¿Qué hacer con UNASUR? | Vistazo

¿Qué hacer con UNASUR?

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¿Qué hacer con UNASUR?

Tristana Santos | [email protected] Martes, 08 de Enero de 2019 - 11:00
¿Una universidad? ¿En serio? La propuesta del presidente Lenín Moreno para ocupar el edificio sede de la Unión de Naciones Sudamericanas, Unasur, al norte de Quito, dejó sorprendidos a muchos que esperan que reconsidere, incluido al arquitecto autor del diseño, Diego Guayasamín. 
 
Unas 850 mil personas al año visitan la Mitad del Mundo, en las afueras de la Capital, para poner un pie en el hemisferio norte y el otro en el hemisferio sur al mismo tiempo. Y desde que se levantó ahí el edificio de Unasur en 2014, también pasean alrededor de la moderna estructura de acero y vidrio. 
 
Con la salida de seis estados miembros de Unasur, el organismo que debía promover la integración regional pero terminó siendo un instrumento del chavismo, está en desmantelamiento.
 
 
Ecuador no ha salido oficialmente, pero ha anunciado que pedirá la devolución del edificio sede, que costó 46 millones de dólares.
 
El arquitecto quiteño Diego Guayasamín es sobrino del pintor Oswaldo Guayasamín, pero hace rato brilla con luz propia. Para él ha sido inconveniente que su obra más icónica y “el edificio con más premios de diseño en la historia de la arquitectura del Ecuador” se relacione con la polémica política del organismo, por eso mismo le da la bienvenida al cambio. “La arquitectura, si es bien diseñada, debe ser flexible y abierta al principio de evolución, sin perder carácter o identidad. Este es el caso del actual edificio de Unasur”, explica Guayasamín. 
 
El edificio, levantado por la constructora Etinar, tiene cinco pisos escalonados y un volado de 50 metros sin soporte (el mayor de Sudamérica), que es lo que más llama la atención, pero el 75 por ciento del área de construcción no se ve desde afuera. Bajo tierra están justamente salas de exposiciones que “incorporan todas las medidas de seguridad que podrían acoger piezas originales del patrimonio nacional, colecciones de arte prehispánico, colonial y arte moderno en un solo Museo Nacional. En los exteriores existen más de 18.000 metros cuadrados de plazas públicas abiertas donde se pueden ubicar esculturas de gran formato”, añade. Por eso, sería más coherente utilizar el edificio para un museo que para “aulas de clases”.
 
Como museo, el edificio podría potenciar el desarrollo turístico del sector, dice Guayasamín, quien recuerda que el plan original del Consejo Provincial de Pichincha para la zona incluía construir la nueva Biblioteca Nacional Eugenio Espejo, un jardín botánico, plazas, bulevares, un teatro y un hotel, “edificaciones que remplazarían progresivamente el actual Complejo Ciudad Mitad del Mundo y que generarían una unidad como uno de los centros de mayor desarrollo del país”.
 
 
Aterrizar en el cráter
 
Pero Guayasamín no es el único que se ha puesto a pensar en esto. Por el entusiasmo con que Roque Sevilla habla del tema, es evidente que le inspira una gran ilusión ver a este sector convertido en un proyecto turístico “extraordinario”. Sevilla, exalcalde de Quito, CEO de Metropolitan Touring y mentalizador del desarrollo hotelero de Galápagos y la Amazonia, cree que el edificio de Unasur podría ser el principio del resurgir turístico de la ciudad.
 
“Cuando fui alcalde ya me preocupaba el tema de la Mitad del Mundo, es un destino tan curioso acuden 850 mil personas al año y no hay nada que hacer”, dice Sevilla. Su propuesta es “tomar las piezas de la cosmovisión de los pueblos andinos y hacer un museo excepcionalmente atractivo, con todos los elementos geográficos que se dan en la mitad del mundo”. En el museo el visitante podrá entender por qué en el hemisferio norte el agua en un drenaje gira hacia la derecha, y en el hemisferio sur hacia la izquierda, (y en la latitud cero no gira en absoluto, por el Efecto Coriolis), por qué la Vía Láctea se ve más clara desde el hemisferio norte, la historia de las misiones geodésicas francesas y todo lo que descubrieron en el Ecuador, “sería un museo de interés mundial”.
 
“Bilbao, en España, se transformó con el museo Guggenheim, algo así podríamos hacer en Quito”, dice Sevilla. El museo sería autosustentable. Sevilla calcula que unos 350 mil turistas al año podrían pagar unos 15 dólares por la entrada, lo que dejaría 5,2 millones al año sin contar lo que consuman en sectores aledaños. Se podría desarrollar el pueblo de San Antonio por donde pasa la línea Equinoccial, arreglar sus fachadas, fomentar la oferta gastronómica.
 
“Se pueden hacer cosas súper interesantes, como volar globos por encima de la Mitad del Mundo y aterrizar en el cráter del volcán Pululahua, imagínese: el rato que pasa justo por encima de la línea Equinoccial destapa una botella de champán para los turistas”, dice Sevilla, “es algo que ya se hace en Kenya, en Turquía, ¿por qué no lo podemos hacer aquí?”. “Si quieren que yo dedique mi tiempo gratuitamente, como aporte cívico, estoy dispuesto a hacerlo”, asegura.
 
 
Otras opciones
 
Otra idea que toma fuerza es la de invitar a cadenas hoteleras internacionales a hacer ofertas para convertir al edificio de Unasur en un hotel de lujo. Gonzalo Rueda y Germán Carvajal, de la consultora de mercado MarketWatch, ya han lanzado números: con una inversión de 3,2 millones de dólares se construirían unas 100 habitaciones, además de la inversión en áreas sociales, salones de eventos y piscinas y equipamiento. Ellos piensan que con la promoción adecuada, el hotel tendría una ocu pación del 50 por ciento en su lanzamiento y en 20 años se recuperarían los 46 millones que costó el edificio.
 
“El monumento al derroche se podría rentabilizar”, dice Rueda. “La zona es compatible con el desarrollo de una actividad cultural y turística”, dice el arquitecto John Dunn, de la Universidad San Francisco de Quito, USFQ, “pero no deben descartarse las opciones de convertirlo en sede de algún organismo estatal”. Andrés González, profesor de Relaciones Internacionales de la USFQ dice que tendría mucho sentido que el edificio se convierta en una sucursal de la Organización de Estados Americanos o de otro organismo de integración.
 
Dunn dice, sin embargo, que la decisión sobre qué hacer con Unasur debe basarse en estudios urbanos y de movilidad bien estructurados, pues es un proyecto que tendría gran impacto en el futuro de la Capital.