Fetichismo | Vistazo

Fetichismo

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Fetichismo

Jueves, 31 de Enero de 2019 - 10:14
La tenaza que ancló en la historia la dictadura cubana fue el pacto del imperio soviético con el imperio americano. Para retirar las bombas nucleares que desde Cuba apuntaban hacia una destrucción masiva inevitable, por la cercanía de los misiles, a cambio de la intangibilidad de la revolución castrista que ahora se acerca a Washington después de clonar y apadrinar a Chávez que sustituyó a Moscú como prestamista de última instancia de La Habana.
 
Al colapsar económicamente Caracas, como en su momento colapsó Moscú, ya La Habana se ha puesto a salvo con un pie en Washington mientras la dictadura de Caracas desafía a Washington. El desafío de Maduro, que es la figura populachera que decora la dictadura militar de Venezuela, es resultado de la política errática de Washington con América Latina y particularmente con América del Sur. Política particularmente errática desde que desapareció la amenaza nuclear del imperio soviético que es lo que realmente preocupaba a Washington en la Guerra Fría, los derechos humanos, la democracia y el capitalismo eran el adorno de la relación. Terminada la Guerra Fría, con Bush hijo y Obama, la penetración del neocomunismo con Chávez, Lula y Castro pudo correr sin semáforos. Hoy paradójicamente el controvertido Trump ha logrado unir a los gobiernos democráticos de América así como en la Guerra Fría el general Eisenhower reunía como un rebaño a las dictaduras militares de la región, de esta manera el gran resultado global es un mundo que sigue dividido entre Washington y Moscú, con una restauración conservadora capitalista tomando ventaja de la corrupción desaforada de dictaduras plebiscitarias de izquierda que rascaron las ollas del resentimiento social.
 
La permanencia en el poder de la dictadura fetiche de Maduro es el bastión de la izquierda, que la defiende por lo que representa no por lo que es. Deviene como gritar esta es una dictadura de mierda pero es nuestra, y al centro de la defensa está un sector tradicionalmente cooptado por la derecha, la fuerza armada. Lo cual ha sido posible porque el comandante Chávez, gran líder de una revolución civil, era militar. En consecuencia, sabía en carne viva cómo se podía penetrar en el alma del soldado, en las recónditas neuronas de la corrupción y el poder, de hombres provenientes de un pueblo explotado cuyo destino profesional era servir a los explotadores recibiendo migajas a cambio. Chávez les dio el oro y el moro y por eso sostienen a Maduro, su fachada civil de una dictadura militar, un camionero que llegó a canciller de una supuesta revolución de izquierda.
 
El meollo de este histórico culebrón no es si Maduro resistirá o hasta qué punto resiste el apoyo militar a Maduro, sino si la derecha supuestamente restauradora de derechos humanos, democracia, ética y capitalismo, ha comprendido que toda esta tragedia salpicada de muerte, latrocinio y engaños tuvo su justificación en un capitalismo salvaje que desprecia al ser humano y adora al becerro de oro. Si no lo han comprendido la historia se repetirá y el péndulo seguirá oscilando.