La felicidad desde el escritorio | Vistazo

La felicidad desde el escritorio

Viernes, 01 de Mayo de 2020 - 13:10
Facebook
Twitter
Email

Nicholas Thaleb, un matemático de Harvard, ha estudiado las implicaciones nefastas que trae la toma de decisiones por personas sin nada que arriesgar. Un político en el centro de Washington con calefacción, comida gourmet y un puro, puede decidir que miles de soldados vayan a la guerra, ¿por qué? Pues, simplemente porque él no arriesga nada en esa decisión. Él no iría a ponerle el pecho a las balas.

Ahora, ¿por qué una tendera toma mejores decisiones que un político? Porque ella vive de su despensa y todas las mañanas sus actos arriesgan su capital, su plato de comida y el de sus hijos. En cambio, ¿por qué los legisladores pueden pasar una resolución instando al Banco Central a proveer mágicamente dinero al gobierno? Entre muchas razones, porque los legisladores no corren ningún riesgo con lo que hacen. Sus resoluciones, más o menos lógicas, no traerán consecuencias graves. Sí, podrían no ser elegidos nuevamente, pero su patrimonio, su capital, su vida, quedan intactos. Nicholas Thaleb concluye: ahí donde está el riesgo, está el mayor incentivo para tomar decisiones acertadas.

Tomemos por ejemplo el IESS: ¿por qué tiene problemas tan agudos de solvencia? Hay muchos motivos, pero uno fundamental es que las decisiones que allí se toman no reflejan un riesgo para nadie. Los dirigentes pueden aprobar gastos, ampliar prestaciones, otorgar créditos y, al final, lo único que, quizás pondrán en riesgo es su reputación o capacidad de volver a otro cargo. Los afiliados, en cambio, a los que nos cuesta más del veinte por ciento de nuestro salario mensual, los que sí jugamos nuestros recursos, solo nos enteramos de las tragedias del IESS por las noticias.

Dentro de las muchas lecciones que esta crisis nos deja, rescato una que implica repensar el proceso de toma de decisiones: los políticos tienen que dejar de diseñar el mundo perfecto desde un escritorio. Urge diseñar un mecanismo para que los agentes de riesgo participen. La ilusión de crear empleo, reactivación económica o, incluso, felicidad a través de una resolución dictada desde un salón de banquetes, se está volviendo una tragedia silenciosa para nuestra democracia.