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OPINIÓN: Las razones por las que Arauz perdió en segunda vuelta

Francisco Sánchez Martes, 20 de Abril de 2021 - 17:58
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El delfín del correísmo recibió la herencia del voto duro. Fue su activo. Pero su pasivo llegó en mayor medida: el rechazo a Rafael Correa, que en ciertos sectores de la sociedad llega hasta el 60 por ciento. Aquí las razones por las que Arauz perdió en el balotaje.

A propósito de los resultados de la segunda vuelta, comentaba con un colega que estas elecciones se estudiarán por ser un ejemplo de cómo perder una elección que estaba ganada, a lo que él, de forma acertada, refutó que pueden ser un ejemplo de cómo ganar una elección que estaba perdida.

Sigo pensando que más que una victoria de CREO fue una derrota de UNES. Sin desmerecer al presidente electo, el balance de errores pesa más del lado de Arauz, pues se suma que las condiciones de partida del candidato Guillermo Lasso no eran las mejores, algo en lo que coincidía el gran estratega de la victoria de Lasso, Jaime Durán Barba, en artículos de prensa.

Lo más relevante era la resistencia próxima al 60 por ciento que le tenían algunos ciudadanos al preguntar sobre si votarían por él y que una campaña nefasta de los consultores de la empresa Devengo intentó reducir durante la primera vuelta, haciendo del candidato lo que no es: un tipo populachero y cercano, conducta que generó más bien desconcierto entre sus votantes. Es así como, en su intervención durante la reunión con Yaku Pérez y el pleno del CNE, se pudo ver la mejor versión de Lasso, con un discurso propio y cercano que rompía con el estilo artificioso de la campaña.

La diferencia de solo 32.115 votos entre el segundo y el tercer lugar, luego de un muy cuestionado proceso de conteo, fue otro paso en la victoria que se convirtió en derrota. Toda la coyuntura entre la primera vuelta y la proclamación de los finalistas a la segunda vuelta es un punto de inflexión que incidirá en el resultado. En ese período, el correísmo ve con aparente claridad que le conviene una segunda vuelta con Lasso, porque todos los indicadores hacían pensar en una cómoda victoria de Arauz.

Al tiempo, se produce un debate en la opinión pública acerca de la necesidad de que en la segunda vuelta esté alguien capaz de ganar a Andrés Arauz y, sobre todo, se discuten las razones por las que sería mejor que el correísmo no volviese al poder. Así, la discusión sobre la gestión económica que primó en la primera vuelta, donde el correísmo no tiene rivales al haber gestionado el boom de la primera década del siglo y del milenio, se transformó en un debate sobre estilos de gobierno, tensión social, abusos de poder, ataque a los medios de comunicación, crispación, autoritarismo y corrupción. La segunda vuelta se convirtió en una elección entre correísmo y anticorreísmo.

 El anuncio de que Jaime Vargas se unía a la campaña de UNES le fue contraproducente. El presidente de la Conaie es cuestionado por estar en funciones prorrogadas.

HERENCIA DEL BIEN Y EL MAL
Este cambio de eje del debate, de lo económico a lo político y sus formas, hizo que la herencia -etimológicamente “estar adherido”- del correísmo dejase de ser un activo para convertirse en pasivo. Rafael Correa, a la vez que transfirió al candidato los votos de sus incondicionales (25 por ciento), comenzaba a traspasarle también el rechazo cosechado en algunos sectores de la sociedad, cercano al 60 por ciento.

Por su parte, los asesores de Arauz, conscientes de que Correa había llegado a su tope máximo como aporte de votos para el candidato, trataron de relegarlo a un segundo plano, al tiempo que intentaron que Arauz marcase diferencias y buscara un perfil propio; algo que resultó muy difícil ante la fuerza de las intervenciones públicas de un Correa furibundo y poco estratégico, cuyas apariciones servían a la vez para que UNES infundiese moral a los suyos y CREO alimentase la figura del riesgo autoritario.

Cuando en la segunda vuelta “el candidato de Rafael Correa” (así aparecía en las primeras encuestas) pasó a ser él mismo, quedó claro que uno de los mayores problemas de Arauz era el propio Arauz.

La sorpresiva elección de un candidato de 36 años que nunca había participado en elecciones, de quien se esforzaban en destacar sus estudios universitarios y su carrera como alto cargo, pero que al tiempo llamaba la atención por su entusiasmo como imagen renovadora del correísmo, acabó siendo el punto débil de UNES. Su falta de carisma y liderazgo se vieron compensados por la obediencia a la pauta del equipo de campaña, pero esta actitud le pasó factura, pues, a la larga, no ha resultado convincente al mostrarse de varias formas sin que ninguna parezca propia, ya sea el tono de voz, el vestuario o el lenguaje corporal: resultaba muy difícil decir cuál es el verdadero Andrés Arauz. Las alarmas sonaron en el debate, un espacio en el que debería haberse sentido cómodo al tener más formación académica y conocer el Estado y su funcionamiento luego de años de ministro, pero no fue así.

