Vandalismo

lunes, 11 noviembre 2019 - 10:31
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    Resulta difícil entender el espíritu maligno que exhibieron  los manifestantes  durante la protesta indígena al  destruirlo todo. Es imposible justificar sus acciones y menos tener  lenidad con sus delitos.
     
    Para construir el Metro de Quito se levantaron los adoquines de  la Plaza de San Francisco, tallados  en piedra a comienzos de 1604.  Estaban guardados en la estación  El Ejido, muy cerca al parque El  Arbolito donde pernoctaron los  manifestantes. Estos rompieron  los cerramientos de la obra, incendiaron la rampa, bloquearon  el foso del ascensor de calle, cortaron los cables y se sustrajeron las  1.400 piedras patrimoniales, para  lanzarlas a los agentes del orden.  Tras 15 días de búsqueda, faltan  por encontrar 66 piedras, cuyo va lor es incalculable. Los daños a esa  estación y a otras dos son severos  y todavía no están cuantificados,  pero es seguro que causarán un retraso en la operación del sistema.  Los manifestantes atentaron contra los que menos tienen. El Metro  será la columna vertebral del tránsito de la capital y mejorará la calidad de vida de aquellos habitantes  que no tienen un vehículo propio,  pues reducirá de manera significativa el tiempo de sus viajes.
     
    A pocas cuadras de la estación  El Ejido está el edificio incendiado de la Contraloría. Costó 20  millones de dólares. Hoy es una  estructura negra, de vidrios rotos  y ventanas de hierro achurruscadas. Es el testimonio del deseo de  impunidad en el manejo de los  recursos públicos, por parte de  quienes han saqueado al Estado.  Los vándalos que ejecutaron el  segundo ataque al edificio están  detenidos. Sin embargo, subsiste  la duda: Ellos fueron los autores  materiales, pero ¿quiénes son los  autores intelectuales?
     
    En aras de paz, Ecuador ha  sido condescendiente con el vandalismo en momentos de convulsión social. Sin embargo, esto  ha originado que se aumente el  pillaje por la creencia de que no  habrá consecuencias.
     
    El vandalismo es tan antiguo  como el hombre, pero ocurre menos donde las acciones para castigarlo son severas. Por ello, si se  quiere evitar que se repita y se agrave esta clase de acciones delictivas,  debe haber responsables, comenzando por quienes incitaron a la  violencia. Ninguna causa por justa  que sea, puede convertirse en excusa para atentar contra los bienes  comunes o privados. 

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