¿Crédito barato? | Vistazo

¿Crédito barato?

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

¿Crédito barato?

Viernes, 31 de Agosto de 2018 - 14:56
La recientemente aprobada ley de Fomento Productivo ordena fijar una tasa de interés especial para el sector agrícola y ganadero. Esta iniciativa es igual de absurda que decretar que baje la temperatura en un día soleado. El error se origina en un profundo desconocimiento de cómo funcionan los mercados. Expliquemos con un ejemplo.
 
Si el gobierno decreta una reducción en el precio de la papa, ¿más personas podrán comer papas baratas? La respuesta es no. Supongamos que el precio de mercado de las papas es de ocho dólares el quintal, pero el gobierno cree que el precio “justo” es seis por quintal y lo fija por decreto. Como resultado, muchos productores de papas dejarán de ofertar porque a ese precio no les resulta rentable esa actividad. Simultáneamente, más personas querrán comprar papas porque ahora son más baratas. La consecuencia inevitable será la escasez: no habrá papas para todos.
 
Lo mismo sucede con la tasa de interés, que es el precio del dinero. Cuando el Gobierno reduce artificialmente la tasa de interés provoca una restricción a la oferta de crédito, porque hay prestamistas a quienes nos les resulta rentable esa actividad. En paralelo, más personas querrán solicitar un crédito, pero no habrá dinero para todos.
 
Los emprendedores son los mayores damnificados de este tipo de políticas intervencionistas. El microcrédito productivo y de consumo tiene elevados costos operativos (hay que visitar a los clientes frecuentemente y recorrer grandes distancias) y mayor nivel de riesgo (son personas más vulnerables a contingencias como una enfermedad o accidente).
 
Cuando el Gobierno fija la tasa “a dedo”, las instituciones financieras migran su oferta microcrediticia hacia clientes más grandes y de menor riesgo. Estos son los únicos que siguen siendo rentables con las nuevas tasas más bajas. Las políticas que buscaban beneficiar a los grupos menos favorecidos, son las que terminan impulsándolos de regreso al chulco.
 
¿Significa que las tasas de microcrédito no pueden bajar? No. Lo que debemos entender es “por dónde le entra el agua al coco”. Para que las tasas de interés se reduzcan, la oferta crediticia debe aumentar más que su demanda. Para lograrlo se puede impulsar una reducción en los costos de operación para que más prestamistas quieran ingresar al mercado. Algunos ejemplos: desarrollar un mercado saludable de burós de crédito para reducir el riesgo de otorgar crédito y el costo de investigación inicial; permitir el uso de más tecnología para el seguimiento crediticio; modernización de la normativa para que más entidades se interesen por ofertar microcrédito.
 
No hay atajos al paraíso. Entendamos que los precios cumplen una función vital en una economía de mercado: son las señales de guía que emitimos los consumidores para que los productores puedan satisfacer de mejor manera nuestros deseos. No olvidemos que la tasa de interés es otro precio en el mercado, y que cuando el Gobierno mete la mano en su fijación sólo produce escasez, dejando a los más vulnerables sin acceso al crédito.