¿Gradualismo o shock? | Vistazo

¿Gradualismo o shock?

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

¿Gradualismo o shock?

Viernes, 14 de Diciembre de 2018 - 12:56
Ecuador está enfermo después de 12 años de excesos y malas decisiones de política económica que han debilitado sus finanzas públicas y al aparato productivo. Los síntomas se evidencian en: falta de empleo y país caro en donde no hay presupuesto que alcance. Para salir de esta difícil situación debemos diagnosticar correctamente la enfermedad y, posteriormente, plantear la cura más efectiva.
 
El origen de este padecimiento está en el exceso de gasto público. Desde 2013, el gobierno socialista de Correa recurrió agresivamente al endeudamiento para poder cumplir con su ambicioso programa de inversión. Eran los tiempos de la euforia colectiva. Cuando creíamos que la petrobonanza duraría para siempre; que éramos los jaguares latinoamericanos… Pero la alegría duró poco. En 2014 el precio del crudo inició su desplome y las rentas petroleras se esfumaron. Nada de esto importó al gobierno, quien sustituyó las rentas perdidas con más deuda. Desde entonces desarrollamos una peligrosa adicción al endeudamiento.
 
Sin embargo, ni siquiera el Estado puede vivir del tarjeteo. Inevitablemente el gobierno se verá forzado a poner la casa en orden. Este proceso curativo se llama: ajuste. Es un remedio amargo que nadie, estando sano, quisiera tomar. Pero el Ecuador está enfermo y cada día tiene menos alternativas.
 
¿Por qué el gobierno no adopta medidas para enfrentar los desequilibrios? ¿Desconoce el presidente la existencia de esta grave enfermedad? ¿Quiere acaso pasar su mandato sin ser recordado como el mandatario que administró esta amarga medicina?
 
El problema son los incentivos. Los presidentes son elegidos solo por cuatro años, tiempo en el que buscan maximizar su popularidad. Los ciudadanos valoran más a los gobiernos gastadores: el que armó la mejor fiesta, puso más trago y más comida en la mesa. Ni gobernados ni gobernantes tienen una visión de largo plazo que permita reconocer que en economía tampoco hay excesos sin chuchaqui.
 
El ajuste llegará cuando los inversionistas internacionales pierdan el apetito de prestar al Ecuador o cuando la elevación en las tasas de interés internacionales vuelva demasiado onerosa la abultada deuda ecuatoriana, forzándonos a un nuevo default. Ya vivimos un proceso similar en 1982, solo que afortunadamente ahora estamos dolarizados y esto limita el poder destructivo de nuestros políticos.
 
Demorarnos en el ajuste, o el llamado gradualismo, perjudica más a las personas de menores ingresos, porque ellos son los primeros en perder su fuente de ingresos. La mejor alternativa es un ajuste rápido que permita curar la enfermedad, y que la economía vuelva a crecer y generar empleo lo más pronto posible. Por el lado fiscal esto implica priorizar el gasto en los rubros que realmente nos importan a los ciudadanos: salud, educación y seguridad. Todo el resto de los gastos deben ser reducidos si queremos garantizar lo esencial. Es momento de tomar acciones valientes para enderezar las finanzas públicas. ¿O pedimos a quienes perdieron su empleo en 2016 que sigan esperando por una década más para recuperarlo?