Sueños totalitarios

viernes, 15 enero 2021 - 03:20
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    POR ALBERTO ACOSTA-BURNEO
     
    En una entrevista reciente  el candidato del correato,  Andrés Arauz aseguró que  “el pueblo ecuatoriano no debe gobernar solo cuatro años, aspiramos a  que sean 20, 50 años, como un proceso de transformación profunda”. No  fue una declaración lírica, sino una  confesión de su intención de retomar  la lucha iniciada por Rafael Correa en  2007 por captar el poder eternamente. Recordemos los hechos.
     
    1RO. BURLAR LA INSTITUCIONALIDAD: Correa, el día de su posesión, decretó que el Tribunal Electoral convoque un plebiscito para  convocar a una Asamblea Constitucional. Pero este decreto fijó sus propias reglas para el proceso, diferentes  a las establecidas en la Ley.
     
    2DO. APROPIARSE DEL ORGANISMO ELECTORAL: El Tribunal  Electoral cumplió con la Ley y envió el  decreto ejecutivo al Congreso, enfureciendo al presidente. Correa logró hacerse con el control del Tribunal Electoral destituyendo a su presidente y  sustituyéndolo por su suplente.
     
    3RO. LA APLANADORA: El nuevo  Tribunal Electoral progubernamental aprobó la iniciativa presidencial,  saltándose al Congreso (como mandaba la Ley). Destituyó a los 57 congresistas que se opusieron al plebiscito presidencial para una Asamblea  Constitucional.
     
    4TO. ¿Y LA LEY? ¿A QUIÉN LE IMPORTA?: La Corte Constitucional  declaró que la destitución del presidente del Tribunal Electoral y de 57  congresistas era inconstitucional. Inmediatamente, el Congreso “de bolsillo” destituyó a la Corte Constitucional y la turba persiguió a los jueces.
     
    5TO. CONSTITUCIÓN A LA MEDIDA: Finalmente el plebiscito se produjo  y una Asamblea Constituyente redactó  una Constitución hiperpresidencialista,  que otorgó al Estado el poder para microgestionar la actividad productiva y la  vida de los ciudadanos.
     
    Desde entonces, se implementó una  filosofía totalitaria: un Estado libre de  obligaciones morales, donde todo vale, el  único juez es la historia. Bueno es lo que  fortalece al Estado y a lo malo, lo que lo  debilita. Pero las cosas no salieron como  esperaban cuando el presidente Moreno  se desmarcó del Socialismo del Siglo 21 y,  vía referéndum, los ciudadanos rechazaron la reelección indefinida.
     
    Arauz representa un nuevo intento de  atacar la débil democracia e institucionalidad ecuatoriana para implementar los sueños totalitarios del caudillo por obtener el  poder eterno. ¿Le vamos a permitir?

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