre y hermana, se establecieron en Buenos Aires. Hoy tiene 39 años, es arquitecto y escritor, padre de un hijo, está dedicado a investigar la historia de su padre y a promover la reconciliación entre su familia y las víctimas de los crímenes brutales cometidos por el capo del sanguinario cartel de Medellín, el archicriminal más buscado en el mundo durante las décadas del 80 y 90. Juan Pablo es el autor de la obra “Pablo Escobar - Mi padre” (Editorial Planeta 2015) y prepara otro libro sobre el traficante, para ser publicado este año, en el que relata cómo operaba el esquema de corrupción que ayudó a promover sus negocios. En esta entrevista analiza los motivos por los que intenta promover la reconciliación de las familias, cuenta cómo su padre intentó educarlo para quedarse con el negocio de las drogas y critica el rechazo al acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC.
 
¿Por qué nombre prefiere ser llamado actualmente: Juan Pablo Escobar o Juan Sebastián Marroquín?
El nombre que adopté legalmente es Juan Sebastián, pero no me incomoda que me llamen de la otra forma. Soy la misma persona. En casa, por ejemplo, mi familia me llama Sebas.
 
¿De dónde viene el apellido Grigori, que usted menciona en su primer libro, era como le llamaba su padre?
Miramos muchas películas sobre la vida de Rasputín, el consejero de los zares rusos y este era el verdadero nombre de él, Grigori Yefímovich. Según la historia, los monarcas rusos tuvieron mucha dificultad en matarlo. Por sobrevivir a las tentativas de asesinato, se ganó la fama de inmortal. Ese es el motivo del apellido.
 
¿Teme alguna vez usted por su seguridad?
Nadie muere la víspera. Ya intentaron matarme de varias maneras, pero quien nos protege es Dios. Si me mantengo seguro es porque no soy una amenaza para nadie. Al contrario, represento para la juventud la idea de que ninguno está condenado a seguir un solo camino.
 
Cuenta en su libro que después de la muerte de su padre, los carteles enemigos se quedaron con todos los bienes de la familia a cambio de la promesa de dejarlos con vida. ¿No les quedó nada?
Todo lo que heredé de mi padre fue esta papada de aquí.
 
Usted se reconcilió con los hijos del exministro Lara Bonilla y del candidato a la presidencia Luis Carlos Galán, ambos asesinados por orden de su padre. ¿Ha mantenido contacto con ellos?
Sí, pero no son los únicos casos. En mi nuevo libro presentaré otros casos de reconciliación que ocurrieron después de ese proceso. Fueron muchos y es importantísimo que se vuelvan públicos para que la reconciliación y el perdón se mantengan vivos en las familias colombianas que sufrieron el horror de la violencia de mi padre.
 
EN SAN SALVADOR, motivando a los jóvenes a no involucrarse en drogas. El hijo de Pablo Escobar Gaviria se gana la vida como arquitecto, escritor y conferencista.
 
¿Cómo le orientaba su padre sobre el uso de las drogas?
Conversamos solo una vez. Tenía unos ocho o nueve años, estábamos en la hacienda Nápoles y mi padre me dijo, “Vamos a hablar sobre drogas”. Me invitó a sentarme en una mesa, donde colocó unos 10 tipos de drogas: marihuana, crack, LSD, cocaína, heroína y otras. Describió cada una de ellas, sus efectos y daños en el cuerpo humano y me contó que había probado todas con excepción de la heroína. Nunca me prohibió usarlas. Un día dijo, que si yo tuviese curiosidad de usar alguna droga “prefiero que la use conmigo y no en la calle, porque le vayan a vender un veneno”.
 
¿Cuál es su principal recuerdo de la hacienda Nápoles (donde Escobar vivió el auge de su vida como traficante)?
Mi principal recuerdo es que los políticos se dividieron las tierras de Nápoles entre sí y no indemnizaron a las víctimas de mi padre. No había un Estado detrás de un mafioso, sí mafiosos detrás de otro mafioso. No obstante la hacienda Nápoles era un desperdicio absoluto. Teníamos un zoológico con 1.200 animales, un aeropuerto, un helipuerto, 3.000 hectáreas, 27 lagos artificiales, 700 empleados, más de 100 carros de todos los colores, marcas y modelos, helicópteros, aviones. Parecía un mundo de fantasía, pero duró muy poco. Mi padre gastó más tiempo en construirla que en disfrutarla.
 
En algún momento cuando su padre era cazado por sus enemigos y el gobierno y usted, su madre y hermana se escondían en algunos lugares precarios, ¿sintió rabia contra él?
Todo lo que yo sentía por mi padre era amor, porque fue eso lo que siempre me dio. Nunca me maltrató, ni a mi madre o a mi hermana, aunque no actuase así fuera de casa.
 
¿En qué se basa para decir que su padre se suicidó?
En una certeza. Los médicos forenses que le hicieron la autopsia fueron amenazados y obligados a alterar los resultados. Ellos se comunicaron con nuestra familia de manera anónima para confesar esto. Las autoridades colombianas y la policía entendían la teoría del suicidio como una derrota para ellos. Toda la vida mi padre me dijo: “Tengo 15 tiros en mi pistola, 14 son para mis enemigos y el último para mí. No voy a correr el riesgo de vivir como un vegetal. También dijo que no se daría un tiro en la cabeza o la boca, sino en el oído derecho donde los médicos le habían dicho que la muerte era segura. No me queda duda de que se suicidó.
 
¿Por qué su madre y hermanas viven recluidas, mientras usted escribe libros, da entrevistas, dicta conferencias?
Fue una decisión personal. Asumí la responsabilidad moral de los crímenes de mi padre, de manera directa, muy respetuosamente ante las autoridades, pero sobre todo ante las víctimas. Encontré ese camino para mí. Mi madre y mi hermana me apoyan, de una manera anónima.
 
¿Qué cambió en el mundo del narcotráfico después de la muerte de su padre?
Cada día el mercado es mayor, más próspero y patrocina más violencia y más corrupción. El mismo dinero y el mismo producto continúan financiando la guerra y la violencia en América Latina y las fiestas en Estados Unidos. A nosotros nos queda la peor parte. Muy rara vez se ven muertes de narcotraficantes norteamericanos, pero de la frontera para abajo ocurren diariamente. Oímos hablar de carteles mexicanos, colombianos, panameños, pero nunca de carteles de Miami, Chicago, Nueva York, Los Ángeles. ¿Cómo hacen para distribuir la droga allá?
 
¿Es partidario de la legalización de todas las drogas?
Todas las drogas deberían estar regularizadas porque ya están legalizadas. Le aseguro que usted puede pedir una pizza y al mismo tiempo drogas y las drogas llegarán primero.
 
¿Qué opina del rechazo del acuerdo de paz entre el gobierno colombiano y las FARC?
Siento gran tristeza, que por un margen tan estrecho, la intolerancia y el deseo de venganza hayan vencido. En verdad no ganó la intolerancia, sino el prejuicio y la abstención. La paz a cualquier precio, siempre va a ser barata. Pero, los colombianos tenemos miedo de vivir en paz.
 
¿Qué cosas de su padre, pasará usted a su hijo?
Mi misión como padre es dar afecto y amor que es lo que me transmitió mi padre. No puedo relatar a mi hijo de tres años y medio las historias de violencia y narcotráfico, primero porque no entendería. Pero él leerá mis libros, para conocer lo que hizo su abuelo y qué no hizo. En la medida que vaya creciendo le contaré todas las historias de su abuelo para que no se repitan.