Mujeres describen acoso sexual del tenor Plácido Domingo | Vistazo

Mujeres describen acoso sexual del tenor Plácido Domingo

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Mujeres describen acoso sexual del tenor Plácido Domingo

EFE / Redacción Martes, 13 de Agosto de 2019 - 17:52
La mezzosoprano Patricia Wulf, una excantante de ópera que ha acusado al tenor Plácido Domingo de acoso sexual, se ratificó hoy en sus acusaciones y dijo tener un testigo del presunto comportamiento inadecuado del director de la Ópera de los Ángeles.
 
"Mi relato de lo que ocurrió es exacto", dijo a Efe Wulf, de 61 años, quien en su currículo asegura haber cantado "en múltiples ocasiones" con Plácido Domingo en la Ópera Nacional de Washington, institución de la que el cantante español fue también director artístico y director general.
 
"Tengo un testigo que respaldará esto", añadió la artista retirada, quien excusó dar más detalles del caso porque, dijo, "es muy difícil hablar de ello".
 
En una entrevista de tres a cuatro horas con la agencia Associated Press, Wulf señaló que "cada vez que salía del escenario" Domingo la esperaba, se le acercaba mucho y en un susurro le decía: "'¿Patricia, tienes que marcharte a casa esta noche?".
 
Al menos otras ocho mujeres -otras siete cantantes y una bailarina- han formulado acusaciones similares contra Domingo, pero Wulf ha sido la única que ha permitido ser identificada.
 
Domingo, de 78 años, dijo en un comunicado a AP que siempre creyó que todas sus "interacciones y relaciones" con mujeres eran "bienvenidas y consensuadas", y que las "alegaciones" de "individuos anónimos" que cita la agencia "datan al menos de 30 años atrás" y son "profundamente preocupantes" e "inexactas". 
 
"Reconozco que las normas y estándar de la actualidad son muy diferentes hoy de lo que eran en el pasado. Soy un afortunado y privilegiado por tener una carrera de más de 50 años en la ópera y mantendré los más altos estándar", añadió el artista.
 
Wulf, quien ahora es una agente de bienes raíces, vive en el área de Winchester, unos 120 kilómetros al oeste de Washington DC, con su esposo.
 
"Doy el paso adelante ahora porque espero que pueda ayudar a que las mujeres hablen públicamente o que sean suficientemente fuertes como para decir 'no'", declaró a AP Wulf.
 
Prefieren el anonimato
Además de Wulf hay otras 8 mujeres que denuncian haber sido acosadas sexualmente por el cantante, pero han preferido mantenerse en el anonimato para evitar represalias dentro del mundo artístico.  
 
Una de ellas formaba parte del coro de la Ópera de los Ángeles, en donde Domingo era consultor artístico. En 1988, cuando tenía 23 años, esta mezoosoprano fue elegida para besar al tenor en una escena que representaba una orgía. Luego del beso, la mujer tuvo que limpiarse la saliva que el tenor le había dejado en la cara, mientras le susurraba “ojalá no estuviéramos en el escenario”. Luego de este episodio, el cantante empezó a llamarla a su casa fon frecuencia, pese a que ella nunca le dio su número de contacto. 
 
Durante tres años, la joven tuvo que soportar que el tenor la agarre de la cintura en los pasillos, le bese la mejilla muy cerca de la boca o que entrara a su camerino sin avisar. Tras la insistencia del cantante para verse fuera del teatro y supuestamente practicar juntos, la joven accedió a quedar con él un día a las 11 de la noche, pero sufrió un ataque de pánico y dejó de responder su teléfono. Él la llamó hasta las tres y media de la madrugada y llenó de mensajes su contestador. 
 
Finalmente, en 1991, "me rendí y me acosté con él. Me quedé sin excusas. Era como, "está bien, supongo que esto es lo que tengo que hacer", publica Diario El País.  Domingo le confesó que tenía esta superstición según la cual debía acostarse con una mujer antes un espectáculo para relajarse. Luego del acto, él le dijo que cantará mejor gracias a ella, y le dejó 10 dólares sobre la cómoda del hotel para pagar el aparcamiento. 
 
Otro caso es el de una mujer que formaba parte de la Ópera de los Ángeles cuando Domingo se convirtió en director artístico del lugar. Ella tenía 27 años y recibía elogios del tenor, así como constantes invitaciones para salir a beber algo o ver una película en su departamento. Durante una de las frecuentes visitas sin avisar a su camerino, la cantante cuenta cómo el tenor se inclinó para besarla en la cara y apoyó una mano en un lado de su pecho.
 
"Estaba totalmente intimidada y sentía que decirle que no sería como decirle que no a Dios. ¿Cómo le dices que no a Dios?", describe. Comenzó a dejar de contestar el teléfono y en persona le daba excusas. Cuando le dijo que estaba casada, Domingo respondió "es una vergüenza que tu marido no entienda sobre tu carrera".
 
Pero después de las persecuciones del cantante, ella terminó accediendo a acostarse con él. Sin embargo, poco después ella le pidió parar y le recordó que estaba casada. Ante lo cual, Domingo decidió no volver a contratarla.
 
Otra cantante de la misma ópera, a mediados de los 2000, cuenta que ya conocía la reputación del tenor y pensó que podría controlarlo. Sin embargo, al igual que con las otras, el acoso fue constante. Luego de varios rechazos, la mujer quedó con su jefe para ensayar en el departamento de él. "Me preparó y me hizo muchos elogios", pero cuando terminaron, "se levantó, metió la mano debajo de mi falda y entonces fue cuando tuve que salir de ahí", recuerda. La cantante relata cómo Domingo la siguió al pasillo y le rogó que se quedara. Señalando hacia abajo, le dijo que "le quedaban dos horas", lo que la cantante interpretó como una referencia a algún medicamento para aumentar el rendimiento sexual. Esta experiencia la dejó aterrada y no pudo volver a trabajar con Domingo, ni en la Ópera de los Ángeles. 
 
El último caso de acoso fue relatado por AP. La joven confesó que durante una década en los noventa, Domingo la llamaba a su casa de forma discontinua y le dejaba mensajes subidos de tono que incluso su esposo alcanzó a escuchar. “Cuando trabajas con el hombre más poderoso en la ópera, intentas cooperar”, explica. Un día, en la Ópera de Washington, quedaron para comer en el hotel del tenor para hablar de trabajo. Tras el almuerzo, dijo que necesitaba subir a su cuarto antes de volver a la sala de ensayos. Me llevó con él, aparentemente cogió sus cosas y me invitó a entrar. Entonces empezó a abrazarme y besarme”. La bailarina lo apartó e insistió en que debía volver a los ensayos.
 
“Cuando quedó claro que no iba a acostarme con él, me acompañó al ascensor y volvió a su habitación. Cuando se abrió la puerta del ascensor, me derrumbé en el suelo, estaba sudando abundantemente”, describe.