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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Constituyentes

Jueves, 23 de Mayo de 2019 - 12:22
Lentamente como si nada, sin el alboroto de una asamblea constituyente ni de una consulta popular específica, la república de papel está transitando de un sistema de presidencialismo reforzado a uno semiparlamentario moteado de presidencialismo, de un régimen autocrático a uno de soberanía parlamentaria.
 
Las recientes elecciones seccionales con 80 mil candidatos y multiplicidad de movimientos regionales, autoproclamados triunfadores exhibiendo como trofeo unas decenas de alcaldías compartidas, es una señal discreta pero luminosa de que la república regresa a tiempos de las guerras de independencia, donde los cabildos fungieron de constituyentes de la naciente república que, con el nombre de una línea geográfica imaginaria, devino en estado unitario con dos países hermanos, uno de costa y otro de sierra.
 
Es decidor que la primera fuerza electoral de la república está presidida por el líder de la mayor circunscripción electoral, que se perfila como el mejor opcionado a la presidencia aunque no ejerza liderazgo en el otro país donde sus constituyentes echarán a última hora los dados del triunfo. Reflejo fiel de esta realidad es la nueva mayoría en la asamblea donde están todos juntos pero no revueltos.
 
Esta mágica realidad la permite el funcionamiento armónico de las mayorías móviles, facilitado por la extinción de esa especie de los monos aulladores del Guayas cuyos últimos exponentes fueron el felino y el loco que odia. Que ante el primer asomo de desavenencia armaban tal relajo con destempladas observaciones, sobre camisetazos y el hombre del maletín, que el pastel se desarmaba. Ahora no, la madurez imperante con el último intemperante en el exilio voluntario permite el refinamiento parlamentario de acordar desacuerdos para que cada uno salve la cara. Así es como ahora de nuevo los proyectos de ley se votan por partes, lo que permite aprobar el proyecto completo por tajadas donde cada una tiene una mayoría diferente, y en control político hay espacio para el lujo de que el gobierno bloquee formando consenso con el único bloque de oposición, algo de locos porque facilita el portento de que los aliados se disfracen de opositores.
 
Esta coreografía de la simulación se basa en los constituyentes originales de la república de papel, los mismos de la partidocracia, de los gritos de independencia, los caciques provinciales jefes de los gobiernos autónomos y gerentes propietarios de los movimientos regionales representados en la asamblea brindando estabilidad y gobernabilidad. De allí que resulta inoficioso reformas constitucionales o consultas populares, pues la prioridad es poner al servicio de los nuevos dueños del país las mismas reglas que utilizó el dictador. Los cambios que alientan son dirigidos a fortalecer la soberanía parlamentaria como, por ejemplo, integrar las funciones electoral, judicial y de control funcionando con las mismas normas, e igual el Ejecutivo para repartir mejor el presupuesto que aprueba la asamblea.