Una joya Guinness elaborada por un orfebre ecuatoriano | Vistazo

Una joya Guinness elaborada por un orfebre ecuatoriano

Melisa Miranda | [email protected] Sábado, 05 de Marzo de 2016 - 16:48
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El orfebre cuencano radicado en Estados Unidos, Pedro Maldonado, ha realizado una pieza que entró en el récord Guinness por ser el dreidel más valioso del mundo.

Ecuador consiguió un nuevo récord Guinness de la mano del orfebre cuencano Pedro Maldonado Lazo, que se encuentra radicado en Manalapan, Florida, Estados Unidos. Todo empezó una tarde de septiembre de 2014, cuando Shaina Stoik, esposa del rabino (que pertenece al templo judío de Palm Beach) entró en la tienda de Maldonado. La mujer venía con la idea de construir el dreidel más valioso del mundo. Su intención era lograr certificarlo en el Libro Guinness de los Récords y eligió a Maldonado para sumarse a esta gran aventura, que se concretó a finales de 2015. “La idea me gustó inmediatamente”, cuenta el orfebre a Vistazo.

Se pusieron manos a la obra, pero lo primero que debieron hacer fue conseguir fondos, porque para convertirse en el dreidel más caro debía valer 14 mil dólares. Maldonado donó su tiempo y sus conocimientos. “Recordé que mi padre, Manuel Maldonado, había hecho objetos de veneración religiosa como cálices, custodias, santos, cruces y coronas para vírgenes. Una de ellas fue la custodia para la veneración de la Virgen del Cisne en la provincia de Loja, Ecuador. Para esto, todos los materiales y gastos fueron donados por los creyentes. Esto le comenté al rabino Leibel Sotilik, él usó esta idea y consiguió las donaciones necesarias para el proceso”, explica el artista cuencano, que viene de una familia de varias generaciones trabajando en este oficio.


Familia de orfebres. El padre de Maldonado se dedicó a eso toda 
su vida y ahora, Fernando también le enseña la profesión a sus 
hijos, quienes se criaron en Estados Unidos.

Para la comunidad judía, la joya del dreidel es protagonista durante la celebración religiosa Hanukkah, y los niños suelen jugar con él ya que es una especie de trompo con cuatro caras. Se lo coloca frente a la luz de la manoran (lámpara de nueve velas), mientras se divierten o se relajan y les recuerda todas las cosas buenas que tienen y los milagros que han sido realizados. Cada lado tiene un significado y de acuerdo a cual cae determina si se sigue jugando, si se lleva todo, si no se lleva nada o se queda con la mitad. “Este instrumento y su uso en juego era un pasatiempo en épocas de guerras y persecuciones a través de los siglos”, narra Maldonado.

“Obtener la certificación del Guinness Record es un reconocimiento importante para mí y mi familia; mi esposa Shannon y mis hijos Katerine, Sofía, Max, Alex, Marco y mi ayudante Emmi Alexander; igual para mi ciudad Cuenca y mi país de origen, Ecuador”, asegura el orfebre y cuenta que personalmente fue una gran satisfacción haber construido esa pieza.

HOGAR ORFEBRE

Pedro Maldonado creció viendo el oficio familiar, cómo su padre en el taller trabajaba el metal para construir hermosas piezas. Su padre fue Manuel Maldonado Moscoso, que por su trabajo consiguió reconocimiento nacional y también en Venezuela. Manuel fue director de la Escuela de Joyería auspiciada por el centro de Reconversión Económica del Azuay, Cañar y Morona Santiago (CREA). En esa institución había un programa de cinco años con diferentes materias que formaban a los alumnos en el arte de la orfebrería; ahí es donde Pedro adquirió sus conocimientos hasta empezar sus estudios superiores. “Mi primera pieza la realicé cuando tenía ocho años. Era un estilo plano de corte minimalista parecido a una corteza de árbol, fue un gran suceso de mercado de arte joyero, fue fuente de financiamiento para mis vacaciones y viajes iniciales”, recuerda Pedro.

En 1973, con tan solo 16 años, se instaló en Estados Unidos. “Originalmente planificaba estudiar Diseño Artístico pero Nueva York era fascinante y por las circunstancias de idioma y preparación decidí a elaborar directamente piezas de joyería en un taller especializado de una compañía israelí, donde hacían piezas únicas a mano para grandes firmas como Tiffany, Jacobs, Cartier y otras”, narra Maldonado sobre su desembarco en el norte y afirma que esta “gran experiencia” le permitió aprender nuevas técnicas de grandes joyeros de diferentes nacionalidades. El local estaba ubicado en la 47 y la Quinta Avenida, en el corazón de las joyerías de la Gran Manzana.


La pieza Guinness. El dreidel contiene 55,2 gramos de oro,
37
 gramos de plata y 2 quilates de piedras preciosas.

Su escuela ecuatoriana le aportó un plus para destacarse en el mundo de la orfebrería en Estados Unidos. Pedro explica que la “joyería ecuatoriana es única, debe considerarse la historia de nuestros originarios joyeros, culturas ancestrales como la Tolita donde se hacía uso del platino, la técnica de vaciado en cera perdida y el martillado de láminas milimétricas con las cuales se elaboraron obras increíbles como máscaras funerarias con ojos de platino, que son únicas en el mundo y que están a la altura de otras culturas milenarias como Egipto, Grecia y Roma”. Según él, esa tradición sumada al aporte de los españoles creó una mezcla única, que pudo mantenerse en Cuenca. Y pone como ejemplo el pueblo Chordeleg donde se realiza la técnica de filigrana. “Los gobiernos y organizaciones civiles deben apoyar con políticas decididas del desarrollo y perfeccionamiento de las ramas artesanales. El caso del Azuay, y particularmente Cuenca tiene un potencial no aprovechado, que mejorando las normas de elaboración y uso de materiales de calidad, pueden competir con cualquier artículo de lujo de grandes firmas y joyeros”, sentencia el joyero Guinness que ya está pasando sus conocimientos a sus propios hijos, quienes continuarán el legado familiar. 

EL CASI INVALUABLE DREIDEL

El 13 de noviembre de 2015 se realizó la certificación por parte de Guinness World Records. El dreidel tiene una punta de diamante y fue valuado en 14 mil dólares. Tiene marcos plateados Tiffany y piedras incrustadas en oro. En los lados de la pieza lleva inscripciones hebreas Nun, Gimmel, Hay y Shin. Además, los diamantes y gemas que están colgados danzan al hacer girar la pieza. Pedro Maldonado invirtió 150 horas de su tiempo para realizar el dreidel y donó también sus honorarios, que hubieran sido de siete mil dólares. La joya y su certificación se presentó en la Plaza Del Mar en Manalapan, en diciembre durante Hanukkah. Será exhibida en los museos judíos de Nueva York e Israel, y posteriormente se la podrá ver en el templo Chabad de Palm Beach. El dreidel contiene 55,2 gramos de oro, 37 gramos de plata, 2 kilates de safiros, rubíes, piedras granate y otras gemas.