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Tiempos de Ébola (Segunda parte)


Por: Jeannete Zurita
Fecha: 20/10/2014

Hace unas pocas semanas, Moisés Naim escribía en periódico El País: “En estos días es fácil equivocarse. La turbulencia geopolítica, las crisis económicas y las convulsiones sociales se suceden a tal velocidad que no da tiempo de pensar con calma y calibrar bien lo que está sucediendo en el mundo. En este ambiente tan revuelto, algunas ideas se han arraigado tanto entre expertos como en la opinión pública internacional”. A pesar de su popularidad, varias de ellas están equivocadas, señala Naim en referencias a tres cuestiones político-económicas puntuales. Yo me atrevo a señalar que esto sucede también con las cuestiones médicas y de salud pública, concretamente con el Ébola.

Esta  intensidad en la  velocidad de las noticias no nos permite meditar, bajo un bombardeo despiadado de información. Estos son algunos de los titulares. Primer caso de Ébola en Francia, luego las autoridades indican que el examen ha dado negativo. Primer caso de Ébola en Brasil, luego en Chile, para después indicar que se murió por otra causa. Primer caso de Ébola autóctono en España, la auxiliar de enfermería había estado en contacto directo con un paciente enfermo. El Ébola es una enfermedad mortal en todo el mundo. El virus del Ébola fuera de control. El mundo no puede contra el Ébola.  No se trata de quitarle importancia, pero tampoco de asustar con términos que inducen a error. Todo va demasiado rápido y la información nos hostiga feroz y equivocadamente.

Muy acertadamente la Organización Panamericana de la Salud (OPS) ha indicado que no se puede diagnosticar tan rápido y que en definitiva dejen de señalar primer caso por aquí y por allá. El objetivo es no alarmar innecesariamente a la población. La muestra de sangre debe ir a un centro de referencia y allí ser confirmada la presencia del virus.

El Ébola puede ser mortal, pero no a nivel mundial. La verdadera tragedia del brote de Ébola es que la mayoría de africanos no tiene acceso a los medicamentos, instalaciones y profesionales de los que disponemos en Occidente desde hace décadas, y que podrían haber evitado el descontrol de la epidemia.  El mismo Peter Piot, descubridor del virus lo señala en una entrevista para el diario alemán Der Spiegel. “Creo que es lo que la gente llama una tormenta perfecta: cuando cada circunstancia individual es un poco peor de lo normal y que luego se combinan para crear un desastre. Y con esta epidemia, hubo muchos factores que estaban en desventaja desde el principio. Algunos de los países involucrados acababan de salir de terribles guerras civiles, muchos de sus médicos habían huido y sus sistemas de salud se habían derrumbado. En toda Liberia, por ejemplo, sólo había 51 médicos en 2010, y muchos de ellos han muerto desde entonces de Ébola. El hecho de que el brote comenzó en la región fronteriza densamente poblada entre Guinea, Sierra Leona y Liberia también contribuyó a la catástrofe. Debido a que la gente allí se moviliza mucho, por lo que era mucho más difícil de lo habitual  localizar a los que habían tenido contacto con las personas infectadas. Debido a que los muertos en esta región son tradicionalmente enterrados en las ciudades y pueblos en los que nacieron, los cadáveres altamente contagiosos viajan de ida y vuelta a través de las fronteras en camionetas y taxis. El resultado fue que la epidemia seguía estallando en diferentes lugares”. Es decir, la probabilidad de contagiarse por este virus cuenta con un importante componente geográfico y el fallecer depende de varios factores entre ellos la oportunidad y rapidez de ser atendido adecuadamente y del sistema inmunológico del huésped entre otros. |

También es significativo señalar que existen varios procedimientos efectivos que pueden ayudar a las personas que pasan por las peores fases de la enfermedad e incrementar sus posibilidades de supervivencia. Entre estos tratamientos se incluye la reanimación mediante fluidos intravenosos, glóbulos rojos, plaquetas, sustancias coagulantes para evitar las hemorragias, antibióticos para tratar las infecciones bacterianas más comunes, oxígeno, etc. 

Un mejor acceso a los servicios de emergencia y cuidados intensivos, ayudaría a salvar a los pacientes de Ébola, como indica David Nabarro, coordinador de Naciones Unidas para el Ébola. Es el peor brote que se haya registrado, pero puede ser contenido. Plantea que el primer requisito es que las personas que están enfermas deben separarse para ir a un lugar donde puedan recibir tratamientos de buena calidad y al mismo tiempo evitar el contacto con sus familias o su comunidad. ¿Es esto posible en África? Probablemente no, pero esto sí es posible en Occidente.

El Ébola no es la enfermedad más contagiosa que se conoce. No se transmite por el aire ni por aerosoles. Esto la hace menos contagiosa que otras enfermedades, como el sarampión, la varicela, la tuberculosis o incluso la gripe. El Ébola se contagia sólo por contacto físico, cercano, especialmente por los fluidos corporales. En términos médicos, lo único que se requiere para prevenir el contagio de Ébola de paciente a trabajador sanitario es el uso de precauciones de contacto, que incluyen vestimenta adecuada, guantes (equipo de protección personal) y lavado de manos frecuente después de cada contacto con el paciente. El incumplimiento de estas precauciones - no seguir los procesos - al parecer es  lo que desencadenó la enfermedad en  la enfermera en Texas y de la auxiliar de enfermería española, de acuerdo con sus propias declaraciones.

El Ébola es una oportunidad para capacitación del personal sanitario para prevenir infecciones asociadas al cuidado de la salud y para educar a la población. ¿Cuántas personas enfermas pueden, en un inicio, ocultar la enfermedad por el pánico que se genera en la familia, en la sociedad y en los sistemas de salud? ¿Cuántos africanos proceden de esa manera todos los días? ¿Cuántos profesionales desconocen del tema?

Debemos reflexionar y analizar de mejor manera lo que leemos, vemos y escuchamos. Esto no solo para el Ébola.

 
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