Philippe Starck, el extraterrestre | Vistazo

Philippe Starck, el extraterrestre

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Philippe Starck, el extraterrestre

Sébastien Mélières Lunes, 21 de Diciembre de 2015 - 11:38

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¿Celebridad, artista bohemio o creador “fashion”? El diseñador industrial francés Philippe Starck es antes que todo un gran misterio. Estuvo en Ecuador para presentar los proyectos “YOO Cumbayá” y “YOO Quito”.

Para el mundo entero Philippe Starck es al diseño lo que Karl Lagerfeld es a la moda o los Beatles a la música pero –a pesar de todo– para mí no era más que un excéntrico bien publicitado. Después de haberlo conocido retiro lo dicho: Starck es un extraterrestre, un filósofo, un creador, un fuera de serie cuya obra abarca mucho más que el diseño. El creativo parisino tiene sesenta y seis años y parece veinte menos. No va al cine, no ve televisión, no lee los diarios. Confiesa que se divierte haciendo el amor y leyendo libros. “Estoy todo el tiempo en un espacio mental”, acota este amante de la magia y la poesía.

Lúcido, culto y locuaz, no cree en Dios y no le teme a nada ni a nadie, se dice tímido pero le gusta conversar, es muy cómico y tremendamente egocéntrico. Habla alternando el francés y el inglés pensando y cuidando cada palabra que expresa. Le gusta destacar su faceta “femenina” dejando planear dudas sobre su inclinación sexual a pesar de haberse casado tres veces y de tener cuatro hijos. Habla de filosofía, de ciencia y de conceptos estéticos. A menudo repite que no le gusta lo material, que no tiene ambición ni deseos personales y que “por ende puede tener visión y sueños para los otros”.


Desde la famosa silla Louis Ghost, pasando por la bicicleta
patineta Pibal, Starck se ha construido la imagen de un
diseñador atrevido y polifacético.

Starck es un icono, una marca, un referente en el diseño pero hubiera preferido ser científico o compositor, “alguien que encaje en la gran historia de nuestra evolución”. Y es que la evolución de la especie humana es su verdadera pasión y fuente de investigacion. “Fuimos monos, ahora súper monos; ¿en mil millones de años, explotaremos con el sol?”, reflexiona en plena entrevista. Starck no es científico pero vive como tal. La mayor parte del tiempo no habla con nadie, no va a cenas ni fiestas, se dedica a estar consigo mismo y a trabajar a su manera. Todos los días se obsesiona con los detalles, el rigor y las herramientas para llegar a ser más creativo. Para él, el diseño es tremendamente serio, democrático y político. ¿Qué significa? “Para mí, todo trabajo supone una oportunidad de servir a mi comunidad, a mi sociedad y a mi civilización. Cuanto más servicio doy, más orgullo tengo de mi existencia”. Starck defiende el diseño como algo que tiene que ser “honesto y objetivo afrontando los enormes retos de toda índole: políticos, religiosos, ecológicos, económicos...”


Hotel Delano, Miami tiene un estilo minimalista. Starck ha combinado
una colección de muebles y objetos de todo el mundo, lo que incluye
obras de reconocidos artistas como Man Ray y Dalí y. Ha utilizado,
preponderantemente, el blanco y el verde encendido, acentuando la luz
que de por sí caracteriza al trópico.

Su trabajo es subversivo y rebelde. Hay que escucharlo para comprender el sentido de sus obras donde prima el bienestar de las personas, la funcionalidad y la armonía de la obra. Ha sido capaz de diseñar una nave espacial para el proyecto Virgin Galactic, que vale 200 millones de dólares, y, al mismo tiempo, un biberón de dos dólares. Es tan ecléctico que puede dedicarse a hoteles cinco estrellas, yates, sillones hasta a perfumes o champán. Puede trabajar para personajes exclusivos o crear obras para que se reproduzcan industrialmente de manera infinita. “Escojo a mis clientes con intuición y con base en la ética”. Según Starck “debe surgir una especie de amor con el cliente; solo así el resultado será bueno”.


Hotel Fasamo, Río de Janeiro. La combinación de madera, vidrio
y mármol como materiales básicos del diseño, le otorgan un
aire de fina sofisticación frente al mar.

Se involucra en cada proyecto de manera distinta. Para él cada país, cada cliente es un universo de posibilidades. Para “aterrizar” los proyectos “YOO Quito” y “YOO Cumbayá” el diseñador estudió la historia del país, los personajes que dejaron una huella en nuestra cultura hasta los defectos que nos hacen tan particulares. “Yo aprendí a conocer la famosa hora ecuatoriana y los felicito por eso”, ironizó en la rueda de prensa en Cumbayá. Bajo la marca “YOO”, Starck ha manejado más de 60 proyectos a través del mundo y cada uno es original e irrepetible. “Por respeto a los ecuatorianos, no les voy a hacer vivir en una caricatura de lo que yo creo que es su país ni en una parodia de Disneylandia”, puntualizó. “No es nuestra labor promocionar el folclor de cada país donde desarrollamos un proyecto. Nuestra misión es hacer el mejor lugar parar vivir y soñar. Yo no busco la belleza, tampoco el buen gusto, solo pretendo imaginar nuevos estilos de vida”.

EL GENIO ERRANTE

Donde está Starck está su esposa Jasmine, una mujer atractiva a quien el diseñador conoció en Louis Vuitton, donde ella trabajaba como jefa de relaciones públicas. Jasmine siempre está cerca, observando a su marido y tomando notas. Los dos viven en su avión privado y paradójicamente siempre buscan refugiarse en alguna cabaña sin servicios básicos, lo más alejada posible de la civilización. “Cuando se tiene el valor de vivir en lugares perdidos, uno se ve forzado a tener ideas novedosas”, explica. El resto del tiempo viajan por lo menos un día por mes a París para reunirse con su equipo de trabajo; a una pequeña isla al norte de Venecia donde viven desde hace treinta años o al sur de Francia donde producen ostras. “Yo soy mi propia fuente de inspiración. Yo produzco un proyecto por día, y no tengo ninguna posibilidad de recibir información o inspiración ajena. Todo viene de un trabajo personal, más que todo inconsciente sobre la vida, la mutación”.


Restaurante Ramsés, Madrid. El local se divide en cuatro ambientes:
Un bar de cócteles, un restaurante informal y en un piso superior
un bistró y un restaurante gourmet de inspiración barroca.

Starck tiene un estatus especial, evoluciona en total libertad y al mismo tiempo está consciente de los capitales, las inversiones de tiempo y la tecnología que reponen sobre sus intuiciones o visiones. “Tiene frente a usted a uno de los hombres más caros del mundo, no por lo que gano sino por el dinero que se invierte en mí”, finalizó. Al despedirnos le pregunté a Starck dónde se iba el día siguiente, contestó: “A cualquier otro lado”, con el aplomo de un nómada que no le debe nada a nadie, y la contradicción evidente de un ser que trabaja y vive el mundo según sus propias reglas.