La política quiteña | Vistazo

La política quiteña

Jueves, 06 de Octubre de 2016 - 12:26
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Casi ocho años le tomó al general Paco Moncayo darse cuenta de que su lugar en la política ecuatoriana estaba en la Izquierda Democrática. Que todo lo que perdió el partido, por cuenta del enfrentamiento entre Andrés Páez y Dalton Bacigalupo, se pudo haber evitado si el general asumía su liderazgo; si tras el retiro del expresidente Rodrigo Borja, él se mostraba como el auténtico relevo.

Los escenarios contrafactuales, en ciencia política, sirven para crear puntos históricos de referencia a la hora de construir un análisis. Por eso, cabe suponer que con un Moncayo más activo, a Ramiro González no se le hubiera hecho fácil desmantelar medio partido y –con sus bases, doctrinas y ‘know how’– haber fundado Avanza, una tienda bien organizada, que fue apetecida en público por el presidente Rafael Correa, luego de la derrota en las municipales de 2014, y ahora por los socialcristianos.

El general se dejó llevar por esa ola de repudio hacia la ‘partidocracia’ que la Revolución Ciudadana fabricó con éxito. Y a pesar de que hizo esfuerzos por mantenerse fuera de ella, ni en el Movimiento Municipalista ni en la Ruptura de los 25, Moncayo vivió las glorias que le dio la ID en las elecciones legislativas de 1998 y en las municipales de 2000 y 2004.

Ahora hay una nueva oportunidad, no solo para él y la ID, sino para amplios sectores quiteños que por mucho tiempo reclamaron una tribuna política con identidad capitalina.

El liderazgo nacional de Correa cubrió el vacío dirigencial que había dejado el colapso de la Democracia Popular y de Jamil Mahuad, así como la acefalía del partido naranja.

De repente, Quito se quedó sin partidos y aquellos movimientos que pretendieron surgir, como Ruptura, Vive o la Concertación, no han logrado ser referenciales. Ni siquiera SUMA, el movimiento del alcalde Mauricio Rodas, que ha optado por bajar los decibeles en la política nacional y enfocarse, más bien, en la compleja administración municipal. 

Años atrás, las definiciones de los alcaldes de Quito podían cambiar el curso de la política nacional. Ya como candidato presidencial, Sixto Durán Ballén jugó un papel clave en el retorno a la democracia, Rodrigo Paz dio gobernabilidad al presidente Borja y Mahuad incidió en la caída del bucaramato para alzarse con la Presidencia de la República. Ahora, el alcalde Rodas prefiere calcular el momento preciso para tomar una definición electoral.

Su entorno dice que la política no es una prioridad para los quiteños, pues les apremia la construcción de obras para vivir mejor. Por eso, tanta demora muestra el desdén de una administración por meterse de lleno en la campaña electoral, aunque esa actitud haga que SUMA pierda tiempo valioso a la hora de tomar una ubicación que le dé protagonismo en la campaña, peso electoral y poder en la próxima Asamblea o Gobierno.

Las negociaciones que empezaron con el PSC, siguieron con CREO y luego con la ID, dan cuenta de que la política, inevitablemente, pasa por el despacho del Alcalde de Quito. Y si Rodas es consciente de aquello, la larga meditación de su voto tiene una explicación. Caso contrario, podría pasarle lo mismo que al alcalde Moncayo cuando abandonó a la ID, postergando innecesariamente su presencia política.