Insuficiencia cardíaca: revolución a la vista | Vistazo

Insuficiencia cardíaca: revolución a la vista

Salud

Insuficiencia cardíaca: revolución a la vista

Natalia Cuminale Martes, 29 de Septiembre de 2015 - 17:34

Uno de los descubrimientos más fascinantes de la historia de la medicina lo hizo el médico inglés William Harvey (1578-1657) acerca del sistema circulatorio. Al tomar en sus manos el corazón todavía vivo de un ratón de laboratorio, atestiguó el intrincado funcionamiento de las venas y arterias que entraban y salían de aquel “músculo hueco”, de acuerdo a su definición. “Durante el tiempo que el corazón se mueve, se contrae por completo; encoge sus paredes; los ventrículos son reducidos y expulsan su contenido sanguíneo, cuando el corazón se tensa, al punto de expulsar la sangre que estaba anteriormente encerrada, se vuelve a relajar y a permanecer quieto, pero enseguida, cuando la sangre vuelve a llegar al ventrículo, el corazón adquiere un color púrpura. “El corazón es una bomba”, concluye Harvey.

Hasta el día de hoy, uno de los mayo res desafíos de la medicina es la insuficiencia cardiaca sistólica –sístole es el movimiento de contracción del corazón, cuando este expulsa la sangre hacia los demás órganos y tejidos. Caracterizada por el debilitamiento del músculo cardiaco, consecuentemente, por la dificultad de bombear la sangre del corazón hacia el resto del organismo, el trastorno deriva en algunos de los más nefastos males de la modernidad – infartos, hipertensión, colesterol alto, diabetes, obesidad. Cada una a su modo, estas condiciones lesionan al músculo cardiaco, comprometiendo su funcionamiento. Con 26 millones de casos en el mundo, esta enfermedad del corazón cansado mata más que el cáncer de mama y de intestino juntos.

El fármaco LCZ696 acaba de ser aprobado por la entidad sanitaria estadounidense FDA, por los resultados del estudio Paradigm-HF en el que mostró una reducción del 20 por ciento en la tasa de mortalidad y del 21 por ciento de las internaciones, además de controlar los síntomas de la insuficiencia cardiaca. “El medicamento promete revolucionar el tratamiento de esa enfermedad”, dice el cardiólogo John McMurray, de la Universidad de Glasgow, en Escocia y líder de los estudios con la nueva molécula. “En todos los aspectos, la LCZ696 (que será comercializado bajo el nombre Entresto) es mejor que el tratamiento estándar”. El estudio realizado con el medicamento fue el mayor y más reputado jamás realizado sobre el tema.

Durante 27 meses, los investigadores acompañaron a 8.442 víctimas de insuficiencia cardiaca en 47 países. Los resultados fueron tan positivos que el estudio fue interrumpido y la LCZ696 sometida a evalua ción por parte de las agencias sanitarias de los Estados Unidos y Europa, la FDA y la EMEA, respectivamente. Según la revista americana Forbes, la molécula desarrollada por Novartis tiene potencial para ser un blockbuster o, en otras palabras, un famoso fármaco que rinda millones de dólares a los fabricantes. Desde los años 80, no se había visto un medicamento con un impacto tan grande sobre la tasa de mortalidad como con la LCZ696, comentan los especialistas sobre los resultados del estudio.

Del arsenal químico existente para el control de la enfermedad, la LCZ696 es la única que actúa sobre dos frentes simultáneamente. Bajo la forma de comprimido, tomado dos veces al día, bloquea la acción de la angiotensina. Elevada entre los portadores de la insuficiencia cardiaca, la angiotensina estimula la contracción de las arterias. Con los vasos más estrechos, el corazón tiene que hacer más esfuerzo para latir. Esa sobrecarga hace que el músculo cardiaco vaya perdiendo fuerza poco a poco. El otro frente de acción de la LCZ696 es inhibir la enzima neprilisina. También alterada entre los portadores de insuficiencia cardiaca, la neprilisina anula los efectos de una sustancia protectora del corazón, con características vasodilatadoras y diuréticas. Según McMurray, el único efecto colateral de la LCZ696 verificado durante el estudio fue la reducción de la presión arterial.


