Al borde del fracaso...

lunes, 11 octubre 2021 - 09:15
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    Ecuador tiene dos problemas urgentes que solucionar: la creación de millones de plazas de trabajo y el combate al narcotráfico, que ha permeado con terror en muchas de las estructuras de la sociedad, la economía y de las instituciones. Frente a estos apremios, el Gobierno está solo y, lo más grave, con altas probabilidades de terminar arrinconado.

    La Asamblea decidió ahorrarse la fatiga y sepultar, desde sus instancias administrativas, el proyecto de Ley de Creación de Oportunidades para que los socialcristianos no tengan que tomarse la molestia de repensar la política tributaria del país y la izquierda populista, los nuevos desafíos de la política laboral.

    Mientras los jefes de sus bancadas parlamentarias se acomodan frente al escenario de una posible consulta popular y unen sus voces en un comunicado, al presidente Guillermo Lasso se le desborda la crisis carcelaria, un peligroso laboratorio de masacres que está a nada de replicarse en las calles...

    El PSC, Pachakutik y la ID se sienten exitosos en la estrategia de neutralizar el plan económico del Gobierno, haciéndole el juego al correísmo que querrá tapar todos sus excesos y culpas, sancionados por la justicia, bajo la idea de que en sus años en el poder había gobernabilidad entre el Ejecutivo y la Asamblea y menos inseguridad en las calles.

    Quizás resulte apresurado señalar que a Lasso le espera el inmovilismo, pero tampoco se puede negar el cortísimo margen de maniobra que tiene para desatar, al menos, el nudo económico mientras el país reflexiona, con cabeza fría, la manera de enfrentar la acechante violencia.

    Tras las desgarradoras escenas de los familiares de los presos de la Penitenciaría del Litoral, esperando noticias de que los suyos siguen con vida y los perturbadores relatos sobre la bestialidad con la cual las mafias cercenan a sus víctimas en los peores amotinamientos que se han visto en América Latina, hay una reflexión que surge de inmediato: ¿por qué la clase política, en lugar de asumir este problema como la primera causa nacional, prefiere atizar la pugna de poderes y apostar por el fracaso del oponente?

    En un país que está a punto de estallar por la violencia, resulta pueril ver a sus principales líderes, incluyendo al Presidente de la República, enredarse en un trámite legislativo que este momento tendría que despacharse con agilidad, para que los ecuatorianos se entusiasmen con unas reformas que, según la visión del Gobierno, buscan reducir la informalidad en todos sus campos, principal caldo de cultivo en el que el narcotráfico siempre incuba.

    Si el Primer Mandatario y su gabinete lograran posicionar en el debate público la necesidad de que el problema del narcotráfico debe enfrentarse con prontitud, firmeza y una nueva estrategia militar, policial y de cooperación internacional, probablemente abriría la puerta hacia un nuevo consenso, en donde sea la sociedad la que pida cuentas y sancione a los políticos que prefieren dar las espaldas y regodearse, como siempre, en esa nefasta actitud de apostar por el fracaso colectivo, esperando que en las próximas elecciones les toque el milagro de la victoria.

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