La palabra presidencial | Vistazo

La palabra presidencial

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

La palabra presidencial

Miércoles, 31 de Octubre de 2018 - 11:10
El presidente Lenín Moreno entró en los últimos días en un peligroso juego discursivo del cual puede salir seriamente afectado. La cadena nacional del miércoles 24 de octubre quedará marcada como una de las más deslucidas intervenciones.
 
Fue un espacio con el que pretendió reformular sus votos por el combate contra la corrupción y demostrar al país que el paso por el poder no ha mermado su capacidad de asombro e indignación. 
 
Pero las repudiables condiciones en las que el exsecretario de Comunicación, Fernando Alvarado, se quitó de encima la vigilancia judicial y se esfumó dejando un saludo por WhatsApp, obligaban a que Moreno fuera más audaz y determinante.
 
Más allá de enumerar la lista ya conocida de las trapacerías del gobierno anterior, el mandatario reiteró su deseo de librar una “lucha sin cuartel contra la corrupción”, ofreciendo dar con los responsables de quienes facilitaron su fuga… Nada más.
 
¿Era necesaria una cadena nacional para que Moreno repitiera, de nuevo, que las amenazas a su gobierno no le amedrentan? ¿Tenía que dirigirse al país para tejer una promesa de combate a la impunidad sin explicar los cómos?
 
Cuando asumió el poder, en mayo del 2017, el flamante mandatario prometió dosificar sus apariciones y no devaluar el discurso. Tenía razón: luego de 10 años de un desenfrenado gobernante que usó su palabra para denostar, perseguir y castigar, lo más sensato era obrar con mesura y decoro.
 
Sin embargo, a medida que el Gobierno no ha logrado diseñar un esquema de vocerías oportunas y eficientes, el presidente ha tenido que salir al paso y en los momentos más críticos contener la arremetida de la opinión pública.
 
Por eso ha sido un error que ante tanto mensaje confuso y defensivo de sus ministros, tratando de explicar el escape del pez gordo del correísmo, Moreno comparezca ante los ecuatorianos sin un plan claro de acción y, en su lugar, llenar de promesas para remediar un golpe político y anímico que ya está dado.
 
La Economía es la ciencia que administra la escasez. Esta máxima también puede aplicarse a la política. Hace varias semanas, en este mismo espacio, se advertía que el Gobierno entraba en un nuevo ciclo donde sus errores iban a identificarse con mayor facilidad, pues la euforia alrededor del Consejo de Participación Ciudadana Transitorio estaba por terminar y el país empezaría a evaluar al Ejecutivo con mayor crudeza.
 
Ese momento llegó y coincide con una serie de preocupaciones ciudadanas por el resultado lento de las reformas que se han emprendido en materia económica e institucional.
 
Es verdad que el país tiene que cifrar su optimismo en el mediano plazo y que el consenso porque la transición de Moreno funcione es incuestionable.
 
La credibilidad, en este punto, es el ‘commodity’ más importante del Ejecutivo, por lo que la agenda discursiva tiene que adecuarse a esa realidad y abonar el camino de la certeza y el empuje, y no el de la excusa y los arrepentimientos.
 
El presidente ha sabido demostrar que con sentido común es posible avanzar en una estrategia de gobierno exitosa. Ese buen olfato se requiere durante las crisis para saber cuándo la palabra del mandatario es urgente y cuándo es preferible esperar.