Con bombos y fanfarrias se anunció que el renombrado jurista español Baltasar Garzón, conocido por escarbar los crímenes de las dictaduras y asesor del Tribunal Penal Internacional de La Haya, lideraría la veeduría para vigilar la reestructuración del sistema judicial que realiza el Consejo de la Judicatura Transitorio (CJT).
Garzón integró un equipo de seis expertos internacionales, quienes monitorearon durante ocho meses el proceso que incluyó la selección de jueces y la construcción de sendos edificios, y que finalmente emitieron un informe oficial que ha recibido un portazo en la cara. El informe ha resultado sumamente incómodo, pues confirma serias irregularidades en el concurso para designar a los jueces de la Corte Nacional de Justicia: los jueces Mariana Yumbay y Wilson Merino habrían obtenido puntos inmerecidos en la fase de calificación, y Lucy Blacio y Wilson Andino saltaron de los puestos 45 y 33, respectivamente, a integrar el grupo de 21 mejores puntuados gracias a criterios subjetivos en la entrevista oral, dejando fuera de concurso a candidatos mejor posicionados.
Pero la respuesta del Consejo de la Judicatura Transitorio ha sido increíble. Nada se va a hacer para revisar la selección de esos jueces, pues “el proceso está cerrado”. Entonces, ¿para qué se contrató una veeduría internacional que le costó al país más de medio millón de dólares? El Consejo de Participación Ciudadana, responsable de implementar la veeduría, no debe permitir que este informe quede sin efecto, pues además denuncia que el CJT, organismo que dispuso de un presupuesto de 600 millones de dólares, no ha publicado como debe la información sobre los procesos de contratación de obras para la nueva infraestructura del sistema judicial.
Es triste el papel que ha jugado el exjuez español. Esto debe sentar un precedente para que ningún jurista que se respete se preste para ser parte de este tipo de auditorías que pueden ser ignoradas, pues se arriesga a que su nombre sea utilizado para darle aval al proceso hasta que ya sea tarde para corregir sus inconsistencias.
Matrimonio
En la Hacienda Chillo Compañía, ubicada a las afueras de Quito, se realizó la boda entre Diego Cobo y Ana Carolina Vela. Los invitados de los novios disfrutaron de la recepción en el mismo lugar.