Al rescate del empleo

lunes, 12 octubre 2020 - 02:45
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    POR ALBERTO ACOSTA-BURNEO
     
    El empleo adecuado es un privilegio de pocos: de los 7,6 millones de ecuatorianos que quieren trabajar, apenas 1,2 millones  tienen un empleo adecuado (16 de  cada 100). El COVID-19 agravó los  problemas laborales, pero no olvidemos que estos fueron creados mucho  antes de la pandemia. ¿Cómo?
     
    ERROR 1: Todo nace de políticos  bien intencionados (y poco conocedores de cómo funciona el mercado)  que creen que pueden usar los salarios mínimos para incrementar los
    ingresos de todos los trabajadores  sin importar su productividad. Sin  embargo, se trata de un espejismo  porque solo incrementa los ingresos  de aquellos trabajadores que logran  conservar su empleo, mientras otros  lo pierden. Al no tomar en cuenta la  productividad del trabajo, se encarece la producción local impulsando el  ingreso de productos importados, a  lo que el gobierno reacciona elevando aranceles para que los precios internos de esos bienes también suban. El  gobierno es capaz de forzar a los consumidores locales a pagar más, pero  no puede hacerlo con los consumidores del extranjero. Finalmente, esta  política mata la competitividad especialmente para la exportación (destruyendo más empleos).
     
    ERROR 2: Otros impulsores de la  legislación supuestamente “pro-trabajadores” creen, erradamente, que  restringir horas trabajadas (más vacaciones, menores horarios de trabajo, etc.) solo afectan al empleador. La  realidad es que este tipo de medidas  reducen la oferta de trabajo y, consecuentemente, disminuyen la producción, afectando el bienestar del  trabajador. El problema de fondo de  esta legislación es que se basa en una  teoría errada, de que el salario no tiene nada que ver con el aporte del trabajo al valor de la producción.
     
    ERROR 3: Creer que la legislación  laboral crea bienestar en los trabajadores mientras más rígida sea. En la  práctica, la sobrerregulación destruye oportunidades de empleo, por ejemplo madres o estudiantes que buscan  trabajos con horarios más flexibles.
     
    Estemos claros que el problema  no son los objetivos. Nuestro objetivo debe ser crear más empleos de  calidad y mejorar salarios, pero cuidémonos de usar medios ineficaces  para alcanzarlo. No son los sindicatos ni los gobiernos los que lograron reducir las horas de trabajo ni  mejorar los salarios, sino la elevación en la productividad del trabajo. ¿Cómo? Incrementando la cantidad y calidad del capital invertido  (más tecnología, innovación, máquinas y equipos) y la preparación  de los trabajadores (capacitación y  habilidades). Para acelerar este proceso, debemos liberar las trabas a la  importación de capital, mejorar la  seguridad jurídica para impulsar la  acumulación doméstica de capital  (inversión) y legislar solo los principios básicos de la relación laboral  dando campo a que las partes convengan y lleguen a sus propios contratos. ¡No hay atajos al paraíso!
     

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