La prevalencia de la insuficiencia cardíaca aumenta con los años.
La elevación de la expectativa de vida ha representado un incremento
significativo del número de casos en todo el mundo.

EN AUMENTO

En 2030, el número de pacientes con insuficiencia cardiaca, enfermedad directamente asociada con el envejecimiento poblacional, aumentará en un 25 por ciento. Es natural que la elevación de la expectativa de vida provoque una explosión en la cantidad de casos. La prevalencia de esta insuficiencia aumenta con el pasar de los años. Afecta a un 0,3 por ciento de las personas entre los 20 y los 39 años, más del uno por ciento de los que tienen entre 40 y 59 años y en un seis por ciento a los que están en la franja de los 60 a 79 años de edad. A partir de los 80 años, la incidencia llega al 10 por ciento.

De evolución lenta y asintomática, la enfermedad puede demorar hasta dos décadas para dar sus primeras manifestaciones. Eso ocurre porque el organismo intenta evitar el debilitamiento del músculo cardiaco por medio de un bombardeo de hormonas y sustancias inflamatorias.

EL EFECTO SECUNDARIO

En el intento de compensar la debilidad del corazón, ocurre una liberación de las hormonas adrenalina y noradrenalina, asociadas con el aumento de los latidos del corazón, además de la hiperactivación del sistema renina-angiotensina-aldosterona, una cascada de reacciones químicas responsables por la contracción natural de los vasos sanguíneos.

Son mecanismos de defensa del organismo que se desencadenan en el intento de preservar a los otros órganos y tejidos de la caída del aporte sanguíneo provocado por la insuficiencia cardiaca. Es toda una sinfonía a la espera del restablecimiento de la actividad normal del corazón. Pero ocurre exactamente lo contrario. Bajo el ataque químico constante, el músculo cardiaco termina lesionado. La angiotensina, la aldosterona y la adrenalina estimulan la producción de colágeno, formando cicatrices (las llamadas fibrosis) en el tejido cardiaco. El resultado es la alteración de la forma, del tamaño y de la arquitectura del corazón. En algunos casos, el ventrículo izquierdo, estructura responsable de bombear la sangre del corazón al resto del organismo, queda más grande.

La manera más eficaz para determinar qué tan comprometido está el músculo cardiaco es el ecocar diograma, cuya función es analizar la anatomía y la función de las estructuras cardiacas como válvulas, músculos, arterias, venas y pericardio (la membrana que envuelve el corazón). Dicho examen mide la fuerza de eyección, es decir, la cantidad de sangre bombeada en cada movimiento de contracción. La señal de alerta se da cuando dicha tasa queda por debajo del 55 por ciento. Entre el 45 y 55 por ciento, el comprometimiento cardiaco es considerado leve; del 35 a 45 por ciento, moderado; y, bajo el 35 por ciento, grave. Los primeros síntomas de la insuficiencia cardíaca se manifiestan bajo la forma de cansancio en la realización de las actividades cotidianas, lo que puede ser confundido con problemas respiratorios. Después, evoluciona hacia la falta de aire en reposo. La retención de líquidos es otro indicio de que el corazón está funcionando mal. El paciente con insuficiencia cardiaca vive como si tuviera un susto todo el día. Está pálido, suda frío y tiene taquicardia a causa de una descarga de adrenalina aguda. Es como vivir en estrés permanente.

El diagnóstico precoz es esencial para el control adecuado de la enfermedad. Los médicos suelen clasificar a los pacientes en cuatro grupos. El primero es el de los que están bajo riesgo de desarrollar la enfermedad: hipertensos, diabéticos y con niveles altos de colesterol, entre otros. En el segundo, aquellos que ya sufrieron un infarto, pero todavía no presentan síntomas de disfunción en el corazón. En el tercero, los pacientes que ya poseen el cuadro clásico de la enfermedad. En el último grupo, están los pacientes que no responden al tratamiento y que son candidatos al transplante de corazón. El corazón cansado necesita fuerza. Al final, como describió William Harvey en la dedicatoria de su libro al rey Carlos I de Inglaterra: “El corazón es el soberano de todos los órganos, el sol del microcosmo, fuente del cual todo crecimiento depende, todo poder y toda fuerza emanan”.