Correa se juega su trascendencia | Vistazo

Correa se juega su trascendencia

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Correa se juega su trascendencia

Jueves, 04 de Octubre de 2018 - 15:00
El error que Ricardo Patiño y Gabriela Rivadeneira cometieron un año atrás, cuando pretendieron destituir a Lenín Moreno de la presidencia de Alianza PAIS, le costó caro al correísmo. Ahora, esta corriente política no tiene la posibilidad de participar en las elecciones seccionales del próximo año y, en consecuencia, sus canales de expresión popular quedarán seriamente comprometidos. Será muy difícil medir la influencia del líder de la Revolución Ciudadana sin el rasero de las urnas.
 
Es verdad que el Consejo Nacional Electoral se valió de los enredos jurídicos diseñados por el propio correísmo, años atrás, para evitar su recomposición. Pero la arbitrariedad con la que se quiso castigar a Moreno se cuenta por sí sola. La intentona de Patiño y Rivadeneira fue el típico error político tomado al calor de la furia sin que medie táctica alguna ni un ápice de sentido común.
 
Ahora que el cerco judicial a Rafael Correa se cierra de a poco, cuánta falta le hace una agrupación política, legalmente reconocida, desde donde comandar su resistencia. Sus máximos representantes buscarán alianzas puntuales con determinadas tiendas para que les presten los casilleros y poner algunos candidatos.
 
Sin embargo, el problema de la Revolución Ciudadana no es solo de membrete, sino de liderazgos, pues sus cuadros carecen de las competencias electorales necesarias para alzarse con victorias en ciudades y provincias importantes. Ni siquiera el apoyo popular que aún tiene Correa (algunos sondeos dicen que supera el 25 por ciento), le será suficiente para comandar desde el ático, en Bélgica, una campaña nacional, pues tiene cosas más urgentes en qué ocuparse, como enfrentar a la justicia por la retahíla de casos que le explotaron desde que dejó el poder.
 
Y aunque el desgaste de Moreno en la Presidencia también complique a lo que queda de Alianza PAIS, el caciquismo y las clientelas, tan propios de una contienda seccional, siempre jugarán a su favor. Serán otros los que aprovechen, electoralmente, el ocaso de una fuerza que fue hegemónica una década completa. El socialcristianismo de Jaime Nebot puede ser el más interesado en cotizar esos pasivos.
 
Correa se juega su trascendencia, pues a Alberto Dahik y a Abdalá Bucaram, el exilio forzado les apocó políticamente. El populismo, desde la perspectiva académica de los sociólogos, se nutre por esa sintonía a veces inexplicable, casi mágica, entre el caudillo y su pueblo.
 
El mito del gran ausente no será una garantía para mantenerse vigente, como tampoco esperar a que alguna coyuntura crítica reedite los episodios del retorno velasquista, en un país que 50 años después tiene una coraza institucional diferente.
 
Una salida estratégica es que Correa enfrente la prisión preventiva y, al estilo Lula, busque redefinirse desde la cárcel, tomando en cuenta el costo personal y de imprevisibles consecuencias que semejante escenario le puede significar. Los procesos judiciales que lo golpean son en extremo complejos, ya que los cañonazos por corrupción y violación a los derechos humanos que ha empezado a recibir pueden hundir hasta el buque más poderoso del océano.