Producir más y gastar menos | Vistazo

Producir más y gastar menos

Opinión, Alberto Acosta-Burneo

Alberto Acosta-Burneo

Producir más y gastar menos

Jueves, 25 de Enero de 2018 - 10:54
Ya son cinco años consecutivos de elevados déficits fiscales y el gobierno continúa resistiéndose a reducir su excesivo tren de gastos. Se justifica asegurando que el gasto público es necesario para mantener el consumo en la economía y así mejorar el bienestar de la población. Lamentablemente es una política equivocada, porque no necesitamos más consumo, sino más producción. Expliquemos por qué.
 
Primero: para poder consumir, antes hay que producir. A pesar de ser evidente, es una realidad ignorada por la política pública. Producir requiere inversiones que pueden tomar meses o años: construcción de infraestructura, compra de maquinaria y equipos, compra de materias primas, entrenamiento de personal, etc. Cuando se invierte el orden de los factores impulsando primero el consumo y no la producción, se obtiene los resultados de la última década: que esos recursos se destinen a la compra de bienes importados por la falta de oferta nacional.
 
Segundo: desde una perspectiva individual, lo que yo puedo comprar depende de mi capacidad de producir bienes o servicios. Por ejemplo, si soy un agricultor, mi capacidad de consumir dependerá de la cantidad de papas que pueda producir. Se concluye que el motor que impulsa la economía no es el consumo, sino la producción.
 
Cuando el gobierno entra en la ecuación, incrementando su nivel de gasto e impulsando el consumo, no genera más riqueza. Por el contrario, empobrece a los verdaderos generadores de riqueza –los emprendedores– al reducir su capacidad de producción. Para que el gobierno pueda gastar, carga más impuestos a los emprendedores, quienes pagan el costo de una política fiscal expansiva (por ejemplo el incremento del impuesto a la renta al 25 por ciento que rige desde este año). Los emprendedores menos fuertes se ven forzados a salir del mercado por el incremento impositivo y se reduce la oferta. En última instancia, el costo de esta política lo terminamos pagando los ciudadanos porque la menor oferta se traduce en mayores precios de los bienes y servicios.
 
Estemos claros que no hay magia que el gobierno pueda hacer para generar riqueza a través del gasto público. La única vía que existe es promover las capacidades productivas para lograr crecimiento real, empleo y bienestar. ¿Cómo lograrlo?
 
El punto de partida es identificar que el mayor cuello de botella para la producción ecuatoriana es la baja productividad y competitividad. El problema de fondo es que nos hemos vuelto un país costoso para producir: en la última década los precios al productor subieron en 46,4 por ciento, los precios al consumidor en 47,4 por ciento; los salarios reales en 54,7 por ciento; la energía eléctrica para uso industrial en 26,8 por ciento; tenemos el arancel promedio ponderado más alto de los países de la costa del Pacífico; la carga tributaria supera a la de México, Colombia, Perú o Chile. Todo esto sin mencionar la tramitología, en donde recibimos de las peores calificaciones de los rankings internacionales.
 
Es momento de abandonar la política de sustitución de importaciones que encarece la producción en el país y la convierte en una suma de ineficiencias. La solución requiere que el gobierno entienda la importancia de que los emprendedores produzcan más y de que el fisco gaste menos.