De Trump a Bolsonaro | Vistazo

De Trump a Bolsonaro

Lunes, 22 de Octubre de 2018 - 10:09
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Hay razones de sobra para entristecerse por Brasil y preocuparse por América del Sur. Si Jair Bolsonaro gana la segunda vuelta, se inaugurará un período confuso de intolerancia y egoísmo que impactará en una región sin contrapesos políticos ni liderazgos adecuados.
 
El candidato con las mayores opciones para gobernar el país más grande, industrializado e influyente de la región, es xenófobo, machista y provocador. Hizo suyo el discurso que cala en sociedades desalentadas: la ruptura total, el proteccionismo, la construcción de enemigos y la violencia. 
 
Lula y Dilma; la izquierda y los partidos tradicionales; Odebrecht y Lava Jato; el oportunismo de Temer y el populismo ineficiente... Bolsonaro no es el origen, es la consecuencia de una sociedad que pasó por alto el ingrediente más importante y delicado en la política de cualquier nación: la ética como la única forma de administrarla.
 
Pocos podrán negar que la izquierda, en los casi 20 años que gobernó en varios países de la región, tenía como urgencia combatir la pobreza. Pero en nombre de esa desigualdad –salvo excepciones como Uruguay y Chile–, se destruyeron instituciones, rompieron normas de convivencia y de rendición de cuentas. Cuando se creyeron todopoderosos, alentaron una corrupción infame que años después quebró países y desilusionó pueblos.
 
Eso ocurrió en Brasil, por eso el golpe electoral al Partido de los Trabajadores no pudo disimularse con el relato de un Lula perseguido. ¡Dilma Rousseff ni siquiera alcanzó un escaño como senadora! La tendencia tendrá que hacer un balance descarnado y reconocer que, en buena medida, parió a Bolsonaro y sus amenazas extremas.
 
Si nos escandalizamos por la forma tan particular con la que Donald Trump entiende el mundo y organiza el poder, cómo lidiará el vecindario con un presidente que cree en el orden racial, justifica las dictaduras, apoya la pena de muerte, discrimina a las mujeres y a los homosexuales y está dispuesto a que la gente porte armas en un país que tiene una tasa de homicidios seis veces más alta que EE.UU., según The New York Times.
 
Con semejantes credenciales, los temores económicos en Mercosur, por el proteccionismo de Bolsonaro, serán el mal menor. Quizás por ello, los gobiernos de América Latina opten, como siempre, por virar la cara hacia otro lado, negociando únicamente agendas de crecimiento e intercambio. Con el liderazgo de Mauricio Macri, diluido en Argentina, y el extremo pragmatismo de Chile y Colombia, muy poco se debatirá sobre los miedos que despertará Brasil si Bolsonaro derrota a Fernando Haddad, el gran damnificado de la izquierda latinoamericana.
 
Pensadores como el español Manuel Castell, creen que en esta región se prenderá otro foco de neofascismo, como ya ocurrió en EE.UU., Italia y varias regiones europeas. 
 
Por eso la izquierda, tolerante y cómplice con el otro fascismo –el venezolano–, tiene menos posibilidades de dar una batalla moral y posiblemente electoral. El desafío queda para las tendencias más liberales del continente y la necesidad de que marquen un distanciamiento crítico y firme para que si Bolsonaro gana en Brasil, no las arrastre hacia un proyecto político que genera preocupación y tristeza.