Transición | Vistazo

Transición

Opinión, Alfredo Pinoargote

Alfredo Pinoargote

Transición

Viernes, 09 de Marzo de 2018 - 10:54
El Consejo Transitorio de Participación Ciudadana constituye un hito en la tortuosa transición política que experimenta la República. Es el primer órgano del Estado que está descorreizado y con facultades para ampliar este proceso en las funciones de transparencia, electoral y judicial.
 
El inicio de la transición fue cuando Correa, ante la evidencia de las encuestas, ordenó a la Asamblea Nacional que apruebe la reelección indefinida pero le prohíba candidatizarse en las elecciones de 2017. El tortuoso diseño de la transición lo bosquejó él mismo con planes A y B que desembocaban en el mismo punto, su retorno luego del fracaso del sucesor como rehén de los candados de Montecristi y de cuatro de las cinco funciones del Estado en manos del supremo poder fáctico de Alianza PAIS.
 
Lasso o Moreno, A o B, según la vuelta de los dados daba lo mismo, pero se preveía una transición menos accidentada con Moreno teniendo de binomio a Glas. Gracias a Dios la soberbia y la prepotencia menospreciaron a Lenín Moreno y nunca se imaginaron, en la nube rosada de la dictadura impune, que iba a romper la mordaza, que en un mes el Contralor que limpiaba la caca de la década ganada estaría prófugo y fuera del cargo, que en cuatro meses Glas estaría en la cárcel, que en seis meses habría nuevo Vicepresidente, que en ocho meses tendríamos consulta popular para archivar en el basurero de la historia la reelección indefinida y dejar cesante la tenaza del oprobio del quinto poder, y que en nueve meses la Asamblea elegiría un Consejo Transitorio de Participación Ciudadana sin ningún esbirro, compadre o ahijado de Correa.
 
Falta mucho por hacer es verdad pero hay una nueva realidad indicando que ahora es más factible de hacerlo que en mayo de 2017. Partiendo de esta base cierta y del maquiavélico gatopardismo de Lenín Moreno que no hace todo esto gratis, sino por la gran retribución política de depurar y revivir un proyecto en fase terminal, a pesar de los sueños de perros que ladraban dormidos.
 
Desde este punto de vista lo primordial es el interés ciudadano que debe aprender a jugar a las mayorías móviles con una oposición de hambres atrasadas, que en algunas coyunturas ha hecho y hace de comparsa aparentemente discordante con Alianza PAIS buscando su acomodo. Aquí entonces brota la importancia de que se haya roto la mordaza, pues el gatopardo invocó a que se activen, a que hagan denuncias, a que critiquen, a que salgan de su letargo, a que se desaborreguen. Pues sino el gatopardo puede terminar acurrucado en el lecho de la componenda con una oposición que vocifera mucho para lavarse las manos pero que termina allanándose y concretando muy poco. No hay que olvidar los antecedentes partidocráticos de algunos, precedentes filosóficos que la audacia de Correa reeditó y corrigió para hacerlos más perversos y volverlos carne y hueso de las instituciones. Tal como quedó señalado en la sentencia por asociación ilícita con Odebrecht.