Un presidente sincero | Vistazo

Un presidente sincero

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Un presidente sincero

Miércoles, 24 de Enero de 2018 - 16:53
En pocos días más habrá concluido el primer gran ciclo de este Gobierno. Si las encuestas aciertan, el presidente Lenín Moreno contará, por primera vez, con poder político propio y en grandes cantidades.
 
Sin la amenaza de Rafael Correa como candidato fijo –ahora no tiene casillero electoral ni nombre propio para registrar su movimiento–, Moreno podrá rediseñar la institucionalidad del Ecuador para los próximos años. Los planos se dibujarán en el Consejo de Participación Ciudadana transitorio, donde la prestancia de sus integrantes dependerá de la buena fe del Mandatario y de la respetabilidad de los acuerdos con las fuerzas opositoras para elegirlos en el Parlamento.
 
Es posible que Moreno llegue a tenerlo todo. Por esa razón, a partir del 5 de febrero, la ciudadanía empezará a evaluarlo con otros indicadores; el más importante, la sinceridad.
 
Cuando un país atraviesa una crisis de modelo, los correctivos no pasan por el aligeramiento de una determinada política pública ni por las nuevas instrucciones que se den a los funcionarios que hace 10 años construyeron este Estado autoritario, envaneciendo la figura del caudillo.
 
No habrá prosperidad si el equipo económico maneja con poca delicadeza las cuentas fiscales, dependiendo cada vez más del endeudamiento para sostener un estado de bienestar ficticio. 
 
Ecuador no podrá sentirse soberano mientras ensaya artilugios diplomáticos para proteger a un extranjero irrespetuoso. Julian Assange, quien nunca vino a este país “insignificante”, hoy goza de su nacionalidad mientras sigue ‘hackeando’ al mundo.
 
Tampoco podrá hablar de soberanía si no se condena públicamente a Nicolás Maduro, el presidente más nefasto de este continente, sepulturero de los valores que la izquierda latinoamericana alguna vez se empeñó en construir.
 
Y qué decir de la política del día a día. Es curioso ver a Raúl Patiño, ubicado en el ala morenista de la Revolución Ciudadana, cuestionar al frente correísta, donde su hermano es un personaje fundamental. ¿Cuál es la idea? ¿Mostrar el drama de una ruptura que en la Asamblea Nacional parece no existir cuando de fiscalización se trata?
 
No bastará el talante respetuoso y afable para gobernar. Tampoco, el desinterés de Moreno por convertirse en el principio y fin de este proceso político, pues el caudillismo no cuadra en su visión cuántica de lo trascendente.
 
Superada la consulta popular, incluso con una victoria aplastante, el quehacer del Gobierno será complejo, pues el consenso alrededor de esta transición necesitará nuevos incentivos, generados por una visión clara de reactivación productiva, por el efectivo combate a la corrupción y por una posición más digna en las relaciones exteriores.
 
Si Moreno triunfa en la consulta, el Ecuador del 5 de febrero requerirá de un replanteamiento ideológico que, necesariamente, pasa por jubilar a muchos de los personajes que hoy cierran su círculo cercano. Si la pierde, Alianza PAIS se volverá a amalgamar y gobernará igual que hace una década.