Tema impostergable | Vistazo

Tema impostergable

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

Tema impostergable

Jueves, 05 de Octubre de 2017 - 11:22
Uribe se fue contra Santos por la paz”. Esta fue la respuesta de Rafael Correa a la revista Semana, para asegurar que su bronca con el presidente Lenín Moreno no puede compararse con la que libran, por casi ocho años, el actual mandatario colombiano y su antecesor.
 
De no ser por el ritmo ligero de la conversación entre Correa y Rodrigo Pardo, director de ese medio, atacado en varias ocasiones durante la Revolución Ciudadana, el argumento del expresidente hubiera dado pie a críticas más ácidas en Colombia y Ecuador, por ser profundamente contradictorio.
 
Según Correa, la polarización política en Colombia es injustificable porque Uribe se fue contra el proyecto más importante de ese país. Mientras que en Ecuador, Moreno pretende destruir lo alcanzado por su gobierno, cumpliendo las ofertas de campaña de la oposición, entre ellas la Consulta Popular.
 
Por esa razón, su regreso a la política ecuatoriana (como si se hubiera retirado en algún momento) resulta inevitable y sin opción a que nadie le reproche.
 
¿Acaso los aires –momentáneos– de libertad que tantos sectores en el Ecuador respiran, no justifican aquel anhelo de paz, por el que toda la sociedad ecuatoriana debe luchar?
 
Correa y Uribe son como hermanos siameses. Su visión tan maniquea les dota de un velo de impunidad pavoroso, con el cual pretenden seguir vigentes sin que ninguna institución les pida cuentas por sus grandes equivocaciones ni devele sus dudosas intenciones.
 
Ese afán por dominarlo todo hace que Correa se delate a sí mismo. Él quiere seguir mandando en el Ecuador, con o sin Moreno de por medio; con o sin una Constituyente.
 
En estos días de discusión ciudadana, más de un hábil político o sesudo analista ha pretendido hablar del riesgo que significaría convertir la Consulta de Moreno en un plebiscito en contra de Correa, pues la polarización lo victimizaría a su favor.
 
Sin embargo, la necesidad de echar abajo la figura de la reelección indefinida es un tema impostergable que rebasa cualquier cálculo político o de estrategia electoral. Luego de escuchar la semana pasada el relato del delator José Conceição Santos, sobre cómo operó el sistema de sobornos de Odebrecht, supuestamente organizado desde la Vicepresidencia de la República, y una vez que la justicia confirme la validez de esas declaraciones, se podrá concluir que el autoritarismo y la corrupción florecen a gran velocidad en los regímenes donde no hay equilibrio de poderes y solo cuenta la devoción por el líder único.
 
El presidente Lenín Moreno ha señalado que la reelección indefinida es una aberración política. Bajo esa premisa, no hay más remedio que decidir en la Consulta sobre la permanencia, con todas sus letras, del sistema correísta. En el pueblo ecuatoriano caerá la responsabilidad de convertir o no al expresidente en el caudillo más poderoso de la historia.
 
Que la disquisición sobre los riesgos de crear una Consulta Popular con dedicatoria quede para los consultores y estrategas, pues ellos son los que diseñan, a final de cuentas, las campañas. A los políticos les corresponde hablar con franqueza. La democracia no puede estar sujeta a más cálculos partidistas ni voluntarismos momentáneos. Correa marcó la historia de su década ganada, ya es momento de redefinir su peso hacia el futuro.