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Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

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Jueves, 17 de Agosto de 2017 - 11:39
Felipe González relata que en su tercer período luego de una década en el poder, afrontando la caída de su popularidad por el escándalo de corrupción de su vicepresidente Alfonso Guerra a quien finalmente destituyó, le comentó a Giulio Andreotti, siete veces no consecutivas primer ministro italiano, que el poder desgasta, y el “divo” Andreotti socarronamente le contestó, más desgasta no estar en el poder.
 
Por eso Jorge Glas se aferra tanto al cargo, si renuncia pierde la inmunidad. El mejor ejemplo es el vicepresidente Alberto Dahik, renunció y ordenaron su prisión. Y eso que había ganado el juicio político en el Congreso, lo cual quiere a toda costa evitar el bloque mayoritario gobiernista porque se les gastó la “caretuco”.
 
Y el juicio político realmente los pone más que a Glas bajo la lupa ciudadana que en la segunda vuelta gritó su indignación ante las redes de corrupción descubiertas por los papeles de Panamá y los 78 delatores de Odebrecht, mientras la vista gorda de la fiscalización vivía el más largo feriado de la historia solazada en el buen vivir.
 
Eso ha ocurrido por la rara decencia política de Lenín Moreno que tiene perfecta conciencia del mandato popular de las dos vueltas presidenciales. El lastre de Glas le impidió ganar en una sola y casi lo hunde en la segunda.
 
El buen ejemplo es aleccionador y de allí que la “caretuco” se está derritiendo. Por eso el gran ausente de Bruselas ya no recibe respuestas a sus insomnes llamadas telefónicas. Porque más desgasta no estar en el poder, y como también el poder desgasta la “caretuco” de la década ganada se ha gastado.
 
No ha tenido la consistencia que la mafia italiana llama “faccia di ferro”, o sea “carefierro”, a prueba de golpes, agua, fuego y oxidación.
 
Y eso que el gran timonel metía la mano al fuego impartiendo cátedra de lo que ahora el sucesor llama solidaridad de mafiosos. Pues todo se tapaba por agradecimiento a la casota, a los carros, a los viajes, a los buenos colegios y al “tuneo” plástico.
 
Pero el fin de la bonanza acabó con el buen vivir aunque algunos descarados opinan que a los pobres no les importa un comino la corrupción, puesto que los pobres ni idea tienen de lo que son montañas de dinero y solo se contentan con las migajas que les esparcen.
 
Esto implica que la grosería de no aceptar crítica alguna y denigrar a quien la hace ya no funciona, de ahí el pavor al juicio político porque la “caretuco” no alcanza para absolver a Glas. Máximo para jinetear la conservación del modelo que en parte alguna de los anuncios presidenciales se ha ofrecido modificar.
 
Lo que se está dando es la no aplicación de partes conflictivas del modelo que causarían fricción con la ciudadanía y echarían a perder la estrategia leninista de dos pasos atrás y uno adelante que es lo que aplaca la indignación ciudadana y alimenta en el proyecto político una acomodaticia solidaridad al nuevo liderazgo que si es bien llevado puede resucitarlo de su actual desprestigio.