Ser dirigente deportivo es quizá el trabajo más complejo del Ecuador, es como manejar una empresa con miles de accionistas, en la que todos conocen, opinan y deciden. En la vida real, el dirigente escoge al Director Técnico y en conjunto con este a los jugadores, pero en la otra vida real, los 14 millones de Directores Técnicos deciden el presente y futuro crítico del dirigente y los jugadores, no importa si los inculpados son o no del equipo de su preferencia, la condena procede.
El Director Técnico y los jugadores pasan, unos con pena, otros con gloria y sus ejecutorias se pierden con el paso generacional, pero el dirigente queda. Si los resultados fueron halagadores, se hace acreedor a un retrato en algún salón descuidado y poco conocido, ganará algunos aplausos y menos reconocimientos, pero si fracasa, será inmortalizado como la piedra angular de una etapa funesta, el antes y después de un giro histórico para el olvido.
A pesar del riesgo tan alto que presenta el horizonte de la dirigencia deportiva, hay hombres y mujeres valientes que deciden asumirlo, el fútbol es la única pasión que garantiza fidelidad, esta es una razón de peso. El dirigente comprometido margina tiempo y familia para implicarse en su tarea, arriesga su imagen y a veces su patrimonio para conseguir el objetivo. Pone en las manos y los pies de muchos el éxito de un proyecto común, pero que solo tiene una cara visible.
La teoría dice que hay dirigentes honestos y capaces, la práctica es algo distinta, hay dirigentes cuestionados por su honestidad, sobre todo cuando los resultados deportivos pasan silbando puertas afuera, pero en definitiva, lo que lleva a la institución y al equipo al éxito, es la capacidad dirigencial. Esto ha sido demostrado infinidad de veces. Hemos visto fracasar grandes equipos con jugadores estelares, hemos visto planteles de primer nivel divididos por falta de liderazgo, pero también hemos visto a jugadores impagos sudar la camiseta y a equipos de menor envergadura conseguir logros insospechados, en todos estos casos, el dirigente deportivo tuvo un marcado protagonismo, para bien o para mal.
La Federación Ecuatoriana de Futbol (FEF) hace gala y promociona por todos los medios posibles los éxitos alcanzados en las últimas administraciones, la clasificación de la Selección Nacional a los mundiales de Corea-Japón y Alemania, el edificio administrativo en Guayaquil, la Casa de la Selección en Quito, los éxitos de las categorías inferiores, etc., todos ellos logros muy apreciados y aplaudidos, pero ha dejado de lado a los ejes principales sobre los que gira el futbol (además de la pelota), la preparación de los jugadores y los dirigentes.
Se puede argumentar que los jugadores deberían traer una instrucción académica del hogar y que el conocimiento técnico se recibe en cada club, es verdad, aunque sabemos que la realidad social es distinta, pero la FEF está obligada institucionalmente, aunque no lo digan sus estatutos ni reglamentos, a preparar a sus dirigentes, esencia pura de su propio funcionamiento.
La FEF capacita a los árbitros y a los futuros directores técnicos, con cursos, charlas, seminarios, conferencias y talleres, pero, ¿Quién prepara a los dirigentes?
Para muchos esta es la última administración de la era Chiriboga, ya les tocará a los expertos analizar con detenimiento el desempeño de su trabajo, pero no debería entregar el mando sin dejar instaurada y funcionando la Escuela de Dirigentes Deportivos.
La coyuntura internacional debe ser aprovechada para liderar un proyecto como este, que seguramente será acogido y respaldado en otras esferas.
“Todo el mundo me dice que tengo que hacer ejercicios. Que es bueno para mi salud. Pero nunca he escuchado a nadie que le diga a un deportista; tienes que leer”.
José Saramago
Matrimonio
En los salones del Club Sociedad Unión se llevaron a cabo tanto la ceremonia civil como la recepción del matrimonio entre Laura Díaz y Luis García.