La Gabriela Rivadeneira que no fue… | Vistazo

La Gabriela Rivadeneira que no fue…

Jueves, 09 de Junio de 2016 - 08:00
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Rivadeneira pretendió construirse a sí misma bajo los referentes de esa izquierda sesentera latinoamericana, incongruentes para una mujer que llegó a la Asamblea con apenas 29 años.

Tuvo todo para hacer historia. La rodeó una tormenta perfecta, en el buen sentido de la metáfora. Mujer y joven. Ninguna otra candidata en el pasado había llegado a ser la legisladora más votada del país. Dejando de lado el paso fugaz de la socialcristiana Susana González por la presidencia del Congreso Nacional, en agosto de 2000, Gabriela Rivadeneira se convirtió en la primera mujer en comandar el Poder Legislativo, cobijada por una mayoría apabullante. Después de Fernando Cordero, la joven figura imbabureña es la política con más años en ese cargo de forma consecutiva.

En términos estadísticos, rompió varias marcas. Pero este palmarés no será suficiente para evaluar su gestión como presidenta, su aporte como legisladora y su liderazgo como dirigente.

Desde el principio, a Rivadeneira le resultó muy complicado suponer que su paso por la política ecuatoriana le obligaba a poner diferencias entre su militancia correísta y su papel como representante de la primera función del Estado.

Procurar ese matiz hubiese sido saludable para el equilibrio democrático de los poderes e indispensable a la hora de esculpir su perfil político y darle futuro más allá de 2017.

Gabriela Rivadeneira asumió, casi como un dogma, la voluntad del líder de Alianza PAIS; y cuando pretendió construirse a sí misma, lo hizo bajo los referentes de la izquierda latinoamericana sesentera, incongruentes para una mujer que llegó a la Asamblea con apenas 29 años.

No está mal que los jóvenes recurran a la historia para construir un discurso; todo lo contrario. El problema surge cuando se alude a ella desde paradigmas totalmente superados y sin ningún aporte novedoso. Los nuevos políticos, se supone, hablan de futuro y no de Quilapayún. Tampoco asocian al feriado bancario de 1999 con el origen de todos los problemas del Ecuador, ya que en estos 17 años han pasado muchas cosas, entre ellas el Gobierno más largo de la historia y un inédito ‘boom’ petrolero del cual no se conoce toda la contabilidad.

En su último discurso, durante la apertura del informe a la nación del 24 de mayo, Rivadeneira exacerbó el personalismo como forma de hacer política, en lugar de plantear formas más modernas de construcción de democracia.

La representante de la primera función del Estado agradeció al presidente Rafael Correa “por tantos años de victoria”. Además, defendió como causa propia la obsesión del Mandatario por mantener las sabatinas, cuando su deber era proponer al país nuevos escenarios para discutir la política en paz, dejando atrás toda forma de revanchismo.

Una rendición de cuentas genuina va más allá de tener un micrófono abierto para posicionar, de manera exponencial, la ‘verdad suprema’. Ante todo, es permitir que los procesos de fiscalización al Régimen más largo y poderoso funcionen.

Una política fresca, forjada en sus propias convicciones, tenía que ser sincera con el país y sus futuras generaciones. ¿Cuán grave es la crisis económica y cuánto nos va a costar superarla? Sin embargo, la Presidenta de la Asamblea, en nombre de la “lealtad inquebrantable” y “del poder popular horizontal”, justificó el bombardeo de proyectos urgentes del Ejecutivo y legitimó sus reformas tributarias sin ningún argumento adicional que diera certezas al país o que al menos evitara que, en el primer feriado post medidas económicas, los ecuatorianos hagan del sur de Colombia un supermercado.

Rivadeneira quedó ligada a la suerte de Correa y así eludió su responsabilidad más importante: encarar un verdadero relevo generacional, así su subconsciente la delate en público cada vez que se refiere a sí misma como “Presidenta de la República”.