Aborígenes | Vistazo

Aborígenes

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Aborígenes

Jueves, 21 de Noviembre de 2019 - 15:08
Los pueblos aborígenes son los dueños del suelo, como dice el himno nacional, antes de la creación del estado por los criollos descendientes de españoles. Tal vez por eso el presidente de la Conaie se confunde, y cuando en la asamblea le preguntan si cerró las llaves de exportación petrolera, responde que es amazónico y que el crudo estuvo ahí guardadito desconociendo el delito cometido según las leyes del estado criollo. Con una respuesta que puede parecer tan cínica o pueril habló el subconciente de un sentimiento profundo. Los indígenas se creen dueños del territorio que ocupa el estado criollo. Este derecho ancestral les fue reconocido simbólicamente por el presidente Rodrigo Borja, descendiente directo de los conquistadores españoles y del papa español Alejandro VI, Rodrigo Borgia, que legitimó la propiedad de los territorios conquistados, cuando a raíz del levantamiento del Inti Raymi por cumplirse 500 años de la conquista les dio escrituras de propiedad sobre un millón 115 mil hectáreas de territorio y se declaró plurinacional al estado ecuatoriano.
 
Ese es un sentimiento que sale del alma atizado por Ongs internacionales de izquierda y por la injusticia social prevaleciente que los criollos practican por costumbre. Pero en el estado plurinacional los recursos del subsuelo son estatales y es un delito apropiarse de ellos. De ese mismo estado plurinacional que reconocen interpretando el descontento de todos porque tienen el coraje que no tienen los criollos de salir a las calles a protestar por sus derechos y ejercer la resistencia a la opresión que la actual constitución consagra. Cuando esta ecuación se desequilibra las movilizaciones indígenas pierden la fuerza y la legitimidad que han aprovechado poderosos sectores que practican el golpismo.
 
El poder político alcanzado por las organizaciones indígenas tuvo un largo apagón con la dictadura más larga de la historia que pisoteó a la república dejando sus huellas. Esa dictadur  loscriminalizó como terroristas, los dividió y debilitó comprando dirigentes corruptos, y los ultrajó. Pero la vegetación del entorno cambió con un gobierno que los descriminalizó, volvieron a florecer los derechos humanos y también les aplicó el pendejómetro de un diálogo interminable que hizo soñar a algunos iluminados en que las cosas van porque van. Y vino la eliminación del subsidio a los combustibles que finalmente no fue porque se unieron el hambre con la necesidad. El billete del grupo delictivo que se apoderó del Estado y la lujuria de poder de quienes saben que se toman la capital con calle de honor de los indios uniformados, que les regalaron el poder cuarto de hora por rechazar una dolarización que ya dura 20 años.
 
Estas experiencias de una montaña rusa de violentas subidas y bajadas mareó a sus dirigentes y pellizcaron la impopularidad con un vandalismo reprochable, pero al menos cumplieron lo que ofrecían como pretexto, mantener el subsidio a los combustibles. Se acabó el cuarto de hora.