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De vampiros, brucolacos y chimbilacos


Por: Ricardo Hidalgo Ottolenghi
Fecha: 28/11/2012

He matado a un hombre, he matado a dos
Al vampiro que dijo ser tú y bebió de mi sangre
Hay una estaca en su negro y burdo corazón.
Silvia Plath (1932-1963)

El 8 de noviembre se cumplieron 165 años del nacimiento de  Bram Stoker creador del mito del conde Drácula, el personaje sediento de sangre, dotado de vida eterna y afilados colmillos, sucedáneo del viejo príncipe Vlad, que tras empalar a sus víctimas “recogía en un cuenco su sangre para remojar el pan que se comía”.

Ahora sabemos que el origen de la superstición que derivó en la novela de Stoker, se relaciona estrechamente con el problema religioso de la corrupción de los cuerpos. En contra de la creencia católica de que los cadáveres que se mantienen intactos llevaban la marca de la santidad, los cristianos de rito ortodoxo estaban persuadidos de que los cadáveres que no llegaban a corromperse pertenecían a “excomulgados”, que se convertían en malvados hechiceros y el único modo de desembarazarse de ellos era profanando sus tumbas, arrancándoles el corazón y quemando separadamente sus restos.

Fue el Papa Benedicto XIV quien, para combatir la superstición y prohibir las exhumaciones injustificadas de cadáveres, escribió una carta al arzobispo de Leópolis, Próspero Lambertini en la que, entre otras cosas, decía: “Descubriréis si vais a la fuente de tales patrañas, que son acreditadas por sacerdotes que quieren ganar con ello, incitando al vulgo, crédulo por naturaleza, a pagar exorcismos y misas. Os recomiendo expresamente interdecir a aquellos que resultaren culpables de semejante prevaricación. Convenceos, os lo ruego, de que en todo este negocio son los vivos los culpables”.

Ya en una época más reciente, un equipo de investigadores italianos encontró los restos de una vampira en Venecia que había sido enterrada con un ladrillo encajado entre las mandíbulas, para evitar que se alimentara de las víctimas de una plaga que azotó la ciudad.

El esqueleto fue desenterrado en una fosa común de la plaga veneciana de 1576, durante la que murió el pintor Tiziano. La sucesión de plagas que diezmaron Europa alimentó la creencia en brucolacos, sobre todo debido a que la descomposición de cadáveres no se comprendía bien.

Según textos religiosos y médicos medievales, se creía que los no muertos difundían la pestilencia para chupar la vida que aún quedaba en algunos cadáveres. Así se mantenían hasta que conseguían la fuerza suficiente para volver a las calles. De ahí que para matar un vampiro había que retirarle la mortaja de la boca, que era su sustento, y colocarle algo incomestible como un ladrillo.

Mientras que las leyendas sobre espíritus sedientos de sangre se extendieron allende los mares, el cine se encargó de presentarnos al ser enamoradizo, elegante y pálido, de labios finos que ocultan unos caninos considerables y capacidad para convertirse en murciélago.

Es bien conocido que los vampiros duermen en el día el sueño de los muertos y salen de sus sarcófagos al irse la luz del sol para llevar adelante sus correrías, buscando clavar sus colmillos en el cuello de las doncellas y así convertirlas, a su vez, en vampiresas.

De acuerdo con la tradición, una vez que se constataban los síntomas y pruebas de vampirismo, se extraía el cuerpo del ataúd y se le introducía una punzante estaca en el corazón. En ese instante, el vampiro dejaba escuchar un agudo grito muy similar al que exhalaría una persona viva en su postrera agonía.

En la vida real, a los chimbilacos se los elimina con una pomada “vampiricida” que contiene vaselina y el anticoagulante “difenadiona”.Una vez que son atrapados con redes de nylon, se les aplica el vampiricida en la espalda y se los libera. Posteriormente el murciélago llega a su refugio y los animales de su colonia lo ayudan a limpiarse, ingiriendo la sustancia que los mata –en su propia ley- entre 7 y 10 días tras la aplicación. Se ha demostrado que un vampiro empastado puede matar entre 20 y 40 individuos más.

Cuando los vampiros hematófogos succionan la sangre de sus víctimas, su saliva impide que aquella se coagule. Varias investigaciones han demostrado que el componente de la saliva es un activador del plasminógeno que se conoce como b-PA (bat Plasminogen Activator), para diferenciarlo del activador humano denominado t-PA (tissue Pasminogen Activator).

En algunos estudios recientes se describe además un inhibidor de los factores de la coagulación IX y X, que ha recibido el nombre de “Draculina”. Se trata de investigaciones de gran interés en la intensa búsqueda de anticoagulantes más seguros y eficaces para ser utilizados en el ser humano.

Ahora solo faltaría averiguar por qué pierden el reflejo en los espejos,  por qué no les gusta el huevo frito con ajo; y finalmente, por qué hay que matarlos con una estaca…

 
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Pais COMENTARIOS
Nombre
2013-01-23
Los humanos necesitamos inventar mitos, símbolos que nos identifican, los problemas empiezan cuando surge uno que se pasa de listo y empieza a ganar poder a costillas de los ingenuos


Nombre: Marco Revelo
Apellidos:
Cédula:
Email: marev@hotmail.com
 
Nombre
2013-01-09
tenemos buenos heroes nacionales q aprenderiamos muchos de ellos


Nombre: jessica bueno
Apellidos:
Cédula:
Email: santodomingo@hotmail.com
 
Nombre
2012-12-07
MUY INTERESANTE!


Nombre: Santiago Alvarado
Apellidos:
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Email: salva93@gmail.com
 

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