¿Más inversión pública? | Vistazo

¿Más inversión pública?

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

¿Más inversión pública?

Viernes, 30 de Noviembre de 2018 - 09:01
La inversión pública ha caído en 60% en relación al 2013. Esto ha generado lamentos de quienes aseguran que la inversión pública tiene un efecto multiplicador en la economía e impulsa el crecimiento económico. Hay quienes llevaron esta tesis al extremo, al asegurar que  “era mejor hacer un pozo y volverlo a tapar, que tener gente desocupada”. Pero la realidad es distinta porque la inversión pública frecuentemente destruye riqueza. Veamos por qué. 
 
Empecemos reconociendo que toda sociedad tiene una cantidad limitada de ahorro. El ahorro se transforma en inversión a través del crédito. Las buenas decisiones de inversión aumentan la producción. Como consecuencia, aumenta el consumo, se recaudan más impuestos y genera nuevo ahorro (necesario para un nuevo ciclo de inversión). Este proceso virtuoso expande la economía, generando más empleo y mejores salarios. Por otro lado, malas decisiones de inversión privada son castigadas con la pérdida del patrimonio del inversionista. 
 
Desde el ámbito público, el gobierno financia su inversión a través de los impuestos que cobra a los ciudadanos. Son recursos que ya no están disponibles para consumo e inversión en manos de sus dueños originales, sino que pasan a ser administrados por el Estado. ¿Produce la inversión pública este mismo proceso virtuoso de aumento en la producción y multiplicación del ahorro nacional? 
 
Lamentablemente, es muy frecuente que la inversión pública no genere más riqueza en la sociedad porque las malas decisiones de inversión dilapidan el escaso ahorro nacional y el patrimonio de los ecuatorianos. Expliquemos con un ejemplo. Supongamos que el ahorro nacional es de $100 millones y que el gobierno utiliza $40 millones para hacer una hidroeléctrica cuyo costo de mercado es de $20 millones (esto es, excluyendo coimas, sobredimensionamiento, sobreprecios, etc). Entonces como sociedad, hemos malgastado nuestro escaso ahorro, al pagar el doble por una infraestructura que además, no va a tener un retorno suficientemente alto como para que el ahorro nacional siga creciendo. Al final del día, hemos reducido el ahorro nacional y con ello, la posibilidad de crecimiento futuro.
 
Ahora veamos ejemplos de la vida real. La hidroeléctrica Coca Codo Sinclair tiene una capacidad instalada de 1.500 MW pero solo hay agua para generar un promedio de 750 MW. Hemos gastado $2.245 millones en una infraestructura sobredimensionada y con graves defectos constructivos. Otro caso: la planta de licuefacción de gas de Bajo Alto en la que se gastaron más de $1.100 millones, pero la planta funciona al 40% de su capacidad instalada porque se está hundiendo. Más casos: refinería del Aromo, terminal de Monteverde, repotenciación de refinería de Esmeraldas y un largo etcétera. 
 
La próxima vez que hablemos del efecto multiplicador del gasto público, recordemos que lo que realmente importa es realizar buenas decisiones de inversión, algo en lo que la burocracia tiene un record deplorable. No desperdiciemos el escaso ahorro nacional en malas decisiones de inversión pública que al final del día no generan nueva riqueza (más allá que a los involucrados). Mejoremos el entorno para la inversión privada y que el Estado invierta solo en aquellas actividades prioritarias en donde no haya suficientes interesados. ¡No es la cantidad, sino la eficacia de la inversión lo que importa!