Una voz ecuatoriana en el congreso de EE.UU. | Vistazo

Una voz ecuatoriana en el congreso de EE.UU.

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Una voz ecuatoriana en el congreso de EE.UU.

Tristana Santos / [email protected] Viernes, 30 de Noviembre de 2018 - 14:23
Por primera vez una persona nacida en Suramérica llega al Congreso de Estados Unidos, es mujer y es ecuatoriana. La inspiradora historia de Debbie Mucarsel-Powell, de Guayas a Washington D.C.
 
“No saben el orgullo que tengo de ser ecuatoriana” dice emocionada Debbie Mucarsel-Powell, la guayaquileña que se acaba de convertir en la primera inmigrante de Sudamérica elegida para el Congreso de Estados Unidos, algo histórico. A ese Congreso, a la Cámara de Representantes, habían llegado ya varios cubanos, mexicanos, un inmigrante de Guatemala y uno de República Dominicana. La Cámara de Representantes que se acaba de elegir tendrá una mayoría demócrata, lo que podría alterar los planes de la administración republicana de Donald Trump de restringir el ingreso y legalización de inmigrantes.
 
“Quiero dejarle bien claro al Presidente Trump que los migrantes no somos criminales, que contribuimos a la economía, que venimos para trabajar duro y merecemos respeto”, dice Debbie en entrevista con Vistazo unos días después de su victoria. Debbie, del partido demócrata, le quitó el puesto al congresista republicano Carlos Curbelo, de origen cubano, quien buscaba la reelección. En Enero empezará su trabajo en Washington D.C., pero antes quiere concretar una visita a Ecuador. “Si yo puedo hacer algo personalmente para ayudar a la economía ecuatoriana, a la economía de Sudamérica, lo voy a hacer, cuenten conmigo”, asegura. 
 
 
Debbie es crítica de las actuales políticas de cooperación con Latinoamérica, dice que no ha visto iniciativas suficientes para paliar la tremenda crisis migratoria del éxodo de venezolanos. “Estados Unidos debe hacer más para apoyar a países como Colombia y Ecuador que están abriendo sus puertas a cientos de miles de venezolanos que salen desesperados”, dice. “Además, se necesitan sanciones más fuertes para funcionarios del gobierno de Nicolás Maduro, sus familiares y amistades siguen viniendo a invertir a Estados Unidos y eso tiene que parar”. 
 
Sobre el Socialismo del Siglo XXI, que se aplicó por diez años en Ecuador, sigue en Bolivia y llevó a Venezuela al colapso, dice que “tenemos que pararnos bien fuertes contra ese tipo de régimen que ha violado los derechos humanos en nuestros países”. “La única manera de combatir ese tipo de dictadura es darle más apoyo al pueblo localmente”, y eso empieza, asegura, por atraer iniciativas de inversión que generen empleos. “A mí me encantaría ayudar en eso, a atraer inversión económica a Ecuador pero no solo de corporaciones grandes sino también apoyar programas para pequeños negocios, para personas que quieren comenzar, sobre todo de capacitación y créditos a mujeres emprendedoras”.
 
Darles oportunidades a las mujeres, cree Debbie, es clave para el progreso. Lo dice por su propia historia: “La educación es lo que me ha traído a donde he llegado, tan lejos, en este país tan increíble y lleno de oportunidades”. 
 
Sueño americano
 
En estos días Debbie atiende, una tras otra, entrevistas en español y en inglés. Y en cada una, cuando le preguntan cómo llegó a donde está hoy, recuerda una vida de trabajo duro. Viajó con su madre a California a los 14 años, a reunirse con sus dos hermanas mayores. La separación de sus padres implicó cambiar una vida cómoda en Ecuador por los sacrificios del inmigrante: compartir un departamento de un dormitorio, limpiar casas, levantarse de madrugada para hacer un turno en una tienda de donas antes de ir al colegio público. “Nos costaba llegar a fin de mes”, recuerda.
 
Debbie destacó por su desempeño académico, estudió ciencias políticas con una beca y luego ahorró para pagarse una maestría en Política Económica Internacional en la universidad de Claremont, California. Un trabajo en la fundación America Developing Smiles fue el arranque de una carrera en organizaciones sin fines de lucro donde demostró gran habilidad para recaudar fondos: el Hope Center, Zoo Miami Foundation y Coral Restoration Foundation. 
 
Las actrices latinas Eva Longoria, Gina Rodriguez, Zoe Saldaña, Rosario Dawson y América Ferrara con la hoy congresista electa, en un rally para promover el voto latino por los demócratas.
 
