Distorsión económica; política incoherente | Vistazo

Distorsión económica; política incoherente

Jueves, 17 de Enero de 2019 - 09:41
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Ecuador tiene demasiadas distorsiones económicas. También políticos, dirigentes empresariales y sociales muy poco coherentes. Desde finales de 2015, cuando el ‘boom’ petrolero llegó a su fin, el país habló de la urgencia de una reforma que dinamizara al sector productivo y mantuviera a flote el principal patrimonio de los ecuatorianos: la dolarización.
 
La prensa escribió cientos de páginas y dedicó horas a hablar de los subsidios ineficientes, del gasto público incontrolable y del daño que ocasionó en casi todos los agentes un Estado sobreendeudado, opaco y controlador. La narrativa del jaguar latinoamericano llegaba a su fin y el correísmo se diluía en su propaganda.
 
La campaña electoral fue profusa en estas lecturas y Lenín Moreno se propuso marcar un nuevo compás económico. Transparentó el tamaño de la deuda pública y acogió las inquietudes del empresariado con un proyecto de remisión tributaria y otros incentivos.
 
El ritmo de Moreno ha sido lento, a ratos desesperante. Es un comportamiento propio de su ideología poco estructurada, pero ideología al fin– que reivindica la tutela estatal y, como dice Juan Sebastián Roldán en tono episcopal, la opción preferencial por los más necesitados. Desde mayo de 2017 se habló de los pecados del presupuesto: la abultada nómina de servidores públicos pagada con el 60 por ciento de la recaudación tributaria; un endeudamiento público superior al 50 por ciento del PIB, donde hubo obligaciones que el correísmo dejó de pagar; y el alto costo por mantener el subsidio a los combustibles que supera los 4.000 millones de dólares.
 
Pero cuando Moreno decide sincerar el precio delas gasolinas y adelantar la tarea ante el FMI, se encuentra con el Ecuador de siempre. Jaime Nebot, que semanas atrás criticaba la proforma 2019 porque se enfocaba solo en pagar la nómina estatal y no en generar producción, cuestionó la medida alegando estudios más profundos al respecto. Una posición similar tuvo Guillermo Lasso, para quien en el fondo, el modelo correísta de alto gasto público sigue vigente.
 
El solo anuncio sobre los combustibles motivó a las izquierdas a hablar de movilizaciones, dando a los poderosos empresarios del transporte el mejor pretexto para presionar por sus privilegios.
Ninguno de estos sectores ha sido capaz de reconocer que un país que mantiene por 16 años el precio de los combustibles bajo subsidios poco eficientes, no puede tener una economía real y saludable.
 
El Gobierno no logra construir un consenso alrededor del ajuste económico. Su miedo a la impopularidad le vuelve preso del chantaje de grupos como los transportistas. Por eso retrocedieron en la revisión del precio del diésel y ahora el Régimen tendrá que dar alivios similares a los camaroneros y a la pesca. Moreno intenta escribir un nuevo capítulo en la historia, con el mismo libreto del pasado. Así la transición no funciona. Mientras la sociedad no se enfoque en lo primordial, como por ejemplo, en rescatar a la Seguridad Social y lograr que los pocos subsidios que el  Estado puede costear se dirijan a esta área para proteger a los más vulnerables, sus políticos y dirigentes seguirán siendopoco coherentes.