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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Estibados

Jueves, 22 de Agosto de 2019 - 14:22
El contenedor de la gobernabilidad de la república de papel, bien estibado por el gatopardo, está listo para el aforo de la misión técnica del Fondo Monetario Internacional. Específicamente para las bisagras de plata, de los proyectos de ley, de las reformas laboral y tributaria que debe aprobar la Asamblea después del receso legislativo, para que la mesa le quede bien servida a los aspirantes a Carondelet.
 
Pues, así lo garantiza el trabajo de hormiga ejecutado antes del receso, donde destacan la censura a la intocable exministra de salud, censura y destitución de la mayoría correísta del consejo de participación, que posibilita el control de la nueva mayoría, estímulo a la bancarización con ajuste de tarifas, y firma del acuerdo más seguridad para Guayaquil.
 
Como colofón se asegura el pago de la deuda a la reserva bancaria, ante la impaciencia de quienes estaban esperando demasiado.
 
El país sigue su marcha pese a las voces cataclísmicas que avizoran un escenario similar al argentino, si no se pone con ganas el pie en el acelerador de las medidas económicas, para recuperar el equilibrio perdido. Pero aquí no es Argentina, el gatopardo ha dejado bien claro que él no quiere la reelección como Macri. En consecuencia, no lo desvela despedirse con un nivel bajo de popularidad si él cumple con dejar puestos los manteles y los cubiertos que solo la fantasía puede proyectar como un banquete para los líderes de la derecha. El uno con un pacto de siquiera tres años, desde la primera vuelta presidencial, que fue opacado por el apretado resultado del balotaje final.
 
Y el otro encabezando un clamor ciudadano que cree satisfacerlo o minimizarlo con una oposición de la boca para fuera, o juicios políticos sin censura a exfuncionarios, mientras públicamente suscribe un pacto de gobernabilidad con quienes considera ilegítimos detentadores del poder.
 
Pero toda esa parafernalia pelucona se puede ir al carajo si insurge en la carrera un aguafiestas electoral, como en su momento fueron Abdalá Bucaram, Lucio Gutiérrez o Rafael Correa. Todo es posible, y si esto es así quienes se pueden desvelar son el que fue presidente por unas horas la noche de la segunda vuelta presidencial, y el que está haciendo de dueño del país sin que nadie se de cuenta. Entre tanto, la denunciología en afanoso galope no se concreta sancionando a los corruptos y recuperando lo robado, como plebiscitariamente ordenó la consulta popular 2018 que perfumó de aroma de multitudes al gatopardo y compañía.
 
Pero el machismo en la justicia criolla, que ha hecho prevalecer a la impunidad, intempestivamente se ve desplazado por la proclamada paridad de género, con una Fiscal y una Jueza que abren un paréntesis de esperanza para acabar con tanta impunidad, que a veces da la impresión de ser una meta de la gobernabilidad.