¡Que nadie se canse! | Vistazo

¡Que nadie se canse!

Opinión, Carlos Rojas Araujo

Carlos Rojas Araujo

¡Que nadie se canse!

Viernes, 03 de Agosto de 2018 - 11:47
Si el Gobierno ecuatoriano tuvo un manejo desastroso de la crisis en la frontera norte, en la que cuatro marinos murieron y cinco civiles fueron secuestrados y brutalmente asesinados, casi nada se puede añadir a su comportamiento en estas semanas de esclarecimientos.
 
El terrorismo desnudó a Esmeraldas, por lo que el episodio más doloroso que nuestras fronteras registren no se iba a sanar con la recuperación, por parte de las autoridades colombianas, de los cuerpos del equipo periodístico de diario El Comercio y de los jóvenes Óscar Villacís y Katty Velasco. Tampoco, con las condecoraciones que la Fuerza Naval dio a sus héroes caídos.
 
En realidad, el Régimen ha hecho pocos esfuerzos por quitarse de encima esa sombra de indolencia que le acompañó desde los atentados del 27 de enero. Lo único que ocurrió fue que el interés ciudadano por acompañar esta tragedia se aplacó, en parte, por el fin de los ataques en la zona, y también porque la llegada de los restos cerró el rito funerario.
 
Por eso, la indignación de los familiares de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra por el contenido de los documentos desclasificados, que ahora están en manos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), pone al país frente a un nuevo momento: profundizar las investigaciones con transparencia y garantías jurídicas.
 
Más allá de las explicaciones y diagnósticos sobre el abandono de las fronteras en los años correístas, el Estado tiene que identificar los graves errores que se cometieron, por ejemplo, el día del secuestro de los periodistas. ¿Por qué en el retén militar de Mataje se los dejó pasar? ¿Quiénes deben responder por tamaña negligencia y la ausencia del principio de autoridad?
 
Si, como se ha revelado, hubo policías de San Lorenzo –mandos altos y bajos– que chateaban con alias ‘Guacho’ desde hace tiempo, la Fiscalía deberá descubrir por qué ese ejercicio de aparente inteligencia no derivó en un plan de seguridad en la zona que hubiese evitado este desastre.
 
¿El Gobierno, en realidad, intentó negociar con los captores de los cinco civiles? O es que en nombre de la soberanía, jamás se buscó una interlocución, dejando que estos secuestros se resolvieran a la usanza colombiana. Es decir, pensar en un rescate militar o esperar a que alguien con credenciales políticas de mediación hiciera algo en algún momento.
 
Urge conocer hasta qué punto la Cancillería se interesó en leer la doctrina del derecho humanitario tratando de aplicarla, con rapidez y claridad, para cuidar la integridad de los cautivos, a menos que la diplomacia haya estado más preocupada de la candidatura de María Fernanda Espinosa a la Asamblea de la ONU.
 
El presidente Lenín Moreno, en el punto más bajo de su popularidad, cambió su gabinete para ganar en transparencia y apertura. Pues bien, es hora de que los ministros José Valencia y Oswaldo Jarrín promuevan las investigaciones internas del caso y calmen las dudas de estas familias.
 
Es positivo que la CIDH, organismo que ha recobrado prestigio en Ecuador –hasta el expresidente Correa ha recurrido a ella–, siga de cerca la segunda fase de un luto que, por difícil y oscuro, tardará en sanar. Que nadie se canse.