Doble fracaso sudamericano | Vistazo

Doble fracaso sudamericano

Jueves, 19 de Julio de 2018 - 14:54
Facebook
Twitter
Email
No debiera ser motivo de regocijo político el fin de la Unasur. Como tampoco lo es, para millones de sudamericanos, que ninguna de sus selecciones se quede por cuarta ocasión sin levantar la copa Mundial.
 
Es bueno hablar de política y fútbol en una misma columna, porque la crisis que viven la Unasur y la Conmebol muestra la inutilidad de sus élites por pensar en la integración regional como un espacio para la cooperación y el desarrollo humano. Un lugar donde se respete la ley, más allá de quienes sean los estadistas, caudillos y déspotas de turno.
 
El presidente electo de Colombia, Iván Duque, desahució a la Unasur al anticipar la salida de su país, siguiendo el ejemplo de Brasil, Argentina, Chile, Perú y Paraguay. Mientras que el mandatario Lenín Moreno, en tímida sintonía, no quiso prestar el edificio suntuoso de la Mitad del Mundo para sus funerales, pues lo destinó a un asunto clientelar mucho más urgente: sellar su alianza con los sectores indígenas.
 
Duque tiene toda la razón al decir que este organismo fue la alcahuetería del proyecto dictatorial de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. Y como todo en América del Sur es cortoplacista y corrupto, vuelve a ser una quimera contar con un organismo suprapolítico que la represente en la esfera global y que con su ejemplo motive a los pueblos a construir instituciones democráticas trascendentes.
 
Sin embargo, es una pena que un político moderno como Duque no haya propuesto una sola idea alternativa en su reemplazo. Esa era su obligación como el presidente más joven del vecindario y el mayor entusiasta de conceptos como la economía naranja, tan oportuna para los países periféricos.
 
Él prefiere fortalecer el diálogo interamericano y está bien. Pero América del Sur necesita de un espacio propio ahora que Estados Unidos, gran dínamo de la OEA, tiene un presidente disruptivo y enemigo de los consensos.
 
Dentro de poco ya no tendrá sentido hablar de la Unasur; cada país velará por sus intereses diplomáticos y Venezuela seguirá tan hundida como hasta ahora. En cambio, al fútbol sudamericano le urge un espacio de reflexión, donde la reingeniería política y el saneamiento de sus federaciones son impostergables.
 
Las corruptelas alentadas desde la Conmebol –igual que ocurrió con los políticos de Unasur– demostraron que a sus dirigentes solo les interesó enriquecerse y que la evolución futbolística de las selecciones, clubes y jugadores pasó a segundo plano. Por eso, más allá del teatro de Neymar en las canchas, de los grotescos espectáculos de Maradona en las tribunas y de las palancas de Luis Chiriboga para que le rebajen la pena de su arresto domiciliario y quedar libre antes del Mundial de Qatar, la región tiene muy poco fútbol del cual enorgullecerse.
 
El compromiso y la disciplina de casi todas las selecciones europeas demostraron que en nuestros estadios, el fútbol es pura improvisación y que en épocas de alta competencia y grandes gladiadores, el ‘jogo bonito’ es un cliché superado.
 
Solo sobresale Uruguay, cuyo fútbol es la inspiración de un maestro como Óscar Washington Tabárez, que más que jugadores forja hombres de bien.
 
¡Cuánta falta le hace a la Conmebol dirigentes como Tabárez!… y a la Unasur también.