Con el grillete a cuestas | Vistazo

Con el grillete a cuestas

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Con el grillete a cuestas

Viernes, 17 de Agosto de 2018 - 09:12
Fernando Alvarado Espinel representó por muchos años la faceta imperdonable del correísmo. Aunque a él no se le atribuye el diseño de la política que, en materia de libertad de expresión, golpeó al Ecuador de manera implacable –para eso estaban su hermano Vinicio y varios asesores bolivarianos–, fue el gran ejecutor de la mordaza. Desde su condición de ‘jardinero fiel’, arrancaba todos los días cualquier brote de verdad que surgía en la prensa para sembrar en su lugar grandes plantaciones de propaganda abusiva y falaz.
 
Tuvo en sus manos una ley con la que se castigó a la prensa independiente, medios de comunicación estatal para multiplicar la doctrina del correísmo y un ejército acosador de trolls en las redes sociales. La Secretaría de Comunicación hizo de los enlaces ciudadanos un tribunal inquisidor donde el Gobierno amasó un poder intimidante.
 
Pero desde el jueves 9 de agosto, Alvarado lleva un grillete en su tobillo. La Fiscalía presentó cargos en contra, por presunto peculado, en los procesos de contratación para la producción de esas sabatinas con un perjuicio para el Estado por 250.000 dólares. Es apenas uno de la docena de casos que, por la misma figura, salpican a este peso pesado de la llamada revolución ciudadana. El supuesto daño económico se cuenta en varios millones de dólares, pero ¿y el daño democrático?
 
Es posible que desde la Justicia sea más fácil configurar el cometimiento de un delito público cuando el perjuicio es en dólares y hay entidades como la Contraloría capaces de establecerlo. Los tribunales determinarán si las cadenas impuestas por la Secom afectaron el erario nacional o si GamaTv, como lo aseguró Andrés Michelena, está en quiebra por haber sido el centro de transmisión de las sabatinas.
 
Sin embargo, el gran golpe que Alvarado asestó al país fue institucional. Él, por su cargo de secretario nacional y por los recovecos constitucionales ideados por Alianza PAIS, no fue sujeto de juicio político en la Asamblea.
 
Los políticos y periodistas difamados y perseguidos hasta el asedio nunca tuvieron derecho a la réplica, pues Alvarado señalaba alegremente que la Secom, al no ser un medio de comunicación, no estaba bajo el control de la ley mordaza.
 
Tampoco es fácil olvidar que todo el aparato gubernamental ejecutó una campaña de silenciamiento con portadas, columnas de opinión y piezas audiovisuales impuestas desde las oficinas del poder para opacar las cientos de investigaciones periodísticas que hoy se vuelven fundamentales al descifrar los escándalos de corrupción que tienen a las principales figuras de la década ganada en serios aprietos. Fernando Alvarado odió como pocos políticos de este país a la prensa y hasta el momento, no se ve de qué manera el país podrá exigirle cuentas por su comportamiento poco democrático.
 
La promesa del morenismo, de impulsar un proceso de revisión y reparación a las multas y sanciones que aplicó la Superintendencia de Comunicación, seguramente, alcanzará solo a su titular, Carlos Ochoa. 
 
Alvarado tiene un grillete en el tobillo mientras es investigado o, de ser el caso, enjuiciado. Pero el grillete que por años arrastró la prensa aún no ha sido retirado. Hará falta mucho más que unas reformas legales para enmendar todo el daño causado.