En 2006 fundó DMP, su propia consultora de “fundraising”, o recaudación de donaciones, y en 2010 fue seleccionada entre los “40 líderes menores de 40 años” por el South Florida Business Journal por su aporte a la comunidad, que incluyó conseguir 100 millones de dólares en donaciones para la escuela de medicina de la Universidad Internacional de Florida.  En esta facultad trabajó durante 14 años como decana asociada e impulsó el programa HELP, financiado por el estado de Florida, que envía clínicas móviles con estudiantes de medicina a dar atención primaria y preventiva a comunidades vulnerables, donde muchos residentes no tienen seguro médico. Por cada dólar que se invirtió en ese programa, el servicio de salud pública ahorró 15 dólares, según un informe de la universidad.
 
Debbie decidió lanzarse a la política en 2016 como candidata al Senado, no ganó pero fue una experiencia de prueba que le ayudó a definir su estrategia. Este año, su campaña se basó en cuatro puntos: el seguro médico que es la principal preocupación de los votantes de Florida, los derechos de los inmigrantes, el cambio climático y el control de armas de fuego.
 
Muy personal
 
Una tragedia marcó la vida de Debbie cuando ella tenía 24 años. Su padre, el empresario riobambeño Guido Mucarsel Yunes, murió tras recibir varios disparos afuera de su casa en Urdesa Norte, Guayaquil, en octubre de 1995. Los periódicos locales reportaron sobre este crimen durante varias semanas. “Asesinaron a mi papá y parte de nuestra frustración fue que nunca pudieron detener a quienes le dispararon, no sabemos qué fue lo que pasó, nunca tuvimos justicia”, dice Debbie. “Cuando pierdes a un ser amado de una manera tan violenta, aprendes a vivir con eso, pero nunca olvidas”. 
 
Debbie sostiene la foto de su padre en uno de sus spots de campaña y dice “nunca le dije adiós. Mis hijos nunca conocieron a su abuelo. Esta es la última foto que me tomé con mi padre porque fue asesinado por un criminal con un arma. Entonces, cuando te diga que haré frente a la NRA (organización que promueve la libre venta de armas)  para proteger a nuestra comunidad, puedes creerme. Nadie debería tener que despedirse de un ser querido con una foto".
 
Este mensaje fue parte de una campaña publicitaria de 3,5 millones de dólares, pagados con donaciones recaudadas por ella misma. Debbie acudió a la mayoría de sus eventos de campaña con su esposo, el abogado Robert Powell, con sus dos hijos, Siena, de 10 años y Jude, de 12. Su madre, Himelda Gil, también la acompañó en los recorridos puerta a puerta y llamó a los votantes del distrito 26. 
 
Sus valores
 
A principios de noviembre, Debbie y todos los candidatos demócratas de Florida subieron a una tarima junto al ex presidente Barak Obama frente a una multitud. En el poder, estos candidatos “no van a permitir que los republicanos destruyan su servicio de salud”, prometió Obama. 
 
El expresidente Barack Obama apoyó la candidatura de Debbie Mucarsel-Powell y otros demócratas en Florida. Aquí con su esposo Robert Powell y sus hijos, Siena, de 10 años; y Jude, de 12. 
 
La administración Trump ha intentado poner una serie de trabas que restringen la atención médica. La más polémica se dio en abril, cuando, por decreto, se cortaron fondos para clínicas que practican abortos. Los demócratas defienden el derecho de la mujer de decidir sobre su embarazo.
 
 “En el Congreso, trabajaré para defender nuestra libertad reproductiva y voy a luchar contra la discriminación de género”, dijo Debbie durante su campaña. Las firmas que financiaron su campaña incluyen organizaciones feministas y a favor del aborto. 
 
Debbie ha apoyado el movimiento Me Too, y ha dicho públicamente que sufrió acoso sexual. “Creo que la mayoría de las mujeres nos ha sucedido. Todos los comentarios que nos hacen cuando vamos caminando por la calles en Ecuador, eso es acoso”. 
 
“Cuando el jefe te pide un cafecito a ti, pero no a tu colega que es hombre, te está tratando como alguien de segunda clase. Y esa clase viene dada por el poder económico, por eso debemos exigir un pago igualitario, una vez que las mujeres tengamos igual representación en el gobierno y pago igualitario, el acoso va a disminuir”, dice convencida.
 
Debbie Mucarsel-Powell será parte de un Congreso con un número récord de mujeres, 118; un número récord de latinos, 42; y que tendrá a dos mujeres musulmanas por primera vez. En Colorado eligieron al primer gobernador abiertamente homosexual, Jared Polis; y la más joven mujer congresista electa, Alexandria Ocasio-Cortez, de 29 años, es millenial, es latina y es socialista. Soplan cambios de paradigmas en la política estadounidense y hay una ecuatoriana participando, con voz y voto.