Decenas de miles de personas la mayoría civiles han sido víctimas de las municiones racimo, estas lastimosamente fueron diseñadas expresamente para causar efectos devastadores en el combate lo señala el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR).
Cuando son lanzadas desde el aire se dispersan en grandes cantidades de submuniciones explosivas llegando a extensas zonas; cuando un objetivo militar está cerca de una población estas municiones que no son guiadas electrónicamente quedan a merced del viento y otros factores lo que permite que cause los famosos daños colaterales en otras palabras matar o dejar heridas mujeres, niños y ancianos.
Después de terminado el conflicto armado la población civil regresa a sus hogares donde fueron lanzadas una gran cantidad de estas armas , muchas de ellas no detonan al impactar con la tierra como se esperaba y quedan abandonadas por años impidiendo que los habitantes puedan trabajar en la agricultura, reconstrucción de caminos, ferrocarriles centrales eléctricas etc. Afectando la economía y bienestar de toda una población por muchos años más.
Otro efecto terrible de esta munición ciega y perversa es la forma y el color de esta, lo que atrae la curiosidad de niños que se ven tentados a recogerlas. La consecuencia naturalmente son la muerte, heridas graves y discapacidad permanente.
Pero que son las municiones racimo: son armas que se dispersan o liberan submuniciones explosivas o “bombetas” no guiadas, cada una de ellas con un peso inferior a los 20 Kg., están diseñadas para estallar antes del impacto o de manera simultánea al impacto, o con posterioridad al mismo. Según el modelo el número en que se subdivide puede llegar a 600 por cada bomba o más.
Cuando hay un conflicto armado el fin es vencer al enemigo lo que incluye un derecho a matar; capturar o destruir los objetivos militares rentables. Eso es parte de la guerra, y es legal de acuerdo al Derecho Internacional Humanitario, lo lamentable es que las municiones racimo fueron creadas para causar el mayor daño posible no solo entre combatientes sino a personas civiles que no participan en las hostilidades.
En mayo de 2008 gracias a una iniciativa de Noruega 107 Estados aprobaron un tratado internacional por el que se prohíbe el empleo de estas armas. La firma de la convención está abierta desde el 3 de diciembre del 2008.
Los Estados que se adhieren a esta Convención se comprometen a nunca y bajo ninguna circunstancia, emplear, desarrollar, producir, adquirir, almacenar, conservar o transferir municiones racimo.
La Convención es un aporte importante al Derecho Internacional Humanitario (DIH) y refuerza las normas fundamentales del DIH consuetudinario aplicables a todos los Estados. De conformidad con esas normas, las partes en un conflicto deben distinguir, en todo momento, entre civiles y combatientes, dirigir las operaciones sólo contra objetivos militares y tratar constantemente de preservar a las personas civiles y los bienes de carácter civil. Gracias a esta Convención, las municiones en racimo formarán parte de las armas prohibidas de conformidad con el DIH, como ya lo son las balas explosivas y expansivas, las armas químicas, las armas biológicas, las minas antipersonal, las armas de fragmentos no localizables y las armas láser cegadoras.
Estamos seguros que el Ecuador ratificará lo más pronto posible esta Convención y se unirá a la comunidad internacional para prohibir todo tipo de arma ciega y perversa.
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