El hombre fuerte de Moreno | Vistazo

El hombre fuerte de Moreno

Jueves, 17 de Mayo de 2018 - 11:49
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De repente, Julio César Trujillo se convirtió en el hombre fuerte del Gobierno. A la falta de claridad política en Carondelet, el presidente Lenín Moreno debe refugiarse en la única institución capaz de darle certezas al país y mantener encendida esa noción de futuro.
 
Por eso, el apoyo público que el Mandatario mostró el 7 de mayo al Consejo de Participación Transitorio fue una boya de flotación para sí mismo. Muchos lo aplaudieron por reafirmar la tesis de la legitimidad moral en las tareas de evaluación y fiscalización al correísmo, con tan buenos resultados para Trujillo y sus consejeros.
 
Aquello ocurrió, precisamente, cuando varias voces jurídicas –muchas con razón– han alertado sobre la posibilidad de que el Transitorio se extralimite, por ejemplo, al evaluar a la Corte Constitucional sin que exista claridad sobre su competencia.
 
El espaldarazo se dio también a sabiendas de que podría apresurarse el fin de Gustavo Jalkh, hombre al que meses atrás Moreno felicitó por su “integridad y eficiencia”.
 
Pero el Consejo Transitorio ahora es popular. Cuestionarlo sería un error político para un Gobierno que cumple su primer año con un bajón en la popularidad frente a un país preocupado por lo que nadie imaginó en las presidenciales de 2017 ni en la consulta popular del 4 de febrero: el terrorismo, el miedo y la inseguridad.
 
Sería injusto criticar al presidente Moreno por el apoyo a Trujillo o por sentirse, de alguna manera, parte de sus decisiones valientes, pues de él fue la determinación por impulsar la reforma política para salir del autoritarismo.
 
El problema surge porque los logros del Transitorio son los únicos que puede exhibir el Gobierno, de forma indirecta, en contraste con la debilidad de un gabinete incapaz de escudar al Presidente.
 
El día en que asumió el poder, Moreno dijo que su anhelo era ser un presidente de bajo perfil, muy a lo democracias parlamentarias. Su equipo de colaboradores tendría que llevar la vocería de las buenas y malas acciones del Gobierno. Pero ocurrió todo lo contrario. Atormentados por el pecado original de haber sido correístas confesos y entusiastas, los ministros de este Régimen carecen de la estatura política para pelear por Moreno y las causas de la democracia. Por eso, la ministra de Finanzas se preocupa más por desvirtuar la idea del sobreendeudamiento de Correa que en aplicar el plan urgente para salir de la calma chicha económica. Y qué decir del frente político: César Navas, Patricio Zambrano y María Fernanda Espinosa minaron la imagen de Moreno en una crisis tan mal manejada, donde los bombazos, los secuestros y las masacres en la frontera norte transformaron el progresismo del Gobierno en indolencia. Oswaldo Jarrín puede tranquilizar al país y eso será positivo para Carondelet y las Fuerzas Armadas.
 
Y frente a la inercia de personajes como Miguel Carvajal, Juan Sebastián Roldán ha asumido una vocería fresca que puede caer en la simple retórica. El presidente Moreno entra a su segundo año de mandato, con la fuerza política que le llega de Trujillo y de las acciones del Consejo, pero con la urgencia de “descorreizar” al gabinete. Si pierde más tiempo, el desgaste será irreversible.