Por otro lado, la narrativa sobre sí mismo, centrada en presentarse como un modesto chico de clase media, se desmoronó al hacerse público que estudió en uno de los colegios más caros y exclusivos del Ecuador y que su primer trabajo en el Banco Central lo consiguió nada más que re gresar de hacer el Bachelor en los EE.UU. A ello se sumó la historia de las licencias e indemnizaciones laborales, haciendo tambalear su imagen de paladín frente a unos privilegiados de los que parecía formar parte.

El candidato derrotado, Andrés Arauz, tuvo la noche del domingo 11 de abril el gesto de admitir el triunfo de Guillermo Lasso, en las urnas. Fue, desde 2006, la primera derrota contundente del grupo político que lidera el expresidente Rafael Correa.

ERRORES DE CAMPAÑA
La campaña de UNES fue errática. No supieron ver que los mensajes contra Lasso de la primera vuelta, con los que alcanzaron el 32,72 por ciento de los votos (menos de lo que esperaban) no servirían para ampliar la base de votantes durante la segunda vuelta, en la que era fundamental acercarse al centro del espectro político y tratar de seducir a electores que les habían sido esquivos.

Sin embargo, en lugar de construir una nueva narrativa, siguieron insistiendo en Lasso como sucesor de Moreno (exvicepresidente de la Revolución Ciudadana), sobre todo mostrando imágenes de la represión durante las manifestaciones de octubre, menciones al neoliberalismo, el FMI o la corrupción.

Otro eje fueron los vínculos del candidato Lasso con el feriado bancario y su consecuencia: la migración (hechos ocurridos en 2000). El tercer eje se fijó en los privilegios de él y los suyos por ser ban quero, para lo que usaron como ejemplo el esperpéntico proceso de vacunación contra la COVID. Tampoco fueron acertados los intentos para ganar el voto de mujeres, ecologistas o indígenas, por el contrario, resultaron forzados e impostados al estar tan presentes los agravios vertidos contra todos ellos por Rafael Correa durante los 10 años anteriores, como queda patente en una hemeroteca plagada de rabiosas declaraciones, las mismas que inundaban las redes sociales luego de cualquier intervención pública de Arauz en la que buscaba marcar un perfil propio y aproximarse a esos grupos.

Uno de los flancos más débiles de la campaña radicó en no convencer a los electores de la capacidad de gestión económica del candidato, aspecto que, sobre los papeles, era su fuerte por su formación como economista. Fue controvertida la oferta de entregar mil dólares a un millón de familias: fue duramente criticada como demagógica y acertadamente convertida en un salvataje social, en oposición al salvataje bancario que vinculaba a Lasso como parte del gobierno de Mahuad.

La cita de México, viralizada por redes, generó la sospecha de que los estrategas no estaban en el país y que Arauz no sería autónomo en las decisiones.

PRUEBA DE ECONOMÍA
Sin embargo, el candidato de UNES no pudo quitarse la imagen de peligro para la dolarización o de poco amigable con el sector privado. Además, sus propuestas económicas eran cambiantes y de difícil comunicación.

Primero habló de financiar el país con dinero electrónico o con la ampliación de los Derechos Especiales de Giro del FMI, un aspecto complejo en el que incluso él se perdía, para luego querer explicar que usaría los fondos del Banco Central en el Banco de Pagos Internacionales de Basilea (un banco suizo en su discurso) y finalmente referirse al dinero que tenía el Estado en el Banco Central y que usaría para incentivar el gasto como una manera de reactivar la economía. En este aspecto, Lasso, por el simple hecho de ser banquero -un hándicap en otros casos- era una garantía de buenas relaciones con todos los niveles del sector privado y, sobre todo, de mantenimiento de la dolarización, la prioridad en política pública para muchos votantes. En la última etapa de la campaña, intentado paliar ese déficit, se alió con Isidro Romero, excandidato de derecha que explota su imagen de empresario de éxito, pero que tampoco resulta muy fiable a la luz de la baja votación que él obtuvo.

La suma de todos estos factores pesó para que Andrés Arauz no terminase de resultar convincente en los sectores del electorado en los que debía crecer, con miras a ganar en la segunda vuelta. Es decir, votantes poco ideologizados que buscan estabilidad y resultados; personas que quieren un líder que muestre convicciones y fortaleza para presidir el país y tomar decisiones de forma independiente, algo que tiene por demás su alter ego: Rafael Correa, con quien era permanentemente comparado.

En resumen, el correísmo no supo aprovechar su capital político para convertirlo en una nueva victoria electoral. Esto no significa su fin, pues el mito de la bonanza y el justicierismo sigue estando vivo; pero no cabe duda de que es necesario que realicen un proceso de autocrítica, donde se vean los efectos de las tendencias autoritarias del expresidente Correa en el rechazo que generan entre los electores en lugar de culpar de todos sus males a los medios de comunicación, la traición de Lenín o el “lawfare”.

Cuando cerró la jornada electoral, el candidato Andrés Arauz pidió calma, porque una de las encuestas a boca de urna pronosticaba un empate técnico. Según esas cifras, la diferencia estaba dentro del margen de error. El CNE confirmó el triunfo de Guillermo Lasso.
 

* Francisco Sánchez es Director del Instituto de Estudios de Iberoamérica en la Universidad de Salamanca.
